Mundo ficciónIniciar sesiónDurante tres años de matrimonio con Oliver Chevalier, Katherine estuvo condenada a un matrimonio invisible. En su tercer aniversario, cansada de humillaciones y engaños, decidió que ya era suficiente. Firmó los papeles de divorcio, dejando atrás la jaula de cristal para recuperar su libertad. Después de unos meses, gracias a sus logros como reconocida arquitecta, recibió una invitación a una exclusiva fiesta de máscaras. Sin nombres. Sin rostros. Bajo el disfraz de la diosa Artemisa, conoció a un hombre apuesto con máscara de lobo que la hizo suspirar. La atracción entre ellos fue tan instantánea y salvaje que rozaba lo irreal. Una noche de pasión y desenfreno, con la promesa de nunca revelar sus nombres, parecía destinada a ser la mejor noche de su vida… hasta que, a la mañana siguiente, bajo la luz del sol, descubrió algo que la desmoronó. El amante perfecto que la hizo sentirse viva, deseada y más mujer que nunca… era Oliver. El mismo hombre que ella juró despreciar hasta la muerte. En desesperación, huyó pensando que no dejo rastro de ella, sin imaginar que detrás había dejado un simple objeto desencadenando algo impensable… ahora Oliver ha despertado obsesionado con la misteriosa "Artemisa" que desapareció de su cama. El despiadado CEO está dispuesto a remover cielo y tierra para encontrar a la mujer que lo hechizó... sin sospechar que la diosa que busca desesperadamente es la misma esposa "insignificante" a la que acaba de exigirle que abandone su casa.
Leer másPOV Oliver ChevalierEn un solo segundo mi pulso se disparó.Los Chevalier siempre tenían control.Los Chevalier nunca temían.Los Chevalier siempre tenían un plan.No en ese momento.Mi mandíbula se tensó con tanta fuerza que un dolor comenzó a subir con rapidez a mi sien. Mi boca se secó de repente, sintiéndose arenosa.—Merde! Je ne peux pas croire que je lui ai été infidèle. (¡Maldita sea! No puedo creer que le fui infiel).Me levanté de mi sillón acelerado. Comencé a caminar hacia la puerta, la cual fue bloqueada por Anthony.—No piensas hablar con Katherine con ese labial en tu camisa, ¿no es así? —reprendió con su voz algo baja.Miré mi camisa.Manchada.Sucia con el labial de Agatha.Incluso tenía ligeramente el perfume caro de ella.No podía dejar que Katherine me viera así. Pensaba rápido. Miré a Anthony y, con un gruñido, vociferé:—Dame tu camisa.No era una petición, era una orden. Él cruzó sus brazos, ladeando la cabeza como si hubiera escuchado erróneamente o como si me
POV Oliver ChevalierEra la diosa encarnada que no dejaría escapar.Por fin salía del baño después de tener que ocuparme de mí. Si hubiera tomado a Katherine esa noche, le hubiera dado toda mi necesidad… le hubiera hecho sentir deseada… pero quería más. Quería hacerlo aún mejor que nuestra primera vez.Algo romántico.Algo inolvidable.No sabía cómo hacerlo, pero lo investigaría para ella.En definitiva, ella era la mujer que me enloquecía. Cada paso me acercó a ella, que era iluminada por la luz de la luna que entraba por la ventana de la habitación.Katherine dormía.Tranquila.Parecía tan tranquila que era irónico que ella era la mujer que me sacaba de quicio. La mujer que siempre me quiso lejos de ella. Me acerqué a la cama mientras me colocaba la pijama. Mi mirada descendió lentamente por su silueta cubierta por la sábana. Su hombro, ligeramente descubierto. Su cuello mostraba la marca de mi mordida.Eso que gritaba que ella era mía.Una pequeña sonrisa de triunfo se pintó en mis
POV Merida MurphyMis zapatos chocaban contra el asfalto.Rápido.Descompasados.Casi caigo.Con dificultad, pude enderezarme. No me soltaba. Mantenía su caminar acelerado. Errático. Notaba su espalda más grande de lo normal.Siempre habíamos caminado hombro a hombro; esa noche me arrastraba, donde yo quedaba detrás.Prácticamente arrastrada.El sonido de los autos no parecía alterarlo.El frío de la noche no lo inmutaba. El hombre que siempre parecía competir contra un monje budista, en esos momentos parecía un hombre poseído. Huyendo como si hubiera visto al mismo demonio.—Anthony —hablaba con fuerza.Él no reaccionó.—Anthony, ya para.No respondió. Casi corría, a punto de cruzar una intersección. Más rápido. Con ferocidad jalaba mi brazo, algo que pareció sacarlo del trance en el que estaba. Se detuvo en seco.Se giró lentamente. Pareció que mi toque fue lo único que lo regresó. Sus ojos, de un tono suave como el turquesa, estaban perdidos. No eran los mismos. Había algo allí.Ex
El aire se sentía diferente. Era diferente. No había presión, miedo, dudas… y sobre todo… miedo. Regresamos después de cenar y tras una caminata alrededor del parque central. Oliver se había mantenido abrazándome como si no pudiera dejarme ir. Me olfateaba el cuello cada que podía, provocándome unas leves cosquillas. —Oliver, cálmate —reía un poco. —Es que no puedo, ma petite biche (mi pequeña cierva), tu olor cambia tanto… —Oliver, ¿de qué hablas? No respondió, gruñó. Me acorraló contra el elevador del edificio provocándome un leve jadeo. Mi espalda contra la pared. Él acarició mis curvas sonriendo contra mi cuello. —Tu olor ha estado cambiando… antes era como miel… luego flores… después vainilla —mordisqueaba un poco mi cuello—. Ahora tienes un olor a caramelo. —Oliver, creo que estás pensando mucho. No dijo nada. Cuando el elevador hizo su característico sonido, salimos juntos con los dedos entrelazados. Horas atrás habíamos salido como personas que se conocían… Ahora ent
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