El barro del campo de entrenamiento no sabe de linajes, ni de títulos nobiliarios, ni de la sangre real que corre por las venas de una vampiresa. Para el suelo, todos somos iguales: carne, hueso y una voluntad que se quiebra o se fortalece.
_¡Levántate, Valerius!_. La voz de Callum retumbó, fría y cortante como un látigo, mientras yo observó desde un par de pasos más atrás, mis brazos cruzados sobre el pecho.
Valerius esta en el suelo, con el pecho subiendo y bajando con una violencia que delat