Laura
Permanecí un rato más en la biblioteca después de que Mat se fue. El silencio era denso, solemne, como si las paredes supieran que acababa de recibir una sentencia y una advertencia al mismo tiempo. Apoyé los codos sobre la mesa y enterré el rostro entre las manos.
Inhalé hondo.
Luego solté el aire de golpe.
Sabía que iba a enfrentarme a Carlos. Él intentó quitarme a mi hijo desde el mismo instante en que Gabriel nació. No era nuevo. Sin embargo, siempre creí que cuando ese momento llegar