El sonido del monitor de la clínica todavía resonaba en mis oídos como una melodía de esperanza. Ver esa pequeña mancha en la pantalla, escuchar el latido galopante de un corazón que depende enteramente de mí, me devolvió una fuerza que creía perdida en el asfalto mojado de la mansión Fox. Salí del consultorio respirando hondo, sintiendo que el aire por fin llegaba a mis pulmones sin quemar.
Andrés me esperaba en la sala de espera, luciendo impecable en su traje oscuro, pero con una expresión i