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Capítulo 6: Heridas, Gritos y el Aliento del Deseo

El ambiente idílico de la mañana se evaporó con la misma rapidez con la que una nube tapa el sol. Todo ocurrió en un segundo: un juego de carreras en el jardín, un pie que tropezó con una raíz y el llanto agudo de Mia que rompió la paz de la mansión.

Para cuando Amber logró limpiar la pequeña rodilla de la niña y ponerle una venda de superhéroes, Tyler ya estaba allí, bajando las escaleras de la terraza como un huracán de furia contenida. Silas y noah observaban desde lejos, intercambiando miradas de "esto va a doler".

—¡Harrison! —el grito de Tyler hizo que los pájaros salieran volando de los árboles—. ¡A mi despacho. Ahora!

Amber apretó los labios, le dio un beso en la frente a Mia y caminó hacia la boca del lobo. En cuanto cerró la puerta del despacho, Tyler se giró, con los ojos echando chispas.

—¿Te parece divertido? —preguntó él, su voz era un látigo—. Te pago una fortuna para que los cuides, no para que los conviertas en extras de una película de supervivencia. ¡Mia está sangrando!

—Es un raspón, Tyler. ¡Un raspón! —respondió Amber, subiendo el tono, algo que nadie se atrevía a hacer con él—. Los niños corren, se caen y se levantan. Eso se llama vivir. Algo que parece que tú olvidaste hace mucho tiempo tras tus paredes de cristal.

—¡No me hables de vivir! —él se acercó a ella, invadiendo su espacio personal hasta que Amber chocó contra el borde del escritorio—. Mi trabajo es mantenerlos a salvo. Tu trabajo es evitar que se rompan. Si no puedes controlar a una niña de cinco años en un jardín llano, ¿qué demonios haces aquí? ¿O es que estabas demasiado ocupada coqueteando con mis socios?

La bofetada verbal dejó a Amber sin aliento. El dolor del insulto se transformó en una rabia líquida.

—¿Coquetear? —Amber soltó una risa amarga, dando un paso adelante, pegando su pecho al de él, desafiante—. Eres un cínico. Estaba cuidando a tus hijos, dándoles la infancia que tú les niegas por miedo a que se ensucien el apellido. No eres un padre protector, Tyler, eres un carcelero asustado.

—¡Cállate! —rugió él, agarrándola de los hombros.

La fuerza del agarre no era violenta, sino desesperada. El silencio que siguió fue atronador. Estaban tan cerca que Amber podía ver las vetas doradas en sus ojos grises, dilatados por la adrenalina y por algo mucho más oscuro.

—¿Por qué me haces esto? —susurró Tyler, su voz quebrándose de repente—. ¿Por qué entras aquí con tus risas y tus curvas y haces que todo lo que construí para protegerme parezca una basura?

—Porque no estás protegido —susurró ella, con el corazón golpeando su pecho como un tambor—. Estás solo.

Tyler bajó la mirada a los labios de Amber. El aire entre ellos se volvió denso, eléctrico, casi imposible de respirar. Sus manos bajaron de los hombros a su cuello, sus pulgares rozando su mandíbula. Amber no retrocedió; al contrario, se inclinó hacia él, embriagada por el aroma a sándalo y peligro.

Él acortó la distancia. Fue un roce lento, una tortura. Sus labios no se sellaron del todo, pero se rozaron con la suavidad de una caricia prohibida. El aliento de Tyler, cálido y con sabor a café amargo, se mezcló con el de ella. Amber soltó un pequeño suspiro, cerrando los ojos, esperando el impacto final.

Tyler estaba a milímetros de devorarla cuando, de pronto, su frente chocó suavemente contra la de ella. Se quedó ahí, respirando con dificultad, con los labios todavía rozando los de ella en cada palabra.

—Vete de aquí, Harrison —susurró él contra su boca, una orden que sonaba a súplica—. Vete antes de que cometa el error de no dejarte salir nunca de este despacho.

Amber abrió los ojos, viendo el conflicto interno que destrozaba al hombre de hielo. Sin decir una palabra, se soltó de su agarre y caminó hacia la puerta con las piernas temblando.

Al salir, se encontró con Noah apoyado en la pared del pasillo. El hombre la miró de arriba abajo, notando su respiración agitada y sus labios ligeramente hinchados.

—Vaya... —murmuró Noah con una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Parece que la tormenta de anoche no fue nada comparada con la que acaba de estallar ahí dentro. Ten cuidado, Amber. Tyler no sabe cómo perder, y tú pareces ser el premio que no sabía que quería.

Amber no respondió y siguió caminando, sabiendo que el roce de esos labios la perseguiría en sus sueños, mucho más que cualquier trueno.

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