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Capitulo 4: Bosque Prohibido I

La muerte de mi madre y el abandono de mi padre fueron las piedras angulares de mi desdicha. Nací siendo un pecado para ambos mundos: una híbrida, el resultado de una unión prohibida que nadie pidió y que todos despreciaron. Mi padre, un vampiro que solo buscaba la pureza del linaje, huyó al ver que yo no era la heredera perfecta de los colmillos; mi madre, una loba que me amó hasta su último aliento, pagó con su vida el precio de protegerme.

A los 11 años, me convertí en la huérfana "buena para nada" de la manada Luna Creciente. Me culparon de todo: del ataque de los renegados que mataron a mi madre, de la huida de mi padre, de la mala suerte de las cosechas. Crecí en una cabaña solitaria y triste que se caía a pedazos, madurando a golpes de desprecio. Las palabras hirientes —"monstruo", "aberración", "sangre sucia"— se grabaron en mi pecho con una intensidad que hacía que el reciente rechazo de Alaric Vance pareciera una simple cosquilla.

Luna Creciente nunca fue mi hogar. Fue mi cárcel. Soporté años de maltrato sistemático que se intensificó cuando el destino, en un giro cruel e irónico, me señaló como la pareja destinada del Rey Alfa. Creí, estúpidamente, que ser su Luna me traería el amor y el respeto que tanto ansiaba. Pero Alaric eligió el prejuicio sobre el lazo sagrado.

"Que te pudras, Alaric". Susurré, mientras mis pies golpean las hojas secas.

Las lágrimas que corren por mis mejillas no son de tristeza, sino de la liberación de una carga que ya no estoy dispuesta a llevar. El vínculo se ha roto, y con él, mi paciencia por la paz y la unidad. Ya no me importan los rangos ni la prosperidad del linaje lobuno. Mis sueños de una sociedad justa murieron en la plaza de la manada bajo la mirada dorada y fría de un rey cobarde. Solo hay una familia en esa manada que merece mi gratitud, los únicos que me miraron como a un ser vivo y no como a un error. Por ellos, guardaré una chispa de piedad; por el resto, si alguna vez el destino me pone frente a sus gargantas, no dudaré en devolverles cada onza de dolor.

Un último paso y la frontera quedó atrás. Un escalofrío recorrió mi columna al adentrarme en el Bosque Prohibido. Este es el limbo, la tierra de nadie que divide el territorio de los lobos del de los vampiros. Un lugar plagado de renegados sin ley y de vampiros exiliados que no responden ante su Rey, ese ser de quien se dice que es un monstruo implacable con los infractores. Mi plan es simple: cruzar rápido, evitar conflictos y desaparecer en el mundo humano o en algún rincón donde nadie sepa mi nombre.

Pero el destino parece disfrutar de ponerme a prueba. Unos gritos agudos cortaron el aire pesado del bosque. Mi audición lobuna se activó al instante, captando el tono imperioso pero desesperado de una mujer.

"¡Deténganse!". Gritó ella.

"¡Si me tocan, mi hermano desatará una guerra que los borrará de este bosque!". Aceleré el paso, mis sentidos agudizados. Al llegar al claro, la escena hizo que mi sangre, esa mezcla "impura" que tanto odia Alaric, hierva de indignación. Una joven vampiresa, de facciones finas y piel de porcelana, esta acorralada. Su ropa de seda esta desgarrada, revelando hombros pálidos que tiemblan bajo las manos de diez vampiros desarrapados y de mirada lasciva. Son carroñeros, seres que disfrutan del ultraje más que de la sangre misma.

La lógica de supervivencia me grita que siga adelante. Yo soy una híbrida; los vampiros no me aceptarán y los lobos me prefieren muerta. Meterme en una disputa de linaje ajeno es buscarse una tumba. Pero al ver la mano de uno de esos cerdos deslizarse hacia el cuello de la chica mientras los otros se rien, mi razón se nubló por algo más fuerte: sororidad y rabia acumulada. Ninguna mujer, sea loba, vampira o humana, merece ser el juguete de unos miserables.

"Solo a la fuerza pueden someter a una mujer". Dije, saliendo de las sombras con una calma que me sorprendió a mí misma.

"Porque la conquista no existe en su vocabulario. Son seres repugnantes que disfrutan del dolor que causan, y una mujer en su sano juicio jamás se dejaría engañar por alguien tan insignificante que no merece ser elegido como alma gemela". El círculo de agresores se rompió cuando todos giraron para mirarme. Sus ojos rojos brilla. con sorpresa y una creciente irritación.

"Lárgate, perra, no te metas donde no te llaman". Gruñó el que parece el líder, un tipo con el rostro marcado por cicatrices de algún virus digno de el.

