Mundo ficciónIniciar sesiónEmma Spencer estaba enamorada de su jefe. Durante meses mantuvo con él una relación secreta, convencida de que, tal como lo prometió, un día gritaría al mundo que la mujer de su vida era ella. Hasta que descubre que todo era mentira… y que además él está a punto de casarse con otra mujer. Embarazada, herida y desesperada, Emma intenta arruinar ese compromiso, dispuesta a que todos sepan quién es realmente el hombre al que amó. Pero antes de lograrlo, se le presenta una forma distinta de vengarse. Casarse con él tío del hombre que la traicionó. Una decisión impulsiva. Un matrimonio inesperado. Un hombre enigmatico y mayor.
Leer más«Se ha vuelto loco»El pensamiento cruzó la mente de Emma, dejándola paralizada frente a la figura imponente de Benedict. El ruido de la fiesta parecía haberse silenciado ante la magnitud de lo que acababa de proponerle.—¿Qué clase de broma es esta? ¿Pretende burlarse de mí después de todo lo que he pasado? —preguntó ella, luchando contra las ganas de llorar que le quemaban la garganta. La lluvia amenazaba con caer y el frío empezaba a calar en sus huesos, pero la mirada de Benedict era mucho más gélida. Él encendió un nuevo cigarro y soltó una bocanada de humo, después la observó con una calma que rayaba en lo cruel, sin inmutarse por su indignación.—Parece que eres tú misma quien desea que se burlen de ti, señorita Spencer —respondió Benedict con voz monótona—. Solo piénsalo por un segundo: entrar ahí a gritar que eres la amante de mi sobrino, ¿dónde crees que eso te deja? Porque para el mundo, Noah tiene una relación oficial con Mariana desde hace meses. Y tú solo serás la asist
Emma apretó el sobre con el dinero contra su pecho mientras caminaba sin rumbo, sintiendo que el aire se volvía denso. No había avanzado dos calles cuando un dolor agudo y punzante le atravesó el vientre, obligándola a doblarse por la mitad. El sudor frío le empapó la frente y, al entrar al baño de una cafetería cercana, el rastro rojizo en su ropa interior le confirmó su peor pesadilla: una amenaza de aborto. El pánico la invadió, pero no fue un pánico por Noah, sino por esa pequeña vida que, a pesar de todo, no tenía la culpa de la podredumbre de su padre. Tras pasar horas en observación en una clínica pública, donde el médico le ordenó reposo absoluto y calma, Emma se quedó mirando el techo descaracado de la sala. En pocos días había perdido demasiado. Ya no quería derramar más lágrimas. Y por otro lado, sentía que algo dentro de ella se había secado, dejando en su lugar una costra dura y fría. Seguía doliendo, tanto que se sentía insoportable, pero sabía que no podía despreciar
Emma salió de la clínica sintiendo que el suelo bajo sus pies era de cristal a punto de romperse. Estaba embarazada del hombre que la había humillado de la forma más ruin posible. Lloró durante todo el trayecto, sin saber siquiera cómo logró llegar a su casa, con la vista nublada por las lágrimas y el corazón latiendo con una pesadez insoportable. En cuanto cruzó el umbral, su madre la recibió con el rostro desencajado por la exaltación.—¿Dónde demonios estabas? —le gritó Angélica en cuanto la vio—. Han pasado horas desde que dijiste que venías en camino. Me tenías muerta de los nervios.Emma no pudo contenerse más y, entre sollozos cargados de vergüenza, bajó la mirada.—Terminé con Noah, mamá —confesó con la voz rota.Angélica se quedó helada, soltando un "¿pero qué?" lleno de incredulidad.—Lo encontré teniendo sexo con otra mujer en su oficina —continuó Emma, recuperando un poco de firmeza por la indignación—. No voy a tolerarlo. Es un maldito desgraciado y no quiero volver
El temblor en las piernas de Emma fue tan súbito que casi la hace perder el equilibrio, obligándola a recargarse contra el marco de la puerta. Su mano, aún aferrada al pomo, vibraba con una intensidad que parecía ajena a su cuerpo, mientras rogaba internamente que aquel gemido hubiera sido una mala jugada de su mente, una alucinación producto del cansancio. Sus ojos se llenaron de agua, nublando su visión, y en un acto de masoquismo involuntario, giró el pomo y empujó la puerta. La escena que encontró al entrar la dejó petrificada: la mujer pelirroja estaba empotrada contra el borde del escritorio, con el vestido desacomodado y los pechos al aire, mientras Noah la embestía con una fuerza animal, sus manos apretando la carne de la desconocida con la misma posesión con la que alguna vez tomó la de ella. Emma se quedó pasmada, con el alma deshilachándose, sin saber si quería encararlo para gritarle que era un maldito desgraciado o simplemente echarse a correr hasta que los pulmones le fa
—Entonces, ¿le pedirás matrimonio? —la voz de David se filtró a través de la madera pesada de la oficina, deteniendo la mano de Emma justo cuando sus dedos se cerraban sobre el pomo de metal.Ella apretó el agarre, sintiendo el frío del acero contra su palma. Llevaba una carpeta de informes trimestrales que Noah necesitaba revisar antes del cierre, pero las palabras que dijo su mejor amigo la dejaron inmóvil sobre la alfombra del pasillo. El corazón le dio un vuelco dentro del pecho.—Así es, así que no puedes faltar —respondió y Emma pudo imaginarlo perfectamente reclinado en su silla de cuero, con esa seguridad que la había enamorado desde el primer día—. Ya está todo planeado. Estará mi familia, mi abuelo y, frente a todos, anunciaré que ella es la mujer con la que he decidido pasar mi vida.Los labios de Emma se curvaron en una sonrisa genuina y temblorosa que no pudo contener, antes de morder su labio inferior para no soltar un suspiro de alivio. Llevaban meses viéndose a esc
Último capítulo