Benedict se separó apenas unos centímetros, observando con una satisfacción oscura el rastro de su paso por el cuerpo de Emma. Ella estaba deshecha, con el cabello revuelto y los labios hinchados, pero con una chispa en la mirada que él no había visto antes.
—Te ves aún más bonita cuando estás llena de mí —dijo Benedict, pasando su pulgar por el labio inferior de ella para limpiar el rastro del beso.
Emma se sonrojó de inmediato, ocultando el rostro en el hueco de su cuello mientras intentaba