Mundo ficciónIniciar sesiónMi hermana, que no sabía nadar, fue empujada a la piscina desde varios pisos por su esposo y su amante. Al mismo tiempo, al otro lado de la ciudad, yo, Catalina Cruz, sufrí un accidente de coche. Creí que todo terminaba ahí. Cuando desperté, algo no encajaba: la voz no era la mía, las manos, el cuerpo, tampoco. Estaba en el cuerpo de mi hermana menor. Desde ahí lo vi todo: el esposo perfecto de fachada, Martín Robles, convertido en verdugo puertas adentro; la amante entrando y saliendo de la casa como si fuera su territorio; los hijos mirando a su propia madre con desprecio, lanzándole humillaciones. Pronto entendí que había algo más oscuro detrás. Muertes en la familia que siempre se explicaban como accidentes. Secretos, silencios comprados. Nos estaban borrando uno a uno… y, de paso, robando todo lo que nos pertenecía. La última Cruz con vida era mi hermana. Y ahora que estoy en su cuerpo, solo tengo una opción Recuperar lo que nos arrebataron y convertirme en la mujer que va a hundir a quienes acabaron con mi familia.
Leer másMi mirada estaba fija en un pequeño espejo al lado de la cama y mi corazón se detuvo de golpe.
Ese no era mi rostro. Ese no era mi cuerpo. Era ella. Era Melanie. —Soy… —tragué saliva—. Soy Melanie… —susurré, incapaz de creerlo. Era imposible, increíble… Y sin embargo estaba ahí, respirando en su piel. —No puede ser… —murmuré—. No puede ser… Mis manos temblaban mientras tocaban mi rostro, mi mejilla, mi mandíbula. Toqué mi cabello, la forma de mi frente… Ese no era mi rostro. Volví a pasar mis dedos por mi cuello. Un lunar. El lunar de Melanie. —¿Cómo…? ¿Cómo es posible? —susurré, sintiendo el aire escapar de mis pulmones. Parpadeé varias veces, intentando procesar dónde estaba. Olor a desinfectante. Luz blanca. El pitido lento de una máquina. Entonces lo vi. Frente a mí, muy cerca, estaba Martín Robles. Lo reconocí al instante. El esposo de Melanie. Su expresión… Dios. Me miraba como si yo hubiera matado a alguien. Detrás de él había una mujer vestida de rojo, elegante, maquillada como si acabara de salir de una fiesta. No sabía quién era. Nunca la había visto en mi vida. Y pegados a las faldas de esa mujer estaban dos niños: Nicolás y la pequeña Catalina. Los reconocí por las fotografías. Nunca los había visto en persona. ¿Qué demonios hacen aquí? Se supone que yo estaba a kilómetros, en otra ciudad. Y además hacía años que había cortado todos los lazos con ellos. No era cercana a Martín. Ni mucho menos a los niños, como para que vinieran a verme y ellos no me conocían a menos que Melanie les haya hablado de mí. Ahora, mirándome al espejo… Entendí por qué. Estaba en el cuerpo de mi hermana. Esto era imposible. Esto era increíble. Sin darme cuenta, Martín dio un paso adelante, el ceño fruncido, respirando hondo como si intentara controlarse. La mujer vestida de rojo lo tomó del brazo, deteniéndolo suavemente. —Martín… —le dijo con voz muy bien fingida, casi dulce—. Ella recién acaba de despertar , seguro está confundida ,deberíamos dejar que descanse. La observé fijamente. Y un escalofrío me recorrió el cuerpo. ¿Quién demonios era esa mujer? Martín apretó la mandíbula con furia. —¿Confundida? —escupió—. No me pidas que sienta lástima por ella después de lo que te hizo. Se inclinó hacia mí de golpe, tomando mi mandíbula con fuerza, sacudiéndola y causándome un dolor punzante. —Ni creas que voy a darte el divorcio —me gruñó. Lo miré con los ojos abiertos. —¿Di… divorcio? —logré murmurar—. ¿De qué estás hablando? Mi cuerpo estaba débil, como si un peso enorme me aplastara. Me costaba respirar. Me costaba hablar. Qué había vivido Melanie para terminar aquí? Martín apretó más mi mandíbula. —No te hagas la inocente. Después de lo que le hiciste a Rebeca, —dijo señalando a la mujer de rojo— merecías lo que te pasó. Y ni se te ocurra volver a tocarle un pelo. Si lo haces, juro que lo vas a pagar muy caro, Melanie. No tenía idea de qué estaba hablando. Nada tenía sentido. Entonces escuché el odio en la voz de Nicolás. —¡Eres mala! —escupió—. La tía Rebeca sí nos quiere. Tú siempre nos avergüenzas. La más pequeña, Catalina, añadió con crueldad: —Ojalá te hubieras ahogado… Sentí un nudo en la garganta. