Mundo de ficçãoIniciar sessãoEla é o fogo que o tempo não conseguiu apagar. Entre o amor e o poder, Helena vive em duas eras — uma mulher moderna que carrega a alma de uma rainha do passado. Inspirada na força e no mistério de Maria Padilha, ela é desejo e perigo, paixão e segredo. Quando Rafael, um jornalista cético, cruza seu caminho, o mundo real e o espiritual se chocam. O que começa como investigação se torna obsessão, e logo ele entende: há mulheres que o destino não escolhe — elas criam o próprio destino. De Amante a Rainha é um romance arrebatador sobre poder, sedução e eternidade. Porque algumas mulheres não vivem apenas… elas atravessam o tempo.
Ler maisEste debería ser el mejor día de la vida de Rouss Wyner, en unas cuantas horas se casaría con el amor de su vida, con su hombre perfecto, con el que soñaba todas las noches y con el cual estaba dispuesta a pasar el resto de su vida.
Llevaban saliendo hace dos años, había rechazado a muchos porque solo Él estaba en sus ojos y arraigado en lo más profundo de su corazón.
El día cuando se convirtieron en novios fue el más feliz de su vida, atesorando ese recuerdo como uno de los más hermosos que tenía, y los cuales eran poco.
Muchos la habían perseguido confesándole sus sentimientos con la leve esperanza que ella los aceptara, pero todos fueron rechazos sin tener la más mínima oportunidad.
Desde que se había enamorado en la secundaria de Bratt Miller, no había lugar ni espacio para nadie más en su vida ni en su corazón, ni tampoco quería darles lugar, ya que todo su mundo giraba alrededor de Bratt.
Bratt era el primer hijo de la familia Miller, la cual era la tercera familia más influyente de la ciudad.
Ellos se dedicaban a la industria del entretenimiento, tenían varias corporaciones muy influyentes y que cada día se expandían más y más, aparté de otros negocios que también eran muy prósperos.
Rouss era conocida como la más hermosa y deseada de toda la ciudad costera de Chongqing, su posición desde que estaba en la secundaria o antes no había cambiado, al contrario, se había hecho más sólida al pasar el tiempo, ya que su belleza florecía cada vez más como una delicada y hermosa flor en primavera, exuberante y única en su especie, la cual era imposible de superar, solo debías conformarte con mirarla y admirarla desde lejos.
Todos decían que eran la pareja perfecta, una hermosa dama junto a uno de los jóvenes maestros más rico de la ciudad.
Algunos los envidiaban en secreto, otros eran indiferentes y solo pocos deseaban su felicidad.
….
Una hermosa joven se reflejaba a través del gran espejo con marco dorado que llegaba hasta el piso cubriendo una gran parte de la pared que había en la espaciosa habitación. Su apariencia era muy hermosa, con unas facciones limpias y suaves, tenía un vestido de novia tan blanco y puro como se imaginaba que sería cuando soñaba casarse con el amor de su vida. La falda era esponjosa con algunas incrustaciones de pequeños diamantes que la hacían brillar cual estrella inalcanzable. Su vestido la hacía ver como toda una princesa, y así quería verse, aunque no fuera mucho de su agrado verse como tal, ya que no le gustaba ser el centro de atención. pero ya que Bratt una vez le había dicho que le gustaría verla con ese aspecto en su boda, ya que ella era su princesa y él le daría su castillo, el cuidado, la protección y el amor que se merecía tener.
Una suave sonrisa se formó en sus delegados y finos labios rosados, haciéndola ver tan encantadora y celestial mientras alisando con sus manos las arrugas inexistentes en la esponjosa falda del vestido, dándose la vuelta al ver que la puerta es abierta, viendo a su padre ingresar sin ninguna emoción en sus ojos y en su rostro.
–Padre, ¿te gusta cómo me veo? – indagó con expectación en su mirada y algo de anhelo oculto en ella.
Su padre la miró con un rostro frio de pies a cabeza –yo no soy el que se va a casar contigo, así que no me importa cómo te veas– espetó con desdén y desprecio en su tono. Su mirada se tornó peligrosa al verla a los ojos.
–Escúchame bien Rouss, no eres nada, solo eres alguien porque tienes el apoyo de tu abuela, pero si no fuera por ella hace tiempo te hubiera echado de la villa, no me importa nada de lo que tenga que ver contigo– vociferó con voz helada y odio en ella marchándose. Dejando a Rouss con el corazón oprimido, sabía que su padre no la quería, pero no entendía el ¿por qué?, ¿Porqué no la quería?. Si no fuera por su abuela no sabría que fuera de ella.
