Con el paso del tiempo, los años fueron acumulándose unos sobre otros y los niños crecieron bajo la calma de una vida que, poco a poco, encontró su equilibrio. Ámbar tomó una decisión firme desde el principio: no engañar a Celestine. Aunque la niña la llamaba "mamá" y estaba convencida de que ella lo era, Ámbar consideró que la verdad, dicha con cuidado y en el momento adecuado, era una forma de respeto.
Así, conforme Celestine fue creciendo y comenzó a formular preguntas, Ámbar le mostraba fot