Mundo ficciónIniciar sesiónÉl me llamó 'peso muerto' el primer día. Ahora, no puede dejar de mirarme." Amber Harrison era la reina de la preparatoria hasta que la vida la rompió. Un divorcio cruel, la pérdida de sus hijos y un cuerpo que ya no reconoce. Huyó buscando paz, pero terminó en la mansión de Tyler Fox: un CEO de hielo que la juzga por sus curvas y la desprecia por su pasado. Ella es solo la niñera. Él es el hombre que juró no volver a amar. Pero entre discusiones a gritos y roces eléctricos en la oscuridad, un secreto está a punto de estallar: Los hijos que ella lloró como muertos, duermen bajo el mismo techo que ella... y Tyler no tiene idea de que está durmiendo con la verdadera madre.
Leer másDe repente empieza a escucharse el sonido del timbre una y otra vez sin parar y Kiara Hearts que estaba dormida, abre los ojos aturdida, sintiendo como si su cabeza fuera a estallar por el dolor y el molesto sonido del timbre.
Miró la hora confundida, no recordaba como se había quedado dormida anoche, lo último que podía recordar era que estaba con su hermana que había venido a verla de sorpresa, pero ya había amanecido y no esperaba a nadie, no entendía quien podía ser tan molesto como para tocar el timbre con tanta insistencia. Sin más remedio, queriendo que el molesto sonido se apagara se dirigió a abrir la puerta y al hacerlo se sorprendió al ver las personas que se encontraban al otro lado. — Kiara Hearts queda detenida por intento de homicidio de Sara Davis y de Ava Hearts, debe acompañarnos a la estación. — Dijo el oficial dejándola conmocionada. No entendía nada, no sabía de que le estaban hablando y sentía que esto solo podía ser una broma, ella nunca le haría daño a nadie, mucho menos a la hermana de su esposo que esperaba un bebé y para ella era una gran amiga. — ¿Esto es una broma? ¿De que habla? — Cuestionó frunciendo el ceño desconcertada, aún se mantenía tranquila porque pensaba que alguien debía estarle haciendo una broma demasiado cruel, no podía ser otra cosa que eso, una broma cruel. — No finja demencia, lo que hizo es horrible, ayer lastimó a dos mujeres inocentes sin piedad, no le importó ni siquiera que una de ellas estaba embarazada. — Masculló uno de los policías mirándola con desdén y en ese instante Kiara sintió como un escalofrío recorría su espina dorsal, al mismo tiempo que sus manos empezaban a temblar al darse cuenta que esto no se trataba de ninguna broma, los policías hablaban en serio, pero pese a eso ella no entendía que estaba ocurriendo en realidad. ¿Por qué la estaban culpando a ella de hacer algo así? Ella no había salido en ningún momento de su penthouse ayer, solo había querido descansar y dormir todo el día, ya que los abuelos de su hija habían venido a llevársela, no tenía ganas de dejarla ir sola porque le preocupaba mucho su pequeña, pero sabía muy bien que sus suegros eran muy responsables y adoraban a Alyssa. Además ella estaba un poco más cansada, lidiar con la enfermedad de su pequeña era demasiado agotador, tanto física como emocionalmente. Pero nunca esperó que su día de relajación, lo usarán para culparla de un delito que no cometió. — Esto… esto debe ser un error necesito llamar a mi esposo primero. — Tartamudeo confundida y ansiosa, sin dejar de temblar y con sus ojos empezando a humedecerse, intentando encontrarle alguna explicación en su mente a esta acusación, sentía que había algo muy malo sucediendo y no sabía cómo mantener las cosas bajo control. Estaba segura de que ella no podría haber hecho algo así, pero, ¿Por qué razón la estaban acusando a ella de un acto tan despiadado? Su mente estaba hecha un caos y sentía un peso en su pecho que no podía explicar. Uno de los policías le dio una mirada llena de hostilidad y al darse cuenta que ella no se movía, solo parecía ida mientras las lágrimas se deslizaban por su rostro, la tomó del brazo con fuerza para ponerle las esposas y arrastrarla por la fuerza con la ayuda de su compañero luego de decirle sus derechos. Sin embargo Kiara seguía sollozando, sin poder salir de su shock inicial, pensando que esto debía ser un error que debía arreglarse cuando llegara a la estación, solo tenía que llamar a Dereck y él la ayudaría, pero aún así se sentía llena de incomodidad, su corazón no estaba tranquilo, mucho menos al ser tratada con tanta crueldad por primera vez. Sin embargo cuando salieron de su edificio y vio que Dereck bajaba de un auto apresurado luciendo tan imponente y atractivo como siempre, su increíble