La casa de Enrico da Costa era un refugio inesperado, una villa antigua sobre una colina en Estrela, con vistas al río Tajo. Era discreta, elegante y, sobre todo, segura. Pietro, el hijo de Luca Rossi, estaba escondido en el sótano, mudo y asustado. Julian y yo teníamos una suite en el piso principal.
La mañana después de la negociación con Enrico fue de una calma desconcertante. El sol entraba por los ventanales. El olor a café fuerte y pasteles de nata llenaba la casa.
Julian se estaba recupe