Capitulo 2: Nuevo Beta

El silencio en mi despacho es una mentira. Fuera de estas paredes, el bosque cruje con el eco del rechazo de anoche, y dentro de mi pecho, mi lobo, Lyon, araña mis costillas con una furia que amenaza con hacerme perder el control.

Me serví un vaso de whisky, el líquido ámbar quemando mi garganta, pero nada puede quemar el recuerdo de los ojos de Iraida. No se rompió. No se rompió. Se ha marchado con una elegancia letal que me hace sentir, por primera vez en mi vida, como un campesino frente a una reina.

"Cállate". Gruñí, golpeando el escritorio.

Mi lobo no se calló. Ruge por ella. Para Lyon, no hay "pureza de sangre" ni "linajes manchados"; solo esta la hembra que la Diosa nos había entregado, la única cuya presencia podía calmar la tormenta de rabia que siempre habita en mi interior. Pero yo no soy solo un lobo. Soy un Rey. Tengo un deber con mi linaje, y ese deber no incluye sentar en el trono a una abominación mitad vampiro. La puerta se abrió sin previo aviso. No necesité mirar para saber quién es; el aroma a café y algo artificialmente dulce inundó la habitación. Nora.

"Alaric, querido". Su voz es una caricia aceitosa.

"Estás aquí escondido mientras la manada celebra. Deberías estar brindando por tu libertad".

Nora se acercó, rodeando mi escritorio con movimientos calculados. Sus dedos recorrieron mis hombros, bajando por mi pecho con una familiaridad que antes me resultaba agradable, pero que hoy me produce una punzada de irritación. Se sentó en el borde de mi mesa, cruzando sus piernas largas, dejando que su falda subiera lo suficiente para ser una invitación clara.

"Ya no está ella para estorbar, Alaric". Ronroneó, inclinándose hacia mí, sus ojos brillando con esa chispa sibilina que antes confundí con astucia.

"Esa... cosa se ha ido. Es el momento de que hagas lo correcto. Reclámame. Hazme tu Luna ahora. No hay nada que impida nuestra felicidad" La miré. Nora es una loba de linaje puro, hermosa, de una casta impecable. Es lo que siempre busqué. Sin embargo, al verla allí, exigiendo un trono que ni siquiera se ha ganado, una comparación amarga surgió en mi mente. Iraida nunca exigió nada. Ella simplemente era. Durante años, Iraida manejó las finanzas de la manada, organizó las defensas y mantuvo la paz entre las facciones más rebeldes sin que nadie se lo pidiera, solo por el bienestar del linaje. Nora, en cambio, solo sabe gastar recursos y sembrar cizaña.

"Es demasiado pronto, Nora". Dije, apartando su mano de mi cuello.

"Acabo de romper un vínculo de la Diosa. El linaje necesita estabilidad, no un cambio impulsivo.

"¿Impulsivo?". Ella soltó una risita burlona.

"Hemos esperado meses por esto. Aquella híbrida era una mancha en tu reputación. Ahora que la has borrado, ¿qué te detiene? ¿O es que te arrepientes de haber echado a la "sangre sucia"?".

"No me arrepiento de proteger la pureza de mi trono". Respondí con dureza, aunque mi lobo me mordió el alma en respuesta.

"Pero organizar una coronación lleva tiempo. No es algo que se haga en una tarde entre sábanas". Nora bufó, levantándose con un gesto de fastidio. Sus ojos se entrecerraron, revelando la verdadera ambición que esconde tras su fachada de amante devota.

"No me hagas esperar demasiado, Alaric. La manada espera una reina, y yo soy la única opción digna que tienes". Salió del despacho dando un portazo que hizo vibrar los cristales. Me dejé caer en mi silla, frotándome las sienes. Se que Nora no dejará de insistir. Se que ella no es apta para el peso de la corona, pero mi prejuicio sigue siendo mi ancla. Prefiero a una loba mediocre pero pura que a una líder excepcional pero "manchada". ¿Verdad?. Un golpe firme en la puerta interrumpió mis pensamientos.

"Adelante". Ordené, recuperando mi postura de Alfa. El Delta de la manada, Alex, entró con una expresión de desconcierto. Detrás de él, una figura envuelta en una capa de viaje oscura lo sigue con pasos silenciosos pero pesados, cargados de una autoridad que no esperaba.