altura de un metro noventa, su figura musculosa, su piel blanca y perfecta y esos ojos negros tan profundos siempre lo hacían destacar entre la multitud. Desde la primera vez que lo vio sintió que estaba viendo a un ser divino, tan poderoso como un Dios y hoy lo veía como a su salvador. Pronto se dio cuenta que su suegro, Jared también lo acompañaba con una mirada filosa. — Mi amor por favor dile a estos hombres que me suelten de inmediato. — Gritó ella, pero lo que no esperaba fue que cuando Dereck se acercó los ojos que antes la veían con amor ahora la miraban con un profundo odio que helaba los huesos. Cuando él estaba cerca de ella, mirándola con frialdad, Kiara empezó a sentir que el aire no llegaba a sus pulmones, que se estaba asfixiando porque en esos hermosos ojos no parecía haber ni un poco de amor, solo un intenso odio que la aterraba. Se negaba a creer que su esposo pudiera odiarla, quería pensar que solo estaba paranoica por lo que le estaba ocurriendo, pero las palabras que él pronunció dejaron más claro este hecho. — Kiara eres realmente inhumana, una bestia tiene más corazón que tú, tan despiadada, ¿Cómo pudiste hacerle daño a mi hermana y a Sara? — Preguntó Dereck apretando los dientes mientras la miraba con furia y Kiara sentía que ni siquiera podía hablar, aturdida al darse cuenta que su amado esposo la creía culpable. — No se cómo no pude darme cuenta antes de quien eras, pero pagarás por lo que hiciste, ya no quiero tener nada que ver contigo nunca más, nos vamos a divorciar y espero que te pudras en la cárcel. — Rugió Dereck con la rabia carcomiéndolo desde las entrañas y le dio la espalda, no soportaba verla fingir ser inocente y llorar después de lo que hizo. No podía creer que a la mujer que había decidido convertir en su esposa, la madre de su hija, pudiera hacerle daño a su familia e incluso a personas inocentes y todo por celos. La odiaba por lo que hizo y se odiaba a si mismo por haberse enamorado de ella y hacerla parte de su vida, trayendo así la desgracia a su familia. La había amado tanto, pero después de saber lo que ella era capaz, ese amor se convirtió en odio y arrepentimiento. Se arrepentía de haberla amado, de casarse con ella y de permitir que lastimara a su hermana. Su corazón no dolía solo por lo que le sucedió a Ava, si no también por la muerte del amor que tuvo por su esposa. Efectivamente ella era una asesina, asesinó al bebé en el vientre de Ava y también el corazón de Dereck. Kiara sintió que cada palabra de Dereck se clavaba como una estaca en su corazón, llenándola de un dolor que apenas podía aguantar sin desmayarse. No podía aceptar que el hombre con quién se había casado, el dueño de su corazón no creyera en ella ahora que tanto lo necesitaba y solo quería deshacerse de ella. — Mi amor yo te juro que no…— Murmuró sintiéndose perdida en este instante, sintiendo su alma y corazón en llamas porque ni siquiera su esposo creía en su inocencia, pero antes de que pudiera terminar sus palabras sintió una patada por detrás, que la hizo caer de rodillas y uno de los policías puso las manos sobre sus hombros para impedirle levantarse mientras su suegro se acercaba. — Te aceptamos como una más en la familia, desde que te casaste con Dereck no recibiste más que buenos tratos de nuestras parte, pero te atreviste a lastimar a mi hija, mi hija esta debatiéndose entre la vida y la muerte al igual que Sara y mi nieto al cual solo le faltaban dos meses para nacer murió, eres una asesina y me encargaré de que te juzguen como tal. — Masculló Jared mirándola con desprecio y asco. Kiara al escucharlo empezó a negar con la cabeza desesperada, las palabras de su suegro estaban terminando de destrozarla y llenándola de miedo. Ella adoraba a la familia de su esposo, ellos siempre la habían tratado como una más de su familia, siempre habían sido increíbles con ella desde el primer momento, pero ahora la odiaba y querían condenarla por algo que no hizo. Lo estaba perdiendo todo y se sentía perdida, porque ni siquiera entendía por qué le estaba pasando esto… — No, yo no lo hice, tienen que escucharme. — Suplicó a los dos, ella adoraba a Ava, adoraba ser parte de esta familia que la habían hecho feliz y la habían apoyado mucho en este tiempo que su hija ha estado enferma. Solo tenía agradecimiento hacia ellos y nunca podría hacerle daño a nadie. Jared no pudo soportar verla llorar, pensando que estaba fingiendo ser inocente y buscando que le tuvieran lástima, por lo que la abofeteo con fuerza