Su abuela era todo lo que tenía, aunque no llevaran la misma sangre, ambas se amaban mucho. Había sido como una nana para su madre, y también la suya, aunque no entendía porque, ya que su abuela era de las segundas familias más rica de la ciudad, y su padre temía que, si le hacía algo ella cobraría venganza.
Desde que su madre murió, su padre le había dado la espalda, llevando a una nueva mujer y su media hermana que era dos años menor que ella a la villa. Desde ese día, su vida se tornó un infierno, siendo atacada por el dúo de madre e hija sin cesar, haciendo que su padre la odiara aún más.
Respirando hondo para calmar sus emociones y no dejarse entristecer por recuerdos desagradables el día de su boda, tomó entre sus manos un pequeño estuche de terciopelo blanco con sumo cuidado llevándolo justo a la altura de corazón apoyándolo en el, –madre, soy muy feliz, por fin me casare con Bratt y poder salir del infierno donde vivo– vocifero con algo de tristeza mezclada con esperanza abriendo el estuche suavemente sacando un collar sencillo, en la parte posterior tenía en forma ovalada un cristal traslucido que brillaba al moverlo. Aunque era algo sencillo y no tenía mucho valor, para ella era un tesoro ya que era de su madre, era lo único que tenia de ella después de su muerte, porque cuando esas mujeres llegaron se apoderaron de todo.
–Igual de insignificante como tú, tal para cual– espeto en un tono lleno de desprecio y burla la recién llegada.
–¿Qué haces aquí, Lizzy?– preguntó con voz fría apretando el collar contra su pecho por temor a que lo tomara y le hiciera algo.
–¿Y por qué no puedo estar aquí?, hoy te casas y vine a felicitarte por supuesto – Decía con una sonrisa burlesca y llena de desprecio acercándose a ella, haciendo que Rouss retrocediera un paso.
–Hermana, espero que te guste y disfrutes el regalo que he preparado para ti– susurró cerca de su oído con un tono sarcástico lleno de odio soltando una risa al retirarse dejándola sola.
La tez de Rouss se tornó pálida, el miedo y la angustia invadieron su cuerpo, no sabía que estaría tramando Lizzy y eso la colocaba nerviosa.
Lizzy siempre la hacía quedar mal delante de los demás, siempre actuaba de una manera haciendo que todos creyeran que ella la intimidaba y la menospreciaba cuando era al revés.
Nadie le creía cuando intentaba explicarse, ya que su hermana se hacia la víctima y todos la veían como un pequeño loto blanco tan frágil e inofensivo que debían protegerla y amarla sin importar nada más.
Siempre ha tenido ese aspecto delicado y tímido, ganándose los corazones de las personas a su alrededor, mientras que a ella la veían como la villana que pasaba atacándola por ser su media hermana.
Debido a estos acontecimientos, su personalidad que antes era alegre, sonriente y risueña se fue tornando en algo fría y sin emociones, colocando una armadura a su alrededor para que no vieran lo que estaba pensando y no la lastimarán, pero, aún así, no lograba escapar de toda clase de insultos que lastimaban su corazón.
Las circunstancias la llevaron a solo tratar amablemente a las personas que quería, las cuales eran contadas con una mano.
Entre esas personas estaba su mejor amiga Janet Morton. La cual siempre la había defendido desde que se conocieron por primera vez en la infancia, desde ahí se hicieron las mejores amigas contándose todo y apoyándose la una a la otra, prácticamente nada pasaba en la vida de alguna de las dos que la otra no lo supiera.
Janet era la única que sabía la verdad sobre lo que pasaba realmente con las supuestas agresiones que le hacía a su hermana. Cada que eso pasaba se enojaba tanto queriendo golpear a todos y sobre todo a Lizzy, pero siempre lograba calmarla.
A Janet nunca le había agradado Bratt, decía que era muy fácil de engañar y manipular, porque en ocasiones dudaba de su inocencia frente a las acusaciones que le hacían los demás, y aunque Rouss no lo expresaba, sentía su corazón doler, pero lo amaba tanto que terminaba olvidándolo.
Después que Lizzy se había marchado, Rouss se había calmado cuando su abuela había llegado a la habitación ya que no quería preocuparla, ella no sabía de los ataques que recibía en casa y preferiría que siguiera así.
–Mi linda Rosy, están tan hermosa, si tu madre te viera estaría tan feliz– vociferó con voz suave acariciando su mejilla haciendo que sus ojos se cristalizaran.
