Laura
Abrí los ojos despacio, confundida, y volví a cerrarlos cuando la luz blanca del techo ofuscó mi vista. Giré la cabeza hacia un lado e intenté, una vez más, descubrir en qué lugar me hallaba. Distinguí una bolsa de solución fisiológica, un goteo lento y una manguera transparente que llegaba hasta mi brazo izquierdo.
—¿Qué me pasó? ¿Qué hago aquí? —murmuré, intentando recordar.
La voz de Martha sonó desde el otro extremo de la enfermería, cargada de urgencia.
—Vaya, Laura, despertaste —dij