Mundo ficciónIniciar sesiónCuando Isabella, acepta casarse con un Ceo poderoso y mucho mayor que ella, lo hace con el objetivo de salvar la empresa de su padre del cual esta apunto de perder, rica, hermosa y acostumbrada a una vida de comodidades, Isabella se convierte en una prometida resignada en aceptar un compromiso sin amor. Pero una noche, mientras lucha con la realidad que se le viene encima, decide embriagarse sin saber cómo sucedieron las cosas, amanece en los brazos del hombre que juro protegerla. Sin embargo, ella decide solo alejarse, pero todo ocurre semanas después cuando descubre que está embarazada no de su prometido, si no de su Guardián. Isabella se encuentra entra la espada y la pared sin encontrar una salida a su error. Su leal ama de llave fingirá a ver cumplido con su futuro esposo, sin ella imaginar que en la vida los secretos ocultos siempre salen a la luz, más cuando su corazón empieza a latir por el verdadero padre de su hijo.
Leer másLiamEl beso de Isabella seguía intacto en mis labios, como un recordatorio de que ella no me era indiferente. Estuve a punto de levantarme y marcharme directo donde el señor David para contarle lo que su prometida hizo conmigo. Estuve, sin embargo me detuve en seco, no debería hacer eso.Me puse de pie, desesperado, y quise jalarme el cabello. ¿Por qué demonios me siento atraído por esa mujercita? ¿Por qué siento cosas extrañas por una mujer prohibida? Es la hija de mi jefe, del hombre al que le debo lealtad absoluta en cualquier trabajo de protección. ¿Por qué, entonces, siento que le estoy fallando solo por un beso? ¿Solo por verla desnuda?Hay muchas mujeres, y quizá necesito pasar un rato tranquilo, despejarme… pero no. No es el momento de pensar en ninguna mujer.Me recosté en la cama e intenté borrar de mi mente el maldito beso de Isabella.***Por la mañana despejé mi cuerpo bajo la ducha, el agua cayendo sobre mí como un recordatorio incómodo de la calidez de esa mujer. Me v
IsabellaMe sentía asqueada. Besarlo era horrible, más aún cuando no había amor entre nosotros. Yo no siento nada por él. La única persona que me gustó alguna vez fue Luciano, pero después de descubrir que me engañó con mi mejor amiga, Ariana… ¿cómo podría volver a sentir algo por alguien? No, jamás.Pero aun así, me sentía obligada. Qué estupidez. Yo misma provoqué todo esto, yo acepté. Tenía miedo un miedo terrible de que mi padre muriera en una cárcel oscura y fría. No podía permitirlo. No podía perderlo todo. Mi padre pasó años levantando esa empresa de joyería. Prefería mil veces aguantar las caricias y besos sucios de ese señor antes que verlo encerrado por algo que jamás cometió. Yo sabía perfectamente la clase de hombre que era mi padre era un pan de Dios, comparado con otros inversionistas y riquillios.Me tapé el cuerpo, sintiendo deseos de correr lejos. Le mentí… pero no sé por qué no le dije que había estado hablando con Anabella. Quizá lo mejor fue seguir lo que Liam me d
LiamMe quedé esperando a la muñequita de porcelana mientras caminaba con un poco de dificultad mientras estaba en el super mercado. Miré la hora y ya habían pasado más de dos horas. Pronto recibiría una llamada del señor David, y entonces ¿qué le diría? “Su prometida me pidió que la llevara a tal lugar, quería saber con quién se encontró”. No tenía más opción que decirle todo. Obviamente no iba a repetir lo que escuché, porque no soy un chismoso, además… eran hermanas, no estaban haciendo nada malo.Y como si leyera mi mente mi teléfono empezó a vibrar. Lo saqué del bolsillo y vi el nombre del señor David en la pantalla.—Si, señor David.—Dime —soltó con frialdad—. Tú a dónde la llevaste a mi prometida, con quién se encontró. Necesito buenos detalles, y sabes muy bien que no me gusta que me mientan. Yo le di una orden y aparentemente ella, no acepto prefiero desobedecer.—No se preocupe, señor David —respondí sin titubear—. Ella me pidió venir a un restaurante chino. Aparentemente
IsabellaMovía la mano con desesperación, tratando de despejar el ambiente cargado que sentía sobre mí. Anabella no había llegado todavía, y esa demora me estaba consumiendo los nervios. Le había dicho claramente que no tardara, porque no podía salir de esa mansión. Después de lo que David me dijo, de su advertencia absurda de que no debía poner un pie afuera, la sensación de encierro se me clavaba en el pecho como un puñal.Piensa que voy a quedarme allí, obediente y callada, como si fuera una muñeca guardada en una vitrina. Cree que puede manejarme a su antojo, como una marioneta que solo se mueve cuando él tira de los hilos. Qué equivocado está. No me importa si dice que será mi esposo; no pienso convertirme en su propiedad ni en su hija obediente. Yo no soy ninguna niña. Yo decido sobre mi vida… aunque últimamente no sé si realmente tengo decisión, acepté casarme y acepte sus reglas.Desvié la mirada y mis ojos se encontraron con los del guardaespaldas. Me observaba fijamente, com
Último capítulo