Capítulo 48

Laura

—Laura, ¿está bien? —preguntó el hombre ante mí—. Venga, siéntese.

—Antonio… —balbuceé otra vez, con el corazón encogido y las lágrimas acumulándose en las comisuras.

Él negó despacio, en silencio, y entonces noté mi error. Me sentí ridícula por haber creído, siquiera por un segundo, que Antonio había vuelto. El azul de sus ojos era distinto; además, lucía mucho más joven.

—So-soy el doctor Antonelli… —La voz le tembló, así que se aclaró la garganta—. Matías Antonelli.

Oír su nombre dolió
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