Mundo de ficçãoIniciar sessão«Me enamoré del hombre equivocado. Y ahora, el único que puede salvarme... es su hermano». ♡⁀➷♡ La familia Borbón la señaló culpable. La condenaron sin juicio. Le arrebataron su nombre, su dignidad… y lo más importante: su hijo. Marcada como prófuga y sin nadie a quien acudir, Laura encuentra un aliado inesperado en Antonio, el abogado penalista más temido del país. Él quiere exponer a los Borbón. Ella solo desea recuperar a su bebé y reconstruir su vida. Una alianza peligrosa donde la venganza y la justicia se entrelazan para desenterrar verdades prohibidas. Pero ¿qué ocurrirá cuando una chispa de atracción y deseo surja entre ambos?
Ler maisAntonioAbrí los ojos, exaltado, cuando el ardor de una llamarada me azotó la cara. Miré alrededor, con la respiración fuera de control. No había fuego; estaba en el departamento, todavía sentado en el suelo con la espalda apoyada en el borde del sofá cama. Tragué saliva como roca pesada. Me levanté y fui por agua, restregándome los ojos con una mano. Ni siquiera noté en qué momento me dormí. La única luz provenía de la pantalla parpadeante del televisor que olvidé apagar. En ese momento, su murmullo me hacía compañía. Cuando mis latidos comenzaron a serenarse, volví a la sala. Laura dormía de costado con una mano todavía aferrada a su vientre y el ceño ligeramente fruncido. Su gesto me recordó a Gabriel y cada una de las veces que le ajusté la manta al dormir, mientras ambos vivían conmigo. Verla allí, tan cálida y real, y recordar esos pequeños momentos con Gabriel me colmaron de una certeza increíble a la que no le había dado suficiente peso desde que lo supe: iba a ser padre, t
LauraContemplé a ese hombre que decía ser Antonio en silencio. Escuché cada parte de su historia. Recordé la forma extraña en que me sentí desde que lo conocí y cómo en ese momento parecía cobrar sentido, pero no. No podía ser real. Si aceptaba esa versión, demasiadas cosas encajaban.La forma en que me observaba sin mirarme del todo. El silencio medido. La distancia exacta. La manera en que me sostuvo en el consultorio.Recordé su voz aquella tarde en la heladería. Recordé cómo me incomodó sentirme tranquila a su lado. Cómo me odié por pensar en Antonio cuando ese hombre estaba frente a mí.No.No podía ser él.Porque aceptar eso significaba aceptar que estuvo allí todo el tiempo. Que me vio caer. Que me vio sufrir. Que supo… y aun así no apareció.Esa idea dolía más que la pérdida. Era una traición silenciosa. Una herida que no sabía dónde colocar.Intenté bajar de la patrulla; esta vez no me lo impidió. Apoyé mis manos contra la parte trasera mientras respiraba con dificultad. Mi
Antonio —Bienvenido a tu nueva morada, Ángel —dijo Morales en cuanto ingresamos a un pequeño apartamento—. No será tan impresionante como el que tenías en el piso veinte, pero tiene lo necesario.Suspiré desde el umbral y recorrí el monoambiente con la mirada mientras él hacía la demostración como si se tratara de un agente inmobiliario.—Mira, tienes cocina con lavandería y comedor integrado —caminó al otro lado—. Y por aquí, televisión con un cómodo sofá que se transforma en cama.—Vaya, parece que se terminó la luna de miel.—¿De qué hablas? ¿No ves que ahora soy viudo? Acabo de enterrar a mi esposo, Montiel.La risa me ganó. Terminé de ingresar al nuevo hogar y suspiré.—Al menos no es un motel de paso. Gracias.—No hay de qué, amigo mío. Ahora, las normas: solo pagos en efectivo, mantén bajo perfil, cabeza fría y, sobre todo, ¡nada de estupideces!—Como digas. Cuanto antes iniciemos con esto, más pronto acabaremos con ese maldito.—Así es. Por ahora descansa; mañana comenzará el
AntonioEl gris de esa piel prestada no solo cubría mi brazo izquierdo, sino buena parte del torso, casi todo el cuello y la mitad de mi cabeza, incluido el rostro. No mentía Morales al decir que me volví Tritón, aunque yo solo veía en el espejo del baño a un monstruo. Tuve que aferrarme al lavabo para no caer.Caminar hasta allí sin apoyo fue una labor ardua y sacudió mi memoria con los recuerdos de cuando hice lo mismo, siendo un niño. Solo que entonces, seguía siendo yo frente al espejo. —Ni siquiera me reconozco —balbuceé y tragué saliva con dificultad.No tenía cabello, tal vez por efecto del fuego o por decisión médica para tratar mis heridas. Una barba asimétrica y desprolija comenzaba a asomar.El tiempo desde el desastre se había vuelto borroso y los informes oficiales señalaban algún desperfecto vehicular como responsable. Carecía de lógica. Roger mantenía todo al día y lo peor era que él ni siquiera estaba vivo para demostrarlo.Suspiré con profundo pesar. Nada de eso expl
AntonioEl fuego me arrancaba la respiración mientras el aire se llenaba de polvo rojo y gritos, otra vez.Las llamas devoraban todo a su paso. No podía ver más que flamas que se alzaban como muros, cerrándome el paso, empujándome hacia atrás.El calor era insoportable. Me quemaba los pulmones, los ojos, la piel. Cada inhalación dolía como si aspirara cuchillas al rojo vivo.—¡Mamá! ¡Andrea! —intenté llamar por inercia; mi voz salió baja, rasposa y distinta, irreconocible incluso para mí.No.No era un niño.No era el mismo incendio que acabó con mi familia. No era el recuerdo que regresaba en noches de insomnio y ansiedad. Esto era distinto. Demasiado real. Las llamas volvían y esta vez no se limitaban a perseguirme: me tocaban, me mordían, me arrancaban la piel.El techo crujía; las paredes y las vigas también. El sonido era profundo, amenazante, como un animal enorme preparándose para caer encima de mí. Temí que el edificio entero colapsara. Tosí sin control; el humo y las cenizas
Antonio—Al menos tu estupidez no arruinó el operativo.Apoyé el hombro contra la puerta de la patrulla y observé la mansión mientras los oficiales entraban y salían con cajas, carpetas, dispositivos electrónicos. El portón principal estaba abierto de par en par, y por primera vez desde que pisé ese lugar, cuando tenía ocho años, la casa parecía vulnerable. Más pequeña. Ya no era aquel monstruo gigantesco y gris que devoró el último remanente de inocencia. —Idiota —respondí.—Mi Salvador, para ti —replicó Morales—. Más respeto.Solté una risa breve, seca.—¿Llamaste solo para socializar o tienes algo importante?—No cambias —dijo, y pude imaginar su sonrisa torcida al otro lado de la línea—. El allanamiento se ejecuta en simultáneo allá en la mansión y en las empresas. Sin embargo, el juez, atendiendo la urgencia de la situación, autorizó una extensión hacia esas propiedades de orígenes dudosos, cuentas espejo, testaferros. Todo lo que Borbón adquirió con dinero sucio está cayendo h
Último capítulo