"Alfa". Dijo Alex, inclinando brevemente la cabeza

"El Consejo de Ancianos ha enviado al reemplazo para el puesto de Beta que quedó vacante tras la última batalla. Aquí está". La figura dio un paso al frente y se quitó la capucha. Me quedé helado.

No es un hombre. Es una mujer de cabello cobrizo y ojos de un azul que parecen chispazos de tormenta. Su olor me golpeó de inmediato: bosque, lluvia y... algo más. Algo que no es solo lobo. Hay un rastro de magia antigua, de energía arcana que flota a su alrededor.

"Soy Freya". Dijo ella, con una voz clara y sin rastro de sumisión

"Tu nueva Beta". Me puse de pie de un salto, la furia estallando en mis venas. ¿Esuna broma de la Diosa? ¿Otra vez?.

"¿Una mujer?". Escupí con desprecio.

"¿Y otra híbrida? Alex, saca a esta mujer de mi vista. No aceptaré a otra aberración en mi círculo íntimo. Ya tuve suficiente con una híbrida que creía que podía ser Luna. No necesito a otra que juegue a ser guerrera". Sentí el poder de mi voz de Alfa llenar la habitación, una presión que debería haberla puesto de rodillas. Pero Freya ni siquiera parpadeó. Dio un paso hacia mi escritorio, apoyando sus manos sobre la madera, desafiándome con la mirada.

"Escúchame bien, Alaric Vance". Dijo Freya, y su voz tiene un eco vibrante, casi místico.

"He superado las pruebas de las cuatros grandes manadas, he sobrevivido a emboscadas que habrían matado a tus mejores guerreros y tengo el sello del Consejo de Ancianos. Soy hija de un Alfa y de una Suma Sacerdotisa de los Magos. Si crees que puedes menospreciarme por lo que hay en mi sangre o por lo que tengo entre las piernas, estás más ciego de lo que dicen los rumores".

"¡Te atreves a hablarme así en mi propio territorio". Rugí, mis ojos volviéndose dorados.

"Me atrevo porque no soy tu sumisa ni tu mascota". Respondió ella, sin retroceder un milímetro.

"Sé lo que hiciste anoche. Sé que rechazaste a tu alma gemela solo por tus prejuicios estúpidos. Y ahora estás aquí, ahogándote en tu propia bilis, tratando de pagar tu frustración conmigo". Se acercó un poco más, bajando la voz a un susurro peligroso que podria cortar como el hielo.

"Iraida Hale es demasiado buena para este lugar, y tú lo sabes. Has desafiado a la Diosa Luna por orgullo, y eso te costará muy caro, Rey Alfa. No dejes que tu odio por lo que no entiendes te haga perder al único apoyo que te queda. He venido a ser tu Beta, no tu saco de boxeo. Si quieres un Beta que sea un perro faldero, busca a otro. Si quieres a alguien que mantenga tu reino en pie mientras tú te desmoronas por haber perdido a tu Luna, entonces siéntate y empieza a trabajar". El silencio que siguió fue denso. Alex mira al suelo, conteniendo la respiración. Yo tiemblo de rabia, pero bajo ese odio, una verdad incómoda empezó a emerger. Freya tiene razón. Estoy buscando un culpable para el vacío que Iraida hab dejado, y mi terquedad me está empujando a un abismo de soledad.

"Tienes tres días para demostrar que vales algo, híbrida". Dije entre dientes, sentándome de nuevo.

"Si fallas en una sola orden, te cortaré la cabeza yo mismo". Freya sonrió, una sonrisa carente de calidez.

"Eso espero, Alaric. Porque si yo no fallo, el único que quedará como un estúpido frente a toda la nación sobrenatural serás tú"

Salió del despacho con la misma arrogancia con la que había entrado. Me quedé mirando la puerta, sintiendo cómo el mundo que yo creía tener bajo control se desgrana entre mis dedos. Iraida se ha ido, Nora me asfixiaba y ahora tengo a una Beta que me recuerda, en cada respiración, el error que cometí bajo la luz de la luna. Mi lobo aulló en la oscuridad de mi mente. No es un aullido de guerra. Es un lamento.

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