C8: Nunca quise divorciarme.
Ámbar salió del hospital inmersa en sus pensamientos que parecían no darle respiro. En una mano sostenía el pequeño ramo, cuyas flores ya no lucían tan frescas como al inicio de la ceremonia, y con la otra mano intentaba retirarse el velo de la cabeza. El aire fresco de la calle le golpeó suavemente la piel, obligándola a alzar la vista hacia la vereda.
No esperaba encontrarse con nadie conocido, mucho menos con alguien a quien había jurado no volver a ver tan pronto. Pero, para su desconcierto,