Mundo ficciónIniciar sesión¿Te follarias a tu madrastra? .. ¿Estas seguro de éso que no? Julián Vermilion es el primogénito del líder de la Mafia, tras la muerte de tu padre tiene que unir fuerzas con Agustina, su madrastra, para averiguar quién fué el asesino. Pero en el camino, ambos se enredan entre sí.
Leer másEl gran imperio griego, uno que llevó a la civilización a la cima, que poseían gran conocimiento, ¿quieres saber cómo cayeron?.No fué simplemente atacado por el imperio Romano, fué algo más calculado, el imperio griego fué destruido desde adentro, sin necesidad de una cantidad de guerras absurdas por poder, o riquezas, ni territorios, lo que necesitaban los romanos para acabar con ellos, era acabar con su conocimiento, por la fuerza bruta.El acuerdo se cerró. Luca Rossi y yo nos dimos un apretón de manos, sellando la paz de las Famiglias contra la Iglesia. Pietro, ahora abrazado a su padre, lloraba de alivio. La escena era la promesa de un nuevo orden.—El trato está hecho, Julian. Pietro es mi hijo. Y la alianza contra la Iglesia es tuya —dijo Rossi, la emoción silenciada por años, ahora palpable.En ese instante, un ruido seco y metálico rasgó el silencio solemne del claustro. No era un arma portuguesa; era un rifle de alta precisión.—¡Francotiradores! —gritó Enrico, el tío de Ju
Mi abuela me contó una historia hace ya mucho tiempo, sobre un antigüo imperio, llamados griegos, éstos desarrollaron una fuerza y habilidades para el combate, una agilidad impresionante y sobretodo, y lo más importante, una inteligencia impresionante. Sus enemigos más notables para la época eran los troyanos, éstos tenían algo que no poseían sus enemigos, murallas. Dice la leyenda que estás murallas poseían un tamaño descumunal, obviamente éstos no podían interrumpir su supuesta paz al penetrar sus defensas, así que idearon el plan más grande y arriesgado posible; construir un caballo gigante, aprovechando su nivel de idolatría que poseían. Lo más impactante de la historia era que sí, cayeron en su trampa, y como pez a pasador, mordienron el anzuelo. Y fué gracias a éso, que Traya se convirtió en cenizas, después de causarle tantos dolores de cabeza al imperio Griego. El encuentro se llevó a cabo en el reservado del restaurante más exclusivo del Bairro Alto en Lisboa. L
La noticia de la prueba de Baldi y su propuesta de traición había enfriado el fuego entre Julian y yo. La tranquilidad del jardín se desvaneció, reemplazada por la urgente necesidad de estrategia. Pero antes de sumergirnos en la guerra, Julian se detuvo.—Necesitamos a Pietro —dijo Julian, su voz carecía de la brutalidad que había usado para arrastrarlo fuera de la cafetería—. Lo necesitamos como aliado. Si lo tratamos como un peón, huirá.Ambos bajamos al sótano de la villa de Enrico. La zona de servicio era limpia, pero fría. Pietro estaba acurrucado en una cama improvisada, la expresión de terror petrificada en su rostro. Parecía un niño, no un hombre de dieciocho años.Recordé mi propia infancia en el convento, la sensación de ser una propiedad intercambiable. Esa empatía, rara en mí, me hizo avanzar.Dejé una bandeja de pasteles de nata y una botella de agua sobre la mesita. El dulce aroma lisboeta no encajaba con la atmósfera del sótano.—Pietro. No vamos a hacerte daño. Si qui
La casa de Enrico da Costa era un refugio inesperado, una villa antigua sobre una colina en Estrela, con vistas al río Tajo. Era discreta, elegante y, sobre todo, segura. Pietro, el hijo de Luca Rossi, estaba escondido en el sótano, mudo y asustado. Julian y yo teníamos una suite en el piso principal.La mañana después de la negociación con Enrico fue de una calma desconcertante. El sol entraba por los ventanales. El olor a café fuerte y pasteles de nata llenaba la casa.Julian se estaba recuperando notablemente. La herida en su hombro ya no era una excusa para la debilidad. Me encontré con él en la terraza, viendo el río. Estaba vestido con una camisa de seda portuguesa, un regalo de Enrico, que disimulaba la sutura.—Enrico es un hombre de honor. Pero su honor tiene un precio. Y ese precio eres tú, si me traicionas —dijo Julian, sin mirarme.—Siempre lo he sabido. Cada acuerdo que hago incluye una cláusula de muerte. ¿Qué tan seguro está Pietro? —pregunté.—Inexpugnable. El miedo de
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