Mundo ficciónIniciar sesiónÉl me llamó 'peso muerto' el primer día. Ahora, no puede dejar de mirarme." Amber Harrison era la reina de la preparatoria hasta que la vida la rompió. Un divorcio cruel, la pérdida de sus hijos y un cuerpo que ya no reconoce. Huyó buscando paz, pero terminó en la mansión de Tyler Fox: un CEO de hielo que la juzga por sus curvas y la desprecia por su pasado. Ella es solo la niñera. Él es el hombre que juró no volver a amar. Pero entre discusiones a gritos y roces eléctricos en la oscuridad, un secreto está a punto de estallar: Los hijos que ella lloró como muertos, duermen bajo el mismo techo que ella... y Tyler no tiene idea de que está durmiendo con la verdadera madre.
Leer másLa gala benéfica del Museo de Arte Moderno era un despliegue de hipocresía envuelto en esmoquin y vestidos de seda. El aire estaba saturado de perfumes caros y del tintineo constante de las copas de cristal, un sonido que me recordaba a la fragilidad de mi propia paz. Caminé del brazo de Andrés Black, sintiendo su presencia sólida a mi lado como un ancla en medio de un mar de tiburones.Llevaba un vestido de terciopelo verde bosque que abrazaba mis curvas, un diseño que Andrés mismo me había animado a elegir. Sin embargo, no importaba cuánto hubiera crecido mi confianza en las últimas semanas; la alta sociedad tiene una memoria cruel y una lengua aún más afilada.Mientras atravesábamos el salón principal, sentí dos pares de ojos quemándome la espalda. A la izquierda, Tyler, apoyado contra una columna, me observaba con una mezcla de arrepentimiento y una posesividad oscura que me erizaba la piel. A la derecha, James, con la mandíbula tensa y una mirada cargada de secretos que aún no lo
El restaurante seguía vibrando con el eco de la confrontación. James se había ido como un huracán, dejando tras de sí un rastro de promesas crípticas y una tensión que se podía cortar con un cuchillo de mesa. Andrés y Amber habían salido poco después, dejándome a mí, el gran Tyler Fox, de pie en medio de la sala, sintiendo cómo el mundo se burlaba de mi supuesta omnipotencia.Me desplomé en la silla, agarrando la botella de vino tinto y sirviéndome una copa que rebosó sobre el mantel blanco. Mis manos temblaban, no de miedo, sino de una furia animal que me quemaba las entrañas.—¿Con qué derecho? —rugí, golpeando la mesa con el puño—. ¿Con qué maldito derecho James Moon entra aquí y abraza a mi mujer? ¿Con qué derecho dice que quiere a mi hijo? ¡Es MI hijo! ¡Lleva mi sangre, maldita sea!Un silencio sepulcral cayó sobre la mesa. Noah intercambió una mirada de cansancio con Dominic, mientras Emma y Cloe me observaban con una frialdad que me hizo sentir como si estuviera bajo un microsc
El sonido del monitor de la clínica todavía resonaba en mis oídos como una melodía de esperanza. Ver esa pequeña mancha en la pantalla, escuchar el latido galopante de un corazón que depende enteramente de mí, me devolvió una fuerza que creía perdida en el asfalto mojado de la mansión Fox. Salí del consultorio respirando hondo, sintiendo que el aire por fin llegaba a mis pulmones sin quemar.Andrés me esperaba en la sala de espera, luciendo impecable en su traje oscuro, pero con una expresión inusualmente suave. Al verme, se levantó y me entregó una caja pequeña, envuelta en papel de seda plateado.—Para el futuro socio mayoritario de Black Group —dijo con esa sonrisa coqueta que ahora me resultaba reconfortante—. No pude evitarlo al pasar por la tienda de la esquina.Abrí el regalo con cuidado. Era un par de patucos de lana blanca, tan pequeños que cabían en la palma de mi mano. Sentí un nudo en la garganta. Tyler me había llamado traidora por este bebé; Andrés le estaba comprando su
Entré en la mansión como un espectro que recorre su propio mausoleo. El eco de mis pasos sobre el mármol de la entrada me devolvía una verdad que me taladraba el cráneo: Leo y Mia. Los niños que yo había bañado, los que habían llorado en mi hombro, los que llevaban mi apellido... eran la carne y la sangre de James Moon. Y lo más doloroso, eran los hijos que Amber creía enterrados bajo una lápida fría.—¡Papá! —el grito de Mia me sacó de mi trance.Los vi en el salón principal. Estaban sentados en la alfombra, rodeados de juguetes que no habían tocado. Sus rostros, antes llenos de la luz que Amber les devolvió, ahora estaban apagados, marcados por una tristeza que ningún lujo podía curar. Leo se puso de pie, con los puños apretados, mirándome con una mezcla de súplica y reproche.—¿Dónde está ella, papá? —preguntó Leo, su voz de niño tratando de sonar firme—. Dijiste que volvería. Dijiste que solo era un tiempo. ¡Queremos a Amber! ¡Esa señora que está arriba no nos deja salir!Me arrod
Último capítulo