antes de que ella pudiera decir algo más y la cara de Kiara se volteó por completo, no había caído hacia un lado solo porque los policías la tenían sostenida con firmeza, pero su boca había empezado a sangrar y volteó a mirar a Jared, su suegro que pese a que era serio, nunca había sido malo con ella y por la forma en la que trataba a su esposa e hija se veía lo mucho que respetaba a las mujeres y ahora la había golpeado sin ninguna piedad. Sentía que todo esto debía ser una terrible pesadilla de la que estaba ansiosa por despertar, pero no lo conseguía, no lograba que este mal sueño se terminara pese al dolor que estaba recorriendo su cara debido a la bofetada de su suegro. Dereck escuchó el golpe y su cuerpo se tensó, pero no hizo nada, solo permaneció de espaldas. — Tú vas a conocer lo que es el infierno. — Rugió Jared antes de abofetearla otra vez y Kiara solo recibió el golpe aturdida, pese a que su rostro dolía, ese dolor nunca podría comprarse con el de su alma y corazón. Sentía como si una granada acabara de explotar en su interior destrozándola por completo, acabando con todo a su paso y el dolor era ensordecedor. Nunca imaginó que estuviera siendo golpeada y el hombre que amaba, a quién siempre vio como su caballero andante no hiciera nada para defenderla. Y de cierta manera se sentía traicionada, porque él no solo no creía en ella, sino que ni siquiera le importaba que estuviera siendo maltratada en su presencia. Dolía tanto… — Papá ya vámonos, los policías se encargarán de llevarla a la estación y los abogados harán lo demás, vamos con Ava. — Dijo Dereck, pese al odio que sentía no podía soportar que Kiara fuera golpeada, siempre odió verla lastimada o llorando, por eso ni siquiera volteó a mirarla. Jared le dio otra mirada llena de odio a Kiara y empezó a dirigirse al auto sin decir otra palabra, al igual que Dereck. Kiara intentó llamar el nombre de su esposo de nuevo antes de que se subiera al auto, pero no consiguió que las palabras salieran de su boca o tal vez si salieron, pero él las ignoró y ella solo pudo ver el auto alejarse mientras sentía como si la acabarán de destrozar por dentro. Y entendió que no había una luz al final del túnel, su esposo y la familia de él la creían culpable, no la ayudarían de ninguna manera, solo querían hundirla, hacerla vivir un infierno. Pero, ¿Si ella era encarcelada que pasaría con su pequeña hija que tanto la necesitaba? Esa era su preocupación y dolor más grande. No podía dejar a Alyssa, no en este momento.El ambiente idílico de la mañana se evaporó con la misma rapidez con la que una nube tapa el sol. Todo ocurrió en un segundo: un juego de carreras en el jardín, un pie que tropezó con una raíz y el llanto agudo de Mia que rompió la paz de la mansión.Para cuando Amber logró limpiar la pequeña rodilla de la niña y ponerle una venda de superhéroes, Tyler ya estaba allí, bajando las escaleras de la terraza como un huracán de furia contenida. Silas y noah observaban desde lejos, intercambiando miradas de "esto va a doler".—¡Harrison! —el grito de Tyler hizo que los pájaros salieran volando de los árboles—. ¡A mi despacho. Ahora!Amber apretó los labios, le dio un beso en la frente a Mia y caminó hacia la boca del lobo. En cuanto cerró la puerta del despacho, Tyler se giró, con los ojos echando chispas.—¿Te parece divertido? —preguntó él, su voz era un látigo—. Te pago una fortuna para que los cuides, no para que los conviertas en extras de una película de supervivencia. ¡Mia está sangra
La tormenta no avisó. A las dos de la mañana, un rayo rasgó el cielo de Sarasota con una violencia tal que los cristales de la mansión vibraron. Segundos después, la puerta de la habitación de Amber se abrió de par en par.—¡Amber! ¡El cielo se está rompiendo! —gritó Leo, trepando a su cama con los ojos como platos. Tras él, Mia lloraba en silencio, apretando su oso de peluche contra el pecho.—Vengan aquí, pequeños. Solo es el cielo haciendo una mudanza de nubes —susurró Amber, envolviéndolos en un abrazo.Pero un segundo trueno, mucho más fuerte, hizo que las luces de la mansión parpadearan y se apagaran. La habitación quedó sumida en una oscuridad total, rota solo por los relámpagos. En el pasillo, se escucharon pasos apresurados. Tyler apareció en el umbral, iluminado por la linterna de su teléfono.—¿Están aquí? —Su voz sonaba agitada, perdiendo por completo la compostura de CEO.—Estamos bien, señor Fox —respondió Amber desde la cama—. Pero están muy asustados.Tyler se acercó.
