Mundo ficciónIniciar sesiónCONTRATO CON EL ARROGANTE CEO Sinopsis ¿Qué sucede cuando el bien y el mal se cruzan en el mismo camino? En esta batalla inevitable. ¿Quién será más fuerte? El bien luchará por prevalecer, pero ¿podrá realmente derrotar al mal o será consumido por él? Él es un hombre egocéntrico, acostumbrado a tenerlo todo a su disposición: lujos, poder, mujeres. Un demonio moderno que no conoce la piedad, destruyendo todo lo que toca sin miramientos. Es el tipo de hombre que usa su influencia para manipular y controlar el mundo a su alrededor. Ella, en cambio, vive en una burbuja de inocencia. Con un alma pura y un corazón noble, su vida ha sido simple, llena de pequeñas alegrías. No ha conocido la maldad ni el dolor. El mundo, tal como lo ve, es un lugar lleno de bondad, donde lo poco que tiene es suficiente para hacerla feliz. Pero ¿qué pasa cuando dos personas tan diferentes se encuentran? Cuando su burbuja de cristal se rompe y se enfrenta a una realidad cruel, ella descubrirá que el mundo no es lo que creía. Y él aprenderá que hay cosas que el dinero no puede comprar y que el poder no siempre trae consigo la verdadera felicidad. Sus caminos se cruzan por casualidad y lo que comienza como un simple juego termina transformándose en algo mucho más profundo y peligroso. Todo por culpa de una cláusula en un contrato que no vieron venir.
Leer másLa oferta era simple; yo ponía la marca, la estructura y el control operativo; ellos ponían capital y rutas exclusivas. Una expansión que me aseguraba influencia real durante los próximos diez años. Pero había una condición no negociable: yo tenía que estar ahí. Querían ver al tipo que decidió no caerse cuando el viejo murió. No aparecer fue leído como debilidad. Y en ese mundo, la debilidad no se perdona. Se cobra con intereses.Días después, cuando Gabriel estaba más tranquilo volvió a mi oficina como si nada. Demasiado tranquilo. Eso nunca era buena señal. Se dejó caer en la silla frente a mí y me miró.—Casi nos cuesta el puto imperio —dijo—. Para que lo sepas.No respondí. Me limité a beber un whisky.—El inversionista principal es Harrison Blackwood —continuó—. Casado, tiene dos hijos uno de doce y otro de cinco.Religioso con la familia hasta el punto de dar miedo.Exhalé despacio.—¿Y?Gabriel se inclinó hacia adelante.—Y ese cabrón no invierte en hombres brillantes. Inviert
Cuando llegué a la mansión estaba oscureciendo, lo primero que escuché tras cruzar la puerta principal; voces exaltadas. Estaba discutiendo con Gabriel. Empecé a subir las escaleras, cuando escuché pasos apresurados me detuve a mitad de camino. Al verme su expresión mejoró, sonrió.—Señorita Denayt —me saludó Gabriel—, es un placer verte aquí. Lo saludé con un movimiento de cabeza.—¿Está todo bien? Me miró fijamente, pensando bien la respuesta. —No, pero lo estará. Te recomiendo que no saludes a tu esposo —sonrió con sarcasmo —, no está de buen humor. Cuándo lo está. El corazón se me aceleró, me llevé la mano al pecho y lo primero que se me vino a la cabeza; Edmundo nos descubrió. Solo pude mencionar su nombre, Gabriel sonrió con cansancio.—Tranquila, no es nada de eso, es peor. Abrí los ojos, él siguió su camino, entonces por alguna estúpida razón pensé que al caballero de hielo le había pasado algo. Subí tan rápido, que el corazón me martilleaba la cabeza. Cuando lo vi salir
