El deseo en la mirada de Benedict era una llama viva que Emma alimentaba con cada pequeño gesto. Aquellos ojos que desde que la conoció parecían estar tristes, ahora estaban nublados por el deseo que ambos compartían.
Al salir del restaurante, el aire fresco de la noche no logró apagar el fuego que habían encendido en el baño. Benedict la detuvo junto a la puerta del auto, sujetándola por la cintura para atraerla hacia él en un beso que sabía a posesión y a una urgencia que ya no pretendían ocu