Mundo ficciónIniciar sesiónÁmbar pensaba que tenía una vida perfecta hasta que la traición más cruel la golpeó de frente: su esposo Vidal la engañaba con su hermana gemela, Alaska, y juntos habían tramado usarla como simple incubadora para engendrar al hijo de ambos. Desgarrada y humillada, se prepara para librar una guerra contra ellos, pero un giro inesperado cambia el rumbo de todo. Lo que Ámbar llevaba en su vientre no era fruto de ese perverso plan, sino de una inseminación artificial ligada a un hombre que yacía en coma. Ámbar se divorcia y une su destino al de ese hombre silencioso, un esposo que nunca conoció… hasta que, contra todo pronóstico, él despierta. Juntos intentarán construir una vida marcada por la existencia de ese niño y el surgimiento de un nuevo amor, mientras el pasado regresa con fuerza. Porque Vidal no está dispuesto a perderla y hará lo imposible por recuperarla, aunque eso signifique desatar la tormenta que amenaza con destruirlos a todos.
Leer másCon el paso del tiempo, los años fueron acumulándose unos sobre otros y los niños crecieron bajo la calma de una vida que, poco a poco, encontró su equilibrio. Ámbar tomó una decisión firme desde el principio: no engañar a Celestine. Aunque la niña la llamaba "mamá" y estaba convencida de que ella lo era, Ámbar consideró que la verdad, dicha con cuidado y en el momento adecuado, era una forma de respeto.Así, conforme Celestine fue creciendo y comenzó a formular preguntas, Ámbar le mostraba fotografías de Alaska y de Vidal, señalándolos con suavidad y explicándole que ellos eran sus padres biológicos. No utilizaba palabras duras ni conceptos que una niña no pudiera comprender; hablaba de ausencias, de personas que se habían marchado y que ya no podían regresar, envolviendo la realidad en un lenguaje delicado que protegiera su sensibilidad.Ámbar nunca le dijo a Celestine que Vidal no era su padre. Por el contrario, sostuvo siempre que él lo había sido y que ambos, Alaska y Vidal, se h
Con el paso de los días, el tiempo fue avanzando de manera inexorable y todo comenzó a acomodarse. Las jornadas se transformaron en semanas y cada acontecimiento fue ocupando el lugar que le correspondía.Margot fue finalmente declarada culpable de todos los crímenes por los que había sido acusada. Hasta el último momento sostuvo una falsa inocencia, aferrándose a una versión que nadie creía, pues las pruebas eran contundentes e irrefutables. Todas las evidencias la señalaban sin lugar a dudas, y la sentencia fue severa.Su destino quedó sellado entre los muros de una prisión, donde pasaría el resto de su vida. No habría salida para ella, ni redención posible. Su mundo terminó reducido a ese encierro.En cuanto a Alaska y a Vidal, fue Ámbar, junto a Raymond, quien se ocupó de todo lo relacionado con su despedida. A pesar de las circunstancias trágicas y dolorosas que rodearon sus muertes, ambos se aseguraron de que recibieran un sepelio digno, respetuoso, como última muestra de humani
Ámbar alzó la vista de golpe, con una expresión de absoluto impacto. Sus ojos se abrieron con incredulidad, como si no hubiera escuchado bien, mientras Raymond también se quedaba paralizado, observando a Elías con el rostro completamente desencajado.—¿Qué…? —murmuró Ámbar—. ¿El cuerpo de Layla estaba en la casa de Vidal?—Sí —confirmó Elías—. Estaba debajo de algunas baldosas, dentro de la vivienda. No estaba enterrada de forma adecuada ni realmente oculta. Por ese motivo, la policía supone que no pensaba dejarla allí de manera definitiva. Lo más probable es que la intención fuera retirarla después y trasladarla a otro sitio, desaparecer el cuerpo por completo.Raymond y Ámbar quedaron paralizados ante aquella revelación. La magnitud de lo que estaban escuchando parecía demasiado grande para asimilarla.—Algo dentro de mí siempre me dijo que Vidal tenía relación con la desaparición de Layla —resaltó Raymond—. Pero… ¿qué significa esto? ¿Que él le hizo algo? ¿Vidal fue quien la mató?
Ámbar salió de la habitación, pero antes de avanzar por el pasillo, se detuvo sin girar la vista hacia atrás.—Raymond… —pronunció.—¿Qué sucede? —preguntó él, atento.—La bebé...Raymond comprendió al instante y asintió con seriedad.—Yo me encargo —respondió—. Te la entregaré. Espera aquí y no entres de nuevo a la habitación.Raymond se internó nuevamente en el cuarto. El llanto del bebé continuaba, agudo y constante. Él tomó a la pequeña con cuidado, la sostuvo contra su pecho y se acercó a Ámbar, a quien se la entregó con delicadeza, asegurándose de que quedara bien acomodada entre sus brazos.—Por favor, mi amor, sal de la casa y espérame afuera. Y no vuelvas a entrar —indicó Raymond.Ámbar asintió sin discutir. Abrazó a la bebé como si ese pequeño cuerpo fuera lo único que la mantenía en pie, y se dirigió hacia la salida. Cruzó la puerta y salió al exterior, alejándose de la casa.Raymond, una vez solo, sacó su celular y marcó de inmediato a la policía. Mientras hablaba, comenzó





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