Capítulo 10: Esperar por ver.
La noche era perfecta en el cielo, las estrellas brillaban y las copas se movían al compás del viento. En el ala oeste del castillo, Marcus se recostaba en un sillón enorme, rodeado de muebles de caoba, cortinas pesadas y alfombras que amortiguaban los pasos.
Un vaso de licor giraba lentamente entre sus dedos, y cerca del balcón, dos jóvenes conversaban, fumando mientras el humo ascendía.
—Aburrido… todo aburrido —comentó Jonas, hijo del duque Frendmort, con voz despreocupada.
—¿Y ese nuevo príncipe? —preguntó Henry, hijo de un marqués, soltando una carcajada baja—. ¿El omega? ¿Cuándo lo conoceremos?
Marcus frunció el ceño, su mirada endurecida.
—¿Por qué preguntas? ¿Acaso estás interesado? —dijo con desdén—. Evítame el disgusto de hablar de él. Ya tengo suficiente con mi padre y el consejo. Hasta mi hermano parece tener interés en su persona, y no entiendo por qué. Es un maldito omega; no hay nada interesante ahí.
Jonas y Henry intercambiaron miradas, saboreando la reacció