Su abuela siempre era tan dulce y amable con ella, era su figura materna después que su madre murió.
–Gracias abuela, tú también te ves muy guapa– respondió con una sonrisa haciendo sonreír a la mayor.
Su abuela se apoyaba con un bastón para caminar, aunque era suave, también daba miedo cuando se enfada haciendo temblar a los demás, nadie la tomaba como menos, ya que provenía de una de las mejores familias y tenía el poder para hacer caer a cualquiera o hacerlo subir a la cima.
–Deseo que seas muy feliz Rosy, así tu madre descansará en paz– al decir estas palabras sus ojos se aguaron, aún no había podido recuperarse de la muerte de su querida Lilly Huang y todo por culpa de la actual esposa del padre de Rouss, Fanny Wilder, esa desvergonzada.
Al pensar en ella su expresión se oscureció, siempre ha tenido la sospecha que tratan mal a su Rosy, pero por más que le pregunta, ella siempre lo niega, seguramente para proteger al infeliz de Don Wyner su padre, aún no entiende como su querida Lilly se casó con alguien tan mediocre y despreciable como él.
Al ver la expresión oscura de Luisa Larton, Rouss tomó sus manos entre las suyas acariciándolas suavemente al tiempo que la trataba de persuadirla –abuela, no pienses en cosas desagradables, cuida tu salud– le pedio con una sonrisa y voz suave, haciendo que Luisa sonriera ahora tomando sus manos y acariciándolas.
–Tienes razón Rosy, hoy es tu boda no debemos pensar en cosas desagradables– al terminar de hablar, tomó el collar que Rouss había dejado a un lado ayudándolo a colocárselo.
–Este collar lo compró tu madre con la primera paga que recibió cuando tu abuelo le impuso que debía casarse con alguien que ella no conocía, así que decidió marcharse de su casa en respuesta a lo que su padre le pedía– sususurró suavemente –consiguió un trabajo durante dos meses hasta que volvió nuevamente con tu abuelo– recordaba Luisa con una sonrisa y tristeza en sus ojos.
–¿Y que paso después abuela?– indagó con mirada curiosa y expectante, haciendo que sus hermoso ojos negros se tiñeran de admiración y algo de tristeza.
–Cuando volvió dos meses después, tu abuelo la recibió, aunque era alguien frío o como decía los demás sin corazón, con tu madre era muy diferente, en la amaba mucho y la protegía a su manera, hasta que lamentablemente murió en un accidente aéreo, tu madre heredó todo ya que era hija única, y ahora que te cases tu heredaras lo que ella te dejó– le informó Luisa con voz suave, haciendo que Rouss abriera sus ojos grandemente desconcertada ya que no sabía que tenía una herencia.
Mensagem Final aos Meus LeitoresQueridos leitores,Obrigada por caminharem comigo até a última página desta história.Obrigada por cada capítulo lido, cada comentário, cada emoção que vocês dividiram comigo nesta jornada.Vocês deram vida, força e destino a este livro.Quero dedicar esta obra com todo meu coração: A Maria Padilha, cuja força, mistério e luz inspiraram a alma da minha Helena.Uma mulher que atravessa séculos, que ensina coragem, e que desperta, em quem lê, a lembrança de que o feminino é ancestraI, livre e indomável. À minha mãe e meu pai, que me deram base, amor e coragem para ser quem sou.Vocês são minha raiz e meu porto seguro. Aos meus filhos, que são minha inspiração diária, minha alegria, meu motivo de continuar sonhando.Cada palavra minha também é por vocês. Ao meu esposo, que me apoia, me incentiva, me fortalece nos dias difíceis e comemora comigo cada pequena vitória. Aos meus amigos, que acreditaram na minha escrita, que me estenderam a mão quand
CAPÍTULO 59 — O VENTO QUE NÃO EXPLICA.O tempo não termina — ele se curva.Essa era a verdade que Helena carregava como segunda pele enquanto caminhava por um corredor que não pertencia a nenhuma era.O chão era de pedra antiga; o ar, de memória viva.O castelo surgia ao redor dela como se estivesse acordando após séculos de silêncio, reconhecendo sua presença.Ela não caminhava — deslizava.A cada passo, uma tocha se acendia sozinha, projetando luz amarelada sobre retratos que pareciam seguir seus movimentos com atenção devota.Retratos dela.De versões suas que viveram, sofreram, amaram e renasceram.A mulher com véu rubro que encantara reis.A conselheira que murmurava verdades proibidas nos salões de poder.A cortesã que transformou seu corpo em arma e sua mente em soberania.A companheira que amou um homem simples na era moderna — e o deixou ir para que ele fosse livre.Helena parou diante desses ecos.Cada quadro pulsava de leve, como se respirasse com ela.— Vocês ainda me guar
