El pasillo que conduce al ala este del castillo, mis aposentos privados, nunca me ha parecido tan largo. O quizás, soy yo quien camina demasiado despacio, con el peso de una decisión que, desde cualquier ángulo que la mire, huele a sentencia.
Idaira. El nombre golpea mi mente como un martillo contra un yunque.
Di la orden a Valerius de instalarla en el ala este, justo al lado de mi habitación. Se perfectamente qué significa eso: será pasto de chismes, combustible para las bocas viperinas de lo