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Cómo podían estos niños hablarle así a Melanie? ¿Qué clase de vida estaba viviendo mi hermana? Sin querer, murmuré: —¿Qué… hace ella aquí? Rebeca, de inmediato, llevó una mano a su pecho —Yo… yo sé que no me quieres cerca —dijo con voz temblorosa, como si estuviera a punto de llorar—, pero solo vine a ver cómo estabas. Entiendo que quieras que me vaya, pero… no necesitas tratarme así… ¿Tratarla así? Ni siquiera le había dicho una palabra. Antes de que pudiera responder, Martín soltó mi mandíbula… Y una cachetada estalló en mi rostro. Me llevé la mano a la mejilla, ardiendo. —¡Por una vez en tu vida, déjate de estupideces! —gritó Martín—. ¿Qué te cuesta tratarla bien? Lo miré horrorizada. —Me… golpeaste —murmuré incrédula—. ¿Cómo te atreves? Martín frunció el ceño, confundido.Como si no esperara esa respuesta mía. Pero se recompuso rápido. —¿Cómo me atrevo? —bufó—. ¿Ya te olvidaste cómo te comportaste ayer? Todo lo que dijiste. Cómo humillaste a Rebeca delante de todos. Y cómo la empujaste por las escaleras. Lo miré sin entender absolutamente nada. —¿Yo? ¿Cuándo? No se de que hablas Martín entrecerró los ojos. La tal Rebeca me miró confundida.Y ambos Intercambiaron una mirada cómplice… Una mirada que me heló la sangre. Martín se inclinó hacia mí y preguntó —¿No recuerdas lo que me dijiste? —No… —admití con la voz rota—. ¿Qué pasó? ¿Cómo llegué aquí? Martín se cruzó de brazos y adoptó una postura firme. — Caíste a la piscina intentando empujar a Rebeca. —dijo— Todos lo vimos. Me quedé completamente paralizada. Piscina? Fiesta? Escaleras? Empujar? Nada encajaba. Melanie no era ese tipo de persona. Y estos dos se ve de lejos que tienen algo másLa señora Robles se quedó petrificada, respiró hondo, obligándose a mantener la compostura, y caminó hacia el televisor necesitaba ver con sus propios ojos la magnitud del desastre.Encendió la pantalla.La imagen era en vivo, cruda y despiadada.La puerta de su casa, convertida en el centro de un circo mediático ,periodistas, cámaras apuntando, micrófonos alzados ,gritos que se superponían, exigiendo justicia por los asesinatos de los Cruz, el nombre de Melanie resonando como un mantra de venganza , esposa, víctima, símbolo de la impunidad.La cámara captó el momento exacto en que sacaban a su esposo esposado, rodeado de policías, abriéndose paso a duras penas entre flashes y empujones. La multitud estalló en un grito unánime de furia, lanzando insultos, escupitajos, objetos contundentes.Por un momento, la señora Emilia sintió que todo era una pesadilla, algo exagerado y feo. Como si la realidad se hubiera vuelto loca pero al escuchar a los noticieros hablar al mismo tiempo, con mu
Los Valderrama ya habían puesto todo en marcha….Recogieron cada prueba, sin importar lo pequeña que fuera ,no dejaron nada afuera , documentos, transferencias de dinero, reuniones secretas, papeles de la empresa, pruebas de robo, todo lo que conectara a los Robles con la caída de los Cruz.Claudio y su padre habían ayudado desde lejos , mientras los Valderrama descubrían lo que los Robles hacían con la empresa, ellos investigaban cada accidente, cada muerte de los señores Cruz y Catalina.Con toda esa información, el caso era imparable. No era solo un escándalo, era un golpe directo a los Robles.Ellos fueron la chispa, pero los Valderrama se encargaron de hacer crecer el fuego. Para asegurarse de que la justicia fuera implacable y rápida, los Valderrama consiguieron que un juez amigo tomara el caso , asi no habria procedimientos lentos, querían resultados inmediatos. Además, sembraron pruebas falsas para que el caso tuviera aún más peso.El plan era golpear primero a la cabeza, a q
La señal era clara, un ultimátum silencioso.El rostro de Rebeca se hizo añicos. La confusión se convirtió en un terror que le heló la sangre.—¿Qué...? No... ¡NO! —grito con la garganta destrