Antonio
—Y bien, Gómez. ¿Estás cómodo en tu nuevo hogar temporal?
Él no había respondido nada desde que lo transferimos a su habitación asignada en Santa Mónica.
—No puedes quejarte —dije, apoyándome en el marco de la puerta—. Incluso tienes una ventana con vista al jardín, custodiado por un oficial para que no se te ocurran ideas raras, por supuesto. Pero podrás disfrutar la vida a través del cristal, el tiempo que estés aquí.
Siguió sentado en la orilla del colchón con la cabeza gacha. Suspir