Me eché a reír. Una risa seca, peligrosa"Me voy si consigues decirme un insulto un poquito más creativo que logre herirme, porque "perra" ya pasó de moda, cariño". Vi a la joven vampiresa mirarme con ojos muy abiertos. A pesar de su terror, una pequeña sonrisa de incredulidad curvó sus labios al oír mi respuesta. Eso fue todo lo que necesité para saber que estoy haciendo lo correcto.

"Te lo advertí". Siseó el líder.

"Si tanto quieres quedarte y defender a esta vampira de sangre azul, entonces también servirás para satisfacer nuestras necesidades. Después, serás comida".

"Jajajajaja". Solté una carcajada genuina esta vez.

"Por favor. Lo que ustedes se cargan entre las piernas ni juntos podrían lograr satisfacerme. Si tienen que recurrir a tomar por la fuerza a una mujer, es porque no son lo suficientemente hombres para hacerlo en una situación normal". El insulto a su virilidad fue la chispa que incendió la pradera. Uno de ellos, el más impaciente, se lanzó contra mí con los colmillos fuera.

No lo pensé. Sofi, mi loba, no solo despertó; rugió dentro de mi cabeza. Mi mano derecha cambió en un parpadeo. Mis uñas se alargaron hasta convertirse en garras de obsidiana, y mi velocidad híbrida (esa mezcla perfecta de agilidad vampírica y fuerza bruta lobuna) hizo que el atacante pareciera moverse en cámara lenta.

Antes de que pudiera parpadear, mi mano estaba hundida en su pecho. El sonido de las costillas rompiéndose fue música para mis oídos. Cerré el puño y tiré hacia atrás. El corazón del vampiro dio un último latido espasmódico en mi palma garreada mientras él caía al suelo, convertido en cenizas antes de tocar la tierra. El silencio que siguió fue absoluto, solo roto por el goteo de la sangre oscura sobre las hojas secas.

"Ay, hieren mis sentimientos al verme como si fuera un monstruo". Dije, limpiando un poco de sangre de mi mejilla con el dorso de la mano.

"Solo soy una hermosa mujer a la que no le gustan las injusticias. Así que, o se largan ahora y continúan con su vida patética, o mueren como su amigo". Vi el miedo en sus ojos. Un miedo delicioso que nunca había sentido antes en quienes me acosaban. Pero la estupidez de los hombres suele superar a su instinto de conservación. Creyeron que, al ser nueve contra una, las matemáticas estarían de su lado. Se lanzaron en grupo, gritando maldiciones.

"Mala elección". Susurré. Mi visión se tiñó de un rojo carmesí mientras mi lado vampírico tomó el control de mis movimientos y mi lado lobuno puso la potencia. Esta Híbrida no ha tenido un buen día. Me han rechazado, humillado. Llevo años de m****a acumulada en el alma, y estos nueve infelices acaban de ofrecerse como los voluntarios perfectos para mi desahogo.

La danza de muerte comenzó. Esquivé al primero, rompiéndole el cuello con un movimiento seco de mi brazo izquierdo mientras mis garras del derecho seccionan la garganta de otro. Sentí el flujo de energía recorriéndome, una plenitud que nunca sentí en la manada porque siempre intenté reprimirme. Ahora no hay reglas. No hay Alfas a los que obedecer. Solo estoy yo y mi sed de justicia. Uno tras otro, los vampiros renegados fueron reducidos a nada. Sus ataques son torpes comparados con la furia refinada que yo estoy desatando. Cuando el último de ellos, el líder, intentó huir, me aparecí frente a él en un parpadeo de sombras.

"Perra, ¿verdad?". Le pregunté, sujetándolo por la túnica. No le di tiempo de responder. Sofi tomó el control total y el bosque se llenó con el sonido de su final. Cuando el silencio regresó, me quedé de pie en medio del claro, respirando con dificultad. Mis manos volvieron a la normalidad, pero mi corazón sigue latiendo con una fuerza salvaje. Me giré hacia la joven vampiresa, que sigue en el suelo, mirándome con una mezcla de terror y profunda admiración.

"¿Estás bien?". Le pregunté, extendiendo mi mano, esta vez humana y limpia de sangre gracias a la combustión espontánea de sus atacantes. Ella tomó mi mano con timidez.

"Me salvaste... una híbrida me salvó". Susurró, levantándose. Su voz es melodiosa.

"Soy Valerius, hermana del Rey Vampiro. Y creo que no tienes idea del cambio que acabas de provocar en el destino de este bosque". La miré a los ojos y supe que mi vida como fugitiva acaba de terminar antes de empezar. El fuego que Alaric Vance despreció esta a punto de incendiar el reino de las sombras.

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