Vidal frunció el ceño, sus facciones se endurecieron y sus ojos lanzaron una mirada fulminante hacia el intruso.
—¿Quién eres tú?
Elías no retrocedió ni un paso. Avanzó lentamente hacia ellos, sin apartar la vista de Vidal.
—Más bien, ¿tú quién eres? —cuestionó.
—Esta es una conversación privada. No tienes por qué entrometerte —refunfuñó Vidal.
—No me quedaré de brazos cruzados mientras le faltas el respeto a la señora. Es evidente que la estás incomodando. ¿Serías tan amable de soltar su brazo