Capítulo 6: Lo llaman Karma.
Kallias parpadeó con lentitud, moviéndose entre las sábanas con un suspiro en los labios. Sus párpados pesaban, su cabeza dolía y alrededor de su cuello permanecía una sensación extraña sin sentido a la que prefirió no prestar atención.
Por la Diosa, si no fuera porque estaba cien por ciento seguro de que había llegado a Astraria, podría atribuir el incesante dolor de cabeza a una noche salvaje de fiesta o a una buena ronda de lucha con los soldados.
Él cerró los ojos y se tocó el pecho, intentando buscar algún rastro de parte animal por los rincones de su mente.
—¿Amra? —Dejó ir el nombre en voz baja, sin embargo, no recibió respuesta, apostando por esperar a que la loba quisiera comunicarse con él por su cuenta.
Kallias se había acostumbrado en cierta medida; no era la primera vez que sucedía. A veces, su loba parecía llenarse de un extraño mutismo. Uno que con los años había dejado de preocuparle, porque ella siempre volvía a importunarlo, a llenarlo con su voz divertida y acusador