Es horrible no tener a nadie que te pueda salvar cuando sientes que el mundo se te viene encima. Así me sentí en el momento en el que escuché llorar a mis hermanas con tanto miedo. Me sentí tan mal, mi papá no podía morirse y yo con ese resentimiento, me sentí culpable. Estaba sola, no tenía a nadie así que lo único que se me ocurrió fue correr hacia la persona que más odiaba, la que más daño me había hecho, pero la única con el poder de ayudarme.Sentí más miedo por su respuesta. Ese hombre cada vez era más indescifrable, parecía un laberinto en el que entras, pero no puedes salir. Vincent no era el tipo de persona que tuviera actos de caridad, así que no quería ni siquiera pensar de qué manera tendría que pagarle. Luego cuando vi a Gael sentí tantas cosas que no supe descifrar, estaba molesta, él no tenía porqué estar ahí. Así que se me ocurrió la grandiosa idea de abrir mi bocota. Cuando llegamos al hotel estaba aterrada, mi mente me llevó demasiado lejos. Creando escenarios hor
Mis putas barreras se incendiaron.Sus brazos, pequeños, rodearon mi cintura. Su cuerpo temblaba. Su corazón latía tan rápido que por un segundo pensé que se le iba a salir del pecho. No lo pensé, fue un acto reflejo. La única respuesta lógica que encontré en ese instante.Mis brazos la rodearon. Estaba aterrada. Lo sentí al instante. Podía ser por muchas cosas. Por lo que le dijo a Gael. Por enfrentarse a su pasado. Por estar a unos pasos de ver a un padre que odiaba… y que, aun así, seguía siendo su padre. Esa guerra interna. La razón gritándole que lo detestaba.Y ese maldito corazón de pollo susurrándole que seguía siendo su papá. Mi pecho se sobresaltó por un segundo.Era un buen observador. Siempre lo fui. Esa era la única razón por la que había aprendido a entenderla incluso cuando no decía nada. Cuando se quedaba quieta, cuando apretaba los dedos entre sí. Es normal.Eso pasa cuando convives demasiado tiempo con alguien.Repetí.La tomé de los brazos y me alejé. Lo justo pa
Estaba en el despacho de la mansión, preparando unos documentos, en la tarde tenía una reunión demasiado importante. La puerta se abrió con un golpe seco. Me levanté de inmediato, molesto. Iba a decir algo cortante. Pero me congelé cuando la vi acercarse. Tenía las mejillas empapadas de lágrimas, las manos le temblaban. Todos mis sentidos se pusieron en alerta.Se detuvo frente a mí, su pecho subía y bajaba de forma errática, entre sollozos soltó:—¡Ayúdame!No tiene por qué importarme.Me lo repetí.Pero mi cuerpo avanzó. Di un paso hacia ella y algo oscuro empezó a expandirse dentro de mí, lento y peligroso. La recorrí con la mirada, de pies a cabeza, buscando golpes, marcas, cualquier señal. Necesitaba saber que estaba físicamente intacta… aunque no supiera por qué demonios lo necesitaba.—¿Qué pasa? —pregunté, con voz controlada.Se colgó de mi brazo como si fuera lo único sólido en la habitación. Sentí el temblor de sus manos.—Necesito ir a casa —musitó—. Por favor, llévame.
CONTRATO CON EL ARROGANTE CEO.Capítulo 36.Vincent.Subí al tercer piso y me encerré en mi pequeña oficina. Apoyé una mano en el respaldo del sofá. La madera crujió bajo mis dedos apreté con demasiada fuerza. Otra señal de que estaba perdiendo el control… Otra vez.No debí tocar el piano.No debí permitir que nadie lo escuchara.Mucho menos ella. El problema no era Abigail, ni Crane, ni el maldito pasado que me perseguía como un fantasma. El problema era esa pequeña bacteria que se metía donde no debía. Aprendió tan bien que no retrocedía.Me empujaba.Me serví un whisky para quemar esa fea sensación. Pero ni siquiera el alcohol podía apagar lo que sentía, esa presión incómoda que no tenía nombre y que me negaba a bautizar.No quiero que me entiendas.Quiero que respetes los límites.Mentira.Lo que quería era que no los cruzara tan fácil. Que no mirara detrás del hielo y encontrara… Caminé hasta el piano. No lo abrí, ni lo toqué. Solo me quedé ahí, de pie, frente a él, como si fue
Último capítulo