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Capítulo 7: Mar de Fondo y Secretos bajo el Sol

 

El yate de Tyler, el Fox’s Legacy, cortaba las olas del Golfo como una cuchilla de plata. Tras la explosión en el despacho, Tyler había decidido que "necesitaban aire", aunque todos sabían que era su manera de pedir disculpas sin tener que usar la palabra.

Para que el ambiente no fuera un campo de minas, la invitación se extendió. Dominic y Sasha ya estaban en la cubierta, luciendo bermudas de marca y gafas de sol, mientras que Casandra y Emma habían llegado como un torbellino de risas y protectores solares.

—¡Es un barco gigante! —gritaba Leo, corriendo por la cubierta con su chaleco salvavidas puesto.

—¡Amber, vamos a cambiarnos! ¡Papá dice que el agua está perfecta! —insistió Mia, tirando de la mano de Amber hacia los camarotes.

Amber sintió un nudo en el estómago. Miró de reojo a Tyler, que estaba en el puente de mando, pero su mirada gris la estaba observando fijamente.

—Yo... no creo que nade, Mia. Me quedaré aquí con el bloqueador —intentó decir Amber, pensando en las curvas que James tanto había criticado y en las marcas que el dolor había dejado en su confianza.

—¡No seas aburrida, Am! —intervino Casandra, que ya lucía un bikini de infarto—. Emma y yo te trajimos ese conjunto que compramos ayer. ¡Te vas a ver espectacular!

—¡Sí, Amber! ¡Tú dijiste que las sirenas no tienen miedo al agua! —sentenció Mia con las manos en las caderas.

Diez minutos después, Amber salió del camarote con un traje de baño de una pieza, de un color verde esmeralda profundo que resaltaba su piel y abrazaba sus curvas con elegancia. Se sentía vulnerable, cubriéndose con una salida de baño transparente mientras subía a cubierta.

Tyler, que estaba bebiendo agua mientras escuchaba una broma de Sasha, estuvo a punto de atragantarse. Sus ojos recorrieron la figura de Amber con una intensidad que hizo que Dominic soltara una risita burlona.

—Cierra la boca, Fox, que te van a entrar moscas —susurró Dominic, dándole un codazo.

—Cállate, Dominic —gruñó Tyler, pero su nerviosismo era evidente. Se ajustó las gafas de sol tres veces y casi tropieza con una de las sillas de cubierta al intentar acercarse a la nevera.

—¡Miren a Amber! ¡Parece una reina! —gritó Mia, lanzándose al agua (sujeta por un arnés de seguridad) mientras Tyler se quedaba paralizado frente a la niñera.

—Te ves... —Tyler comenzó a hablar, su voz era ronca y el aire parecía haber desaparecido de sus pulmones—. Te ves muy bien, Harrison.

—Gracias —respondió ella, sintiendo que sus mejillas ardían más que por el sol—. Pensé que me diría que mi traje de baño es una "distracción innecesaria" para la eficiencia del barco.

Tyler dio un paso hacia ella, olvidando por completo que sus amigos y las amigas de ella estaban a menos de tres metros, fingiendo que no escuchaban.

—Lo es —murmuró él, bajando la voz solo para ella—. Es una distracción absoluta. No he podido concentrarme en el timón desde que pusiste un pie en esta cubierta.

La tensión era tan palpable que Emma decidió intervenir para salvar a su amiga del colapso emocional.

—¡Bueno! ¡Menos charla y más agua! —gritó Emma—. ¡Noah, si me tiras agua te juro que te demando por daños y perjuicios!

Noah, el joven arquitecto y mano derecha de Dominic que también había venido, soltó una carcajada. —¡Eres abogada hasta en el mar, Emma! Intenta disfrutar del caos por una vez.

Mientras tanto, en la esquina opuesta, Casandra ya estaba en una guerra dialéctica con Silas, el jefe de seguridad de Tyler. —¿De verdad tienes que estar con esa cara de sargento mientras tomamos el sol, Silas? —preguntó Casandra, aplicándose aceite con provocación.

—Es mi trabajo, señorita —respondió Silas, aunque su mirada se perdía inevitablemente en las piernas de la pelirroja.

—Tu trabajo es aburrido. Deberías aprender de tu jefe, que al menos sabe cuándo dejar de mirar papeles para mirar... otras cosas —dijo ella señalando con la cabeza a Tyler y Amber.

De vuelta al centro del yate, Leo y Mia lograron que Tyler y Amber se sentaran juntos en la plataforma de baño. La química era explosiva; cada vez que el barco se mecía, sus hombros se rozaban, enviando descargas eléctricas a través de sus cuerpos.

—Papá, Amber dice que somos los mejores nadadores del mundo —dijo Leo, salpicando a Tyler.

Tyler rió, una risa real y profunda que hizo que Amber se quedara sin respiración. En ese momento, él la miró con una ternura que no tenía nada que ver con el "CEO de hielo".

—Tal vez tenga razón, Leo —dijo Tyler, mirando a Amber—. Tal vez Amber Harrison tenga razón en muchas cosas que yo no quería ver.

El sol empezaba a bajar, tiñendo el cielo de naranja y violeta. La música sonaba suave de fondo y, por un instante, el pasado de Amber y la frialdad de Tyler parecieron quedar enterrados bajo los granos de arena. No sabían que el destino estaba preparando el regreso de James y Franchesca, pero esa tarde, en mitad del océano, solo existían ellos dos y el latido de un deseo que ya no podían ocultar.

Mia Blair

Dedicado a Yesica Boco.

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