Pasaron muchas horas. El día fue avanzando lentamente hasta que la noche comenzó a caer, y Alaska no daba señales de regresar. Ámbar empezó a inquietarse. Se suponía que su hermana solo había ido a alimentar a la bebé; no había ninguna razón para que se demorara tanto tiempo.
Por un momento pensó que quizá Vidal y Alaska se habían reconciliado y que, por esa razón, ella había decidido quedarse en la casa. Sin embargo, no tenía forma de confirmarlo.
Intentó comunicarse con Alaska, pero no obtuvo