Mundo ficciónIniciar sesiónOlivia Blake fue traicionada por aquellos que más amaba: su padre la condenó, su hermana gemela Maia la destruyó, y en una sola noche perdió todo… incluso a los hijos que había jurado proteger. Creyeron que estaba acabada, pero Olivia sobrevivió. Ahora, cinco años después, regresa con un nuevo rostro y una determinación inquebrantable: recuperar lo que le arrebataron. Lo que nunca imaginó es que su camino volvería a cruzarse con Max Brook, el magnate más poderoso de la ciudad, el mismo hombre que cambió el rumbo de su vida sin saberlo. Atrapado entre las mentiras de Maia y la atracción inexplicable hacia aquella misteriosa mujer que parece conocerlo más de lo que aparenta, Max comienza a dudar de todo lo que creía cierto. Mientras Maia lucha por aferrarse al poder con mentiras cada vez más peligrosas, Olivia prepara un juego de venganza que amenaza con desmoronar la fachada perfecta de los Blake y revelar secretos imposibles de enterrar. En una guerra de hermanas marcada por la ambición, el odio y la sangre, ¿quién logrará imponerse cuando la verdad salga a la luz?
Leer másEl tiempo había pasado como un suspiro. Los días de caos, secretos, traiciones y redención eran ya parte de un capítulo antiguo, un pasado que ahora se leía en susurros entre los recuerdos, como un libro cuyas páginas desgastadas solo confirmaban lo lejos que habían llegado.La casa de campo donde vivía la familia Brook-Blake estaba rodeada de naturaleza y tranquilidad. Amplios jardines, una biblioteca con paredes repletas de libros, y una cocina siempre llena de vida. Pero ese día, algo especial flotaba en el aire.—¿Mamá, has visto mi chaqueta blanca? ¡La de laboratorio! —preguntó Mia, entrando con el cabello recogido en una coleta, un estetoscopio colgando de su cuello.—Está en la silla del comedor, justo donde la dejaste —respondió Olivia, con una sonrisa divertida mientras preparaba café.Mia tenía ahora 15 años, pero su madurez y tenacidad la hacían parecer mayor. Había decidido seguir los pasos de su madre, Olivia, quien después de todo lo vivido, había retomado su pasión por
…El cielo estaba despejado y una brisa cálida acariciaba el campo florido a las afueras de la ciudad. Max había insistido en llevar a Olivia y a los niños a pasar el día en aquel lugar tranquilo, rodeado de naturaleza, donde las risas de los pequeños podían escucharse con libertad.Olivia se recostó en una manta extendida sobre la hierba mientras observaba a Mia y Noa correr tras unas mariposas. Tomas jugaba con unas piedritas organizándolas como si fueran soldados, mientras Clayton se acercaba a ella con una flor entre sus dedos.—Para ti, mamá —le dijo con una sonrisa luminosa.—Gracias, amor —respondió Olivia, acariciándole el cabello. Fue entonces cuando notó que llevaba algo más escondido en la otra mano—. ¿Qué tienes ahí?—Nada... todavía —dijo misterioso, corriendo hacia Max, que lo esperaba cerca de un árbol grande.Fue entonces cuando todo cambió.La música comenzó a sonar suavemente desde un altavoz escondido entre las ramas. Olivia alzó la vista, confundida. Max, con una s
—¿Qué pasó…? Me siento… raro.—Te envenenaron, Max. Estuviste a punto de morir, pero conseguimos el antídoto. Lo logramos —le acarició el rostro con delicadeza, con miedo a lastimarlo—. Estás vivo. Gracias a ti, a tu fuerza.Max intentó moverse, pero el dolor lo obligó a quedarse quieto. Aun así, su mano temblorosa buscó la de ella.—¿Tú…? ¿Tú me salvaste?—Sí. Y lo haría mil veces más —Olivia le sonrió entre lágrimas—. No podía dejarte. No después de todo.Max la miró en silencio, con los ojos húmedos y el corazón enredado en emociones que aún no entendía del todo.—Te vi… en un sueño —murmuró—. Estabas llorando y besándome… pensé que me estaba muriendo.—No era un sueño —susurró ella—. Era real. Estaba aquí… y lo haría otra vez si fuera necesario.Max tragó saliva, con esfuerzo. Su mirada se tornó más nítida, más firme.—¿Me amas, Olivia?Ella lo miró fijamente, sin temblores, sin miedo.—Sí. Te amo, Max Brook. A pesar de todo. Incluso cuando no debí… incluso cuando creí que no lo m
—Cuidado con los sensores térmicos —advirtió Nueve, revisando el mapa térmico en su dispositivo—. Adrik es paranoico. Esto podría estar lleno de trampas.Olivia asintió y se colocó los lentes infrarrojos. Caminó agachada entre las plantas secas, hasta llegar al punto exacto que Rey había descrito. Allí, una vieja estructura metálica estaba oculta bajo una manta rota y tierra.—Aquí —susurró Olivia, quitando la tapa con esfuerzo.Debajo, una trampilla metálica oxidada. Tecleó el código: 4512.Un sonido sordo y chirriante confirmó que la compuerta cedía.—Vamos —ordenó Nueve, bajando primero.El pasillo subterráneo olía a químicos y humedad. Estaba tenuemente iluminado por luces de emergencia rojas. Olivia apretó su arma contra el pecho, sus pasos firmes, pero su respiración agitada.—Dos sensores en las paredes —indicó uno de los hombres de Nueve—. Hay cámaras.—Apaguen la señal —ordenó Olivia.En segundos, uno del equipo cortó la energía con un inhibidor. Continuaron avanzando.De pro
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