—¿Qué pasó…? Me siento… raro.
—Te envenenaron, Max. Estuviste a punto de morir, pero conseguimos el antídoto. Lo logramos —le acarició el rostro con delicadeza, con miedo a lastimarlo—. Estás vivo. Gracias a ti, a tu fuerza.
Max intentó moverse, pero el dolor lo obligó a quedarse quieto. Aun así, su mano temblorosa buscó la de ella.
—¿Tú…? ¿Tú me salvaste?
—Sí. Y lo haría mil veces más —Olivia le sonrió entre lágrimas—. No podía dejarte. No después de todo.
Max la miró en silencio, con los ojos