El sol de Sarasota era un bálsamo que Amber no sabía cuánto necesitaba. En la playa privada de la mansión, Leo y Mia corrían como si acabaran de descubrir que el mundo no tenía paredes de cristal.—¡Amber! ¡Mira! ¡He encontrado un cangrejo que se llama Jorge! —gritó Leo, sosteniendo un cubo de plástico con un entusiasmo contagioso.—¡Pobre Jorge, Leo! Déjalo que vuelva con su familia antes de que pida un abogado —rio Amber, sacudiéndose la arena de sus shorts.A unos metros, instaladas bajo una sombrilla gigante con neveras llenas de fruta y bebidas heladas, estaban Casandra y Emma. Ambas miraban la escena con las mandíbulas desencajadas.—Dime que no es cierto —murmuró Casandra, ajustándose las gafas de sol—. ¿Esos son los "pequeños demonios" de los que todo el mundo habla? Parecen ángeles de anuncio de cereales.—Es el efecto Harrison —respondió Emma, chocando su copa de agua de coco con la de Casandra—. Amber siempre tuvo ese don. Mira cómo la miran. Como si fuera el sol.Mia se ac
Amber se detuvo frente a la puerta de madera maciza con el número 4-B grabado en plata. Inhaló profundamente, tratando de ignorar el eco de las palabras de Tyler Fox en su cabeza. «Peso muerto». Si ese hombre creía que un par de niños difíciles iban a quebrarla después de lo que ella había sobrevivido, estaba muy equivocado.Abrió la puerta y, por un segundo, pensó que había entrado en una zona de guerra.—¡No! ¡Dije que el dragón no puede volar si no tiene alas de fuego! —gritó un niño pequeño, Leo, mientras lanzaba un cojín de plumas que explotó contra la pared.—¡Pero el dragón es mío y yo digo que nada! —le respondió una niña de rizos oscuros, Mia, que estaba subida encima de una otomana de terciopelo, blandiendo un pincel lleno de pintura azul.El caos era absoluto. Había piezas de Lego esparcidas como minas terrestres, papel rasgado y una mancha sospechosa de mermelada en la alfombra blanca.—Vaya... —murmuró Amber, esquivando un coche de juguete que pasó rozando sus tobillos—.
La mansión de Tyler Fox no era una casa; era una declaración de guerra arquitectónica. Vidrio, acero y ángulos tan afilados que parecían capaces de cortar el viento de la costa. Amber alisó su vestido azul marino, el que Emma le había obligado a comprar, y trató de ignorar cómo sus manos sudaban contra la tela.Cuando las puertas automáticas se abrieron, el silencio del vestíbulo la golpeó. No había juguetes tirados, ni risas, ni rastro de que allí vivieran niños. Solo el aroma a sándalo y una limpieza quirúrgica.—Suba las escaleras. Segunda puerta a la izquierda. No toque nada —le indicó un mayordomo que parecía tener menos alma que el mármol del suelo.Amber obedeció. Al entrar al despacho, la vista del océano a través del ventanal era impresionante, pero lo que realmente le quitó el aliento fue el hombre sentado tras el escritorio de cristal. Tyler Fox tenía el cabello oscuro perfectamente peinado y unos ojos grises que la escanearon con la eficiencia de un rayo X.—Llega dos minu
El aire de la costa de Sarasota no olía a hospital ni a flores marchitas de cementerio; olía a salitre, a bloqueador solar de coco y a una libertad que a Amber le escocía en los pulmones. Tras cruzar la frontera y dejar atrás las cenizas de su vida con James Moon, el horizonte azul del Golfo de México parecía el único remedio posible.¡Si vuelves a suspirar como una heroína de novela victoriana, te juro que te hundo la cabeza en la margarita! —exclamó Casandra, ajustándose unas gafas de sol que costaban más que el alquiler de AmberLas tres estaban sentadas en un bar frente a la playa, con los pies enterrados en la arena blanca. Emma, la más analítica del grupo desde sus días en la universidad, le dio un sorbo a su copa y asintió.—Cas tiene razón, Am. Llevas tres estados mirando por la ventana como si estuvieras esperando que el fantasma de tu ex aparezca en el retrovisor. James Moon es un idiota, y el divorcio es tu pase de salida de la morgue emocional en la que vivías.Amber esboz
Último capítulo