Benedict no perdió el tiempo y la llevó directamente a una clínica privada. Necesitaba saber lo antes posible como estaba ese bebé que posiblemente le ayudaría a obtener las acciones de su padre. Emma caminaba a su lado con las piernas pesadas, sintiéndose como una intrusa en aquel lugar lujoso.
Al entrar al consultorio, el ginecólogo los recibió con una calma que realmente no mermó el nerviosismo que sentía ella. Emma se acostó en la camilla y, cuando sintió el gel frío en su vientre, un pes