Capítulo 16: Pensamientos difusos.
La oscuridad lo envolvía como un manto húmedo y Kallias corría sin control por un pasillo que parecía alargarse hasta el infinito, donde las paredes se curvaban y susurraban nombres que no recordaba. Sus pasos no producían sonido, pero sentía que cada movimiento era seguido por algo invisible. El aire era denso, mezclando tierra húmeda y hierro, y un frío que penetraba hasta los huesos lo obligaba a estremecerse.
Gritos apagados surgían de la nada. Figuras sin rostro caían a su alrededor, cada una más temible que la anterior. Intentó tocar a alguien, gritar, pero su voz se perdía como humo entre la oscuridad.
Una sombra más cercana lo alcanzó, rozándole el hombro, y un olor a ceniza quemada llenó sus fosas nasales. Kallias tropezó y cayó, sintiendo el suelo moverse bajo él, como si estuviera flotando entre niebla y sombras que querían devorarlo.
De repente, una mano fría y rígida lo agarró por la muñeca, tirando de él hacia un vacío que no tenía fondo. Un coro de lamentos reson