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Capitulo 5: Bosque Prohibido II

"Nunca piensas madurar, Val. Ya eres adulta, así que compórtate como tal". El rugido de mi hermano, Draven, todavía resuena en mis oídos como un latigazo. Por primera vez en mi vida, no sentí el deseo de agachar la cabeza y pedir perdón. Sentí una opresión en el pecho que me robó el aire y llenó mis ojos de lágrimas calientes.

Vi cómo su rostro se suavizo por una fracción de segundo, arrepentido al notar el impacto de su crueldad, pero ya es tarde. Hay palabras que desgarran más que las garras de un licántropo, y las suyas me han abierto en canal.

"Tuve que madurar siendo una niña, Draven". Le solté, con la voz quebrada por la rabia acumulada de años.

"Tuve que comportarme como una adulta para no ser una maldita carga para ti. Perdimos a nuestros padres en una guerra sin fin que ya me tiene hasta la coronilla, ¿y te molestas conmigo solo por querer experimentar lo que me perdí? Fingí que todo estaba bien mientras me moría por dentro al ver cómo un demonio traspasaba el pecho de nuestra madre y le arrancaba el corazón por protegerme". Él se quedó mudo, con la mandíbula apretada.

"Hice todo para no ser un peso, porque debías levantar un reino en ruinas. Pero se te olvidó. Y como tú quieres vivir condenado a la amargura, la soledad y la tristeza, quieres arrastrarnos a todos al mismo pozo. ¡Pues yo no quiero vivir así". Salí de su oficina dando un portazo que hizo eco en todo el castillo. Ignoré los gritos de los guardias y las órdenes de mi hermano. Solo necesitó aire. Necesitó descubrir quién es Valerius cuando no intenta complacer a un Rey amargado que se niega a soltar el pasado.

Corrí sin rumbo, dejando que la velocidad vampírica quemara mi frustración, hasta que mis pasos se detuvieron abruptamente. El aire cambió; el olor a pino dulce de nuestro territorio fue reemplazado por un hedor a podredumbre y humedad vieja. Estoy en el Bosque Prohibido. El miedo me golpeó antes que cualquier enemigo. Este lugar es el refugio de lo peor de ambos mundos: lobos renegados y vampiros rebeldes que escupen sobre las leyes de los primeros reyes. Intenté dar media vuelta, pero en fracciones de segundo, las sombras cobraron vida. Diez vampiros me rodearon. No son guerreros; son carroñeros. Sus miradas obscenas y lascivas recorrieron mi cuerpo de una forma que me hizo sentir sucia.

"La princesa de sangre azul se escapó de su castillo". Dijo uno de ellos, un tipo con los ojos inyectados en sangre que parecía ser el líder.

"Si saben quién soy, apártense". Intenté decir con firmeza, aunque mis manos tiemblan.

"Si me tocan, mi hermano no dejará un árbol en pie en este bosque. Los exterminará" Se rieron. Un sonido metálico y desagradable. Mi hermano, en su afán de sobreprotección, nunca me dejó entrenar de verdad. Me ha convertido en una muñeca de porcelana en un mundo de acero.

"Sin cuerpo no hay evidencia". Siseó el líder mientras dos de ellos me sujetaron por los hombros con una fuerza que me hizo gemir.

"Tu hermano no tendrá cómo probar que fuimos nosotros quienes disfrutamos del cuerpo virginal de su hermanita antes de destrozarlo". El terror se apoderó de mí cuando sentí el primer tirón en mi ropa. La seda se desgarró con un sonido seco. Grité, luchando inútilmente, rogando a cualquier ancestro por una salvación que no llega. Diez contra uno es una sentencia de muerte.

Pero entonces, cuando mis esperanzas se apagaron, ella apareció. Fue como una luz en medio de ese agujero olvidado. Una silueta femenina se interpuso entre los monstruos y yo. Lo primero que noté fue su cabello: una larga coleta de un azul eléctrico, un color que no debería existir en la naturaleza. Sus ojos son de un azul más claro, brillantes y fieros. Al analizar su aura, me quedé en shock. No es una loba pura, ni una vampira. Es una híbrida. A pesar de la situación, no pude evitar sonreír cuando empezó a burlarse de ellos con una confianza absoluta. Pero el miedo volvió rápido. Es solo una, pensé. Ellos son muchos.

Lo que sucedió después solo puede creerse si se ve. La híbrida no esperó a que la atacaran. Con un movimiento tan fluido que mis ojos apenas pudieron seguir, transformó su mano en una garra de obsidiana y le arrancó el corazón al primer vampiro como si fuera una fruta madura. El órgano dio su último latido en su palma antes de que el cuerpo del traidor se convirtiera en cenizas.

Los otros, cegados por la estupidez, la atacaron en grupo. Fue entonces cuando ella se liberó por completo. Un destello blanco cegó el claro. En su lugar apareció una loba de un tamaño imponente, con el pelaje del color de la nieve, el color de la propia Diosa Luna. Lo que siguió fue una masacre de justicia. La loba blanca se movió como un rayo de plata, desgarrando gargantas y quebrando huesos. En cuestión de minutos, el pelaje blanco se ha manchado de la sangre oscura de los renegados. Cuando el último cayó, la loba volvió a ser mujer. Se quedó allí, en medio de la carnicería, con una expresión de calma gélida.

"Ups, creo que maté a unos cuantos de tu linaje". Dijo ella, después de escuchar mi agradecimiento.

"Pero escorias como esas, que disfrutan de violar mujeres, no merecen vivir". Sacó ropa de una mochila que lleva sobre la espalda y se vistió con una eficiencia militar. Luego, me alcanzó un vestido sencillo.

"Toma, esto te cubrirá mejor que lo que queda de tu ropa". Me dijo, su voz es firme pero no carente de amabilidad.

"Sé que eres vampira y yo una híbrida. Nuestros linajes se matan en cuanto se ven, pero eso es una idiotez para mí. Vuelve a tu territorio, Valerius. El Bosque Prohibido no es lugar para ti, y esos cadáveres son la prueba". Me quedé mirándola, completamente fascinada. Nunca en mi vida había visto a alguien así. No es la delicadeza falsa de las mujeres de la corte del clan, ni la brutalidad ciega de los guerreros de mi hermano. Es... perfecta. Es una guerrera, es libre y acaba de masacrar a diez hombres para salvar a una desconocida sin pedir nada a cambio.

Sentí una chispa de energía que recorrió mi cuerpo. La tristeza por la pelea con Draven se evaporó, reemplazada por una euforia que me hace querer saltar.

"¡Ay, yo quiero ser como tú! ¡Llévame contigo! ". Exclamé, empezando a dar saltitos a su alrededor con una energía que parece agotarla solo de verme.

"Mi hermano es un gruñón, un amargado encerrado en el pasado y en la venganza. ¡Tú eres increíble!". La híbrida abrió los ojos de par en par, claramente abrumada por mi velocidad al hablar y mis brincos.

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