—Buenas tardes a todos —saludó el con una mueca en los labios, mirando a cada uno de los presentes con aparente tranquilidad—. He de imaginar que ustedes, tan distinguidos caballeros, son el gran y honorable concejo de Astraria.
—Príncipe Kalllas —Llamó suavemente el rey Richard, el hombre estaba teniendo problemas para encontrar su lengua con tal imagen—. ¿Qué fachas son estas?
Kallias de miró a sí mismo, como si ya no supiera qué tan mal de veía. Se pasó las manos por la ropa pintada de barro e irguió la espalda con toda la dignidad que pudo.
—Oh, lamento presentarme así, Rey Richard —se pasó la mano por el cabello y inclinó hacia adelante como si tuviera un secreto que contar—. Sin embargo, después de ser arduamente persiguido por un lunático a caballo, creo que comprenderá que se hago lo que puedo.
—Kallias —Marcus se levantó, la conmoción aún barriendo sus facciones mientras se acercaba al omega. Él no perdió tiempo en cerrar la distancia, detenido por un potente golpe en su