CAPÍTULO 58— AS TRAMAS DO VENTOO despertar de Helena não foi súbito — foi suave e lento, como quem volta de um sonho tão profundo que ainda permanece preso na pele.Quando abriu os olhos naquele lugar entre mundos, sentiu primeiro o ar.Ele vinha de todos os lados, tocando-a como dedos invisíveis, reconhecendo-a, saudando-a.O vento.Sempre o vento.Era ele quem a chamava quando o destino queria se mover.Era ele quem a avisava quando vidas estavam prestes a se cruzar.Era ele quem trazia segredos de lugares onde ela nunca estivera, mas que, de alguma forma, lhe pertenciam.— Estou aqui. — disse ela em voz baixa, sabendo que ele entenderia.E entendeu.O vento do leste respondeu com um sopro quente, vibrante, quase amoroso.Ele ondulou seu vestido, fez seu cabelo dançar, arrancou dela um suspiro que misturava lembrança e pressentimento.Algo havia mudado no mundo dos vivos.⸻O lugar onde estava não tinha paredes, teto ou chão.Era uma extensão de luz opaca, como se todas as eras se
CAPÍTULO 57 — O QUADRO NA LOJA DE ANTIGUIDADESNaquela mesma tarde — aquela que o vento escolhera — Mariana sentiu um incômodo doce no peito, como se alguém a chamasse sem voz.Era uma sensação suave, quase impossível de explicar, como se o destino tivesse aberto uma porta invisível.Ela não sabia para onde ir, mas sabia que precisava ir.O céu estava cinza, de um jeito que não entristecia — acalmava.Mariana caminhava sem rumo, deixando os passos seguirem sozinhos.As vitrines refletiam sua imagem, mas era como se ela não estivesse realmente ali.Havia algo chamando de outro lugar.Foi então que ouviu.Tlim.Uma pequena campainha tocou sozinha, empurrada apenas pelo vento.Mariana se virou.Ali estava uma loja que ela nunca tinha visto antes:Antiguidades do Leste.A porta era de madeira escura.Uma cortina de contas balançava devagar.E o ar tinha um perfume leve de jasmim — um cheiro que ela não reconhecia, mas que abraçou seu peito como memória esquecida.Sem pensar, ela entrou.⸻
CAPÍTULO 56 — AS TRAMAS DO VENTOO vento não mente.O vento não inventa.O vento apenas revela.Depois da noite em que despertou entre mundos — metade memória, metade eternidade — Helena sentiu o ar se mover de forma diferente.Não era apenas o vento do leste soprando nas cortinas do tempo.Era um chamado.Ela abriu os olhos lentamente, sentindo o corpo ainda dividido entre eras.Ali, onde se encontrava, nada tinha forma fixa.O espaço parecia feito de névoa, luz e lembranças.Como se estivesse em um corredor entre vidas.Sua respiração saiu calma, profunda, carregada de um conhecimento que não se explica — apenas se aceita.Ela tocou o rubi no peito.Ele vibrou.— Você novamente… — sussurrou ela.Mas não estava falando com o rubi.Estava falando com o vento.Porque ele, o vento, era o único mensageiro capaz de atravessar séculos sem perder a essência.E naquele dia, ele trazia algo diferente: movimento.Um destino recém-acordado.Helena caminhou pelo lugar onde o tempo se dobra.A ca
Capítulo 55 — A Filha do Vento Quando Helena abriu os olhos, o castelo estava diferente. Não menor. Não maior. Apenas… obediente. O vento entrava pelas pedras como se carregasse mensagens antigas. As tochas acendiam sozinhas quando ela caminhava. Os corredores ficavam mais claros onde sua sombra passava. E, pela primeira vez desde que despertou entre eras, ela sentiu a própria alma inteira. Não partida entre passado e presente. Não dividida entre amor e destino. Não fragmentada entre corpo e mito. Inteira. Maria Padilha sempre fora isso: não apenas mulher, não apenas amante, não apenas mito, mas presença. E agora Helena também era. Não por escolha de algum homem. Não por consagração de algum rei. Não por saudade de alguma vida antiga. Por ela mesma. ⸻ Quando saiu do salão dos espelhos, algo mudou na forma como ela caminhava. Antes, andava como quem flutuava entre mundos. Agora andava como quem cria o mundo ao passar. Cada passo pare










Último capítulo