Mundo de ficçãoIniciar sessãoIraida Hale siempre supo que ser una híbrida de lobo y vampiro la condenaria a vivir entre dos mundos, pero nunca esperó la humillación pública: ser rechazada por su primer compañero, el Rey Alfa Alaric Vance, quien no tolera su naturaleza impura. Con la dignidad intacta y el corazón blindado, Iraida acepta el rechazo y se marcha en ese mismo momento, decidida a no pertenecer a nadie. Sin embargo, el destino tiene otros planes. En su huida, se cruza con el Rey Vampiro, su segunda alma gemela. Él es un soberano oscuro que ha renunciado al amor; ella es una mujer herida que no piensa volver a confiar. Ninguno busca un vínculo, pero la sangre no miente: la pasión y el deseo que estallan entre ambos son tan violentos como inevitables. En un peligroso juego de amor, odio y seducción, Iraida y el Rey se verán atrapados en una guerra de voluntades. Entre el fuego que los consume y la negativa a ser vulnerables, solo queda una pregunta: ¿Quién dará primero el brazo a torcer?.
Ler maisLa Gran Plaza de la Manada Luna Creciente esta sumida en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el crepitar de las antorchas. Es la noche de la Luna de Sangre, el momento en que el destino debe sellarse. Yo, Iraida Hale, estoy de pie frente al hombre que la Diosa Luna ha marcado para mí.
Alaric Vance, el Rey Alfa, es una visión de poder bruto y belleza letal. Sus ojos dorados me recorrieron, pero no con la devoción de un compañero, sino con una repulsión que me llegó hasta los huesos. A su lado, aferrada a su brazo como una enredadera venenosa, esta Nora, una loba de linaje puro que me sonríe con la satisfacción de quien ya se sabe victoriosa. "Yo, Alaric Vance, Rey de la Manada Luna Creciente y soberano de los linajes del sur... ". Su voz retumbó como un trueno, cargada de una autoridad opresiva. "Te rechazo como mi Luna, mi pareja destinada y mi reina". El aire escapó de mis pulmones. Aunque lo esperaba, el impacto de las palabras fue como un golpe físico. Pero no terminó ahí. "Te rechazo no por falta de fuerza, sino por la mancha que llevas en las venas. Eres una abominación, Iraida. Una híbrida, un error de la naturaleza que mezcla la noble sangre de los lobos con la inmundicia de los chupasangres. No permitiré que mi linaje se contamine con tu herencia bastarda. Para mí, no eres más que un parásito que la Diosa envió para poner a prueba mi juicio". El silencio que siguió fue peor que el rechazo. Entonces, empezaron las risas. Primero fueron susurros, luego carcajadas abiertas de los guerreros y las hembras de la manada. (La sangre sucia), dicen. (La aberración que se creía reina). Sentí el lazo romperse. Fue como si cientos de cuchillas al rojo vivo desgarraran mi columna vertebral. Mi loba aulló de agonía, una nota de dolor puro que se mezcló con el frío glacial de mi lado vampírico. Caí de rodillas, el pecho ardiendo, sintiendo cómo las fibras de mi alma se deshilachan. La agonía de un rechazo real es capaz de matar a una loba común, pero yo... yo no soy común. Alaric me mira desde su trono, disfrutando de mi caída. "Mírate". Escupió, dando un paso hacia delante. "Ni siquiera puedes mantenerte en pie. ¿Cómo pretendías gobernar a los lobos siendo mitad monstruo?". El dolor mutó. La agonía se volvió un incendio de rabia líquida. El desprecio en su voz fue el catalizador que necesitaba mi lado vampírico para despertar y endurecer mis sentidos. Me obligué a respirar. Cerré los puños contra el suelo de piedra, enterrando mis uñas(que empezaron a alargarse más de lo normal) en la tierra. Lentamente, con una elegancia que lo dejó mudo por un segundo, me puse de pie. No temblé. No lloré. Me limpié un rastro de sangre que brotaba de mi nariz y clavé mis ojos en los suyos. Mis pupilas, usualmente azules, destellaron con un anillo carmesí que lo hizo retroceder instintivamente. "¿Monstruo, Alaric?". Mi voz salió baja, pero cargada de una vibración que erizó los pelos de los presentes. "La única monstruosidad aquí es tu arrogancia. La Diosa Luna no se equivoca, pero tú sí. Has despreciado el equilibrio que ella misma creó". Él frunció el ceño, su ego herido por mi falta de sumisión. "¡Silencio! Deberías estar suplicando clemencia por tu existencia". "¿Clemencia?". Solté una risa seca, desprovista de toda alegría. "Yo, Iraida Hale, acepto tu rechazo, Alaric Vance. Lo acepto con la dignidad de la que tú careces. Porque aunque para ti mi sangre es una mancha, para el destino soy un arma que no supiste blandir. Me rechazas por miedo, porque sabes que mi poder habría eclipsado el tuyo". El rostro de Alaric se puso lívido. La manada dejó de reír. El vínculo que nos unía se cortó definitivamente de mi lado, dejando un vacío frío, pero liberador. "¡Cómo te atreves!". Gritó él, sus ojos brillando en un dorado furioso. "Eres una aberración. No tienes a dónde ir. Si te vas de aquí, serás una renegada, una presa para cualquier cazador". "Prefiero morir como presa en el bosque que vivir como esclava en tu cama". Declaré, dando un paso hacia él, desafiando su aura de Alfa con mi propia presión híbrida. "Te aseguro algo, "mi Rey": por este error, tu reino se desmoronará. Has rechazado a la elegida, y con ella, la protección de la Diosa". "¡Basta!". Exploto de furia Alaric, perdiendo los estribos. "¡Guardias! Llévensela. Esta híbrida necesita recordar su lugar. Cincuenta latigazos por insolencia. Que su sangre "impura" riegue esta tierra antes de que la echemos a los perros". Cuatro guerreros de élite se abalanzaron sobre mí. En otro tiempo, me habría rendido. Pero Iraida, la mujer que buscaba su aprobación, ha muerto con el rechazo. Cuando el primer guardia intentó sujetar mi brazo, mi velocidad híbrida se activó. Para ellos, fui una sombra. Para mí, el mundo se mueve en cámara lenta. Le propiné un golpe en la tráquea que lo dejó sin aire y, usando su propio impulso, lo lancé contra el segundo atacante. Sentí la energía fluir por mis venas: la fuerza bruta del lobo y la precisión letal del vampiro. Esquivé un zarpazo, giré sobre mi eje y derribé a los otros dos con una serie de patadas que fracturaron huesos. Alaric miraba con horror cómo su "insignificante híbrida" despachaba a sus mejores hombres sin siquiera transformarse. Me detuve frente a la salida, girándome una última vez. La luna de sangre baña mi piel, dándome un aura sobrenatural. "Guarda tus latigazos para tus errores, Alaric". Dije con una sonrisa gélida. "No te molestes en perseguirme. Si cruzas mi camino de nuevo, no verás a una compañera, verás a tu ruina". "¡Iraida!". Rugió él, intentando saltar del estrado, pero una presión invisible, un castigo de la propia Diosa por romper el lazo de forma tan ruin, lo ancló al suelo, obligándolo a hincar una rodilla. Aproveché ese momento de debilidad para desaparecer en la espesura del bosque. No fui a mi cabaña; no necesitó nada de ese lugar lleno de prejuicios. Mientras corro entre los árboles, siento cómo mi corazón late con un ritmo nuevo. El dolor del rechazo sigue ahí, un eco sordo en mi pecho, pero la libertad sabe a gloria. Alaric Vance acaba de perder a su Luna. Él se queda con su corona de cenizas y su linaje "puro". Yo, en cambio, me llevó mi esencia intacta y un destino que ni él, ni nadie en este mundo de lobos, podría jamás comprender. Al amanecer, la híbrida que todos despreciaron ya no existirá. En su lugar, algo mucho más peligroso esta naciendo bajo la luz del sol. * * * Nota de autor: Iraida cruzó la frontera de los territorios lobunos sin saber que, en el corazón del bosque prohibido, otra alma gemela, una mucho más oscura y antigua, ya siente el aroma de su sangre en el aire.La tierra bajo mis botas, húmeda y teñida con la sangre oscura de los renegados, parece absorber el silencio que se ha instalado en el bosque. Observé a Iraida alejarse. Cada uno de sus pasos, medidos y altivos, es una estocada en mi propia compostura. Mis instintos, entrenados durante siglos para la guerra y la supervivencia, gritan una orden contradictoria: detenla. Pero mi mente, endurecida por la responsabilidad de un reino y la amargura de años de soledad, intenta frenar el impulso.Alma gemela. La palabra me sabe a veneno.Yo no soy un poeta, ni un romántico que busca la plenitud en la unión de dos seres. Soy Draven, el Rey de un territorio que se desmorona, un hombre que ha aprendido que las emociones son debilidades que tus enemigos utilizan para desollarte vivo. Mis padres murieron a causa de esas "debilidades". Mi hermana, Valerius, casi pierde hoy mucho más que la vida por mi incapacidad de prever el peligro. Y ahora, el destino (esa fuerza caprichosa y cruel
El hedor a muerte y tierra removida cuelga en el aire del Bosque Prohibido, un aroma que a cualquier otro ser vivo le revolvería el estómago, pero que para mí, una híbrida que ha vivido al margen de las leyes de ambos mundos, es solo un recordatorio de la supervivencia. Los cuerpos de los diez vampiros, ahora desprovistos de vida, forman un círculo macabro alrededor de nosotras. La escena es, sin duda, un testimonio brutal de lo que sucede cuando alguien subestima a una mujer, sea cual sea el linaje al que pertenezca.Valerius, o "Muñeca", como he empezado a llamarla en mi mente, me mira con una mezcla de fascinación y temor que nunca habia visto antes, pero aún así es diferente. No hay juicio. Sus ojos, profundos y oscuros, no buscan faltas en mi naturaleza mestiza; simplemente ven a la mujer que acaba de salvarle la vida._Lamento informarte, vampirito, que esta híbrida se te adelantó y ya los mandé al otro mundo_. Repetí, manteniendo mi tono desafiante, aunque en el fondo, una pa
"Nunca piensas madurar, Val. Ya eres adulta, así que compórtate como tal". El rugido de mi hermano, Draven, todavía resuena en mis oídos como un latigazo. Por primera vez en mi vida, no sentí el deseo de agachar la cabeza y pedir perdón. Sentí una opresión en el pecho que me robó el aire y llenó mis ojos de lágrimas calientes.Vi cómo su rostro se suavizo por una fracción de segundo, arrepentido al notar el impacto de su crueldad, pero ya es tarde. Hay palabras que desgarran más que las garras de un licántropo, y las suyas me han abierto en canal. "Tuve que madurar siendo una niña, Draven". Le solté, con la voz quebrada por la rabia acumulada de años."Tuve que comportarme como una adulta para no ser una maldita carga para ti. Perdimos a nuestros padres en una guerra sin fin que ya me tiene hasta la coronilla, ¿y te molestas conmigo solo por querer experimentar lo que me perdí? Fingí que todo estaba bien mientras me moría por dentro al ver cómo un demonio traspasaba el pecho de nuest
La muerte de mi madre y el abandono de mi padre fueron las piedras angulares de mi desdicha. Nací siendo un pecado para ambos mundos: una híbrida, el resultado de una unión prohibida que nadie pidió y que todos despreciaron. Mi padre, un vampiro que solo buscaba la pureza del linaje, huyó al ver que yo no era la heredera perfecta de los colmillos; mi madre, una loba que me amó hasta su último aliento, pagó con su vida el precio de protegerme.A los 11 años, me convertí en la huérfana "buena para nada" de la manada Luna Creciente. Me culparon de todo: del ataque de los renegados que mataron a mi madre, de la huida de mi padre, de la mala suerte de las cosechas. Crecí en una cabaña solitaria y triste que se caía a pedazos, madurando a golpes de desprecio. Las palabras hirientes —"monstruo", "aberración", "sangre sucia"— se grabaron en mi pecho con una intensidad que hacía que el reciente rechazo de Alaric Vance pareciera una simple cosquilla.Luna Creciente nunca fue mi hogar. Fue mi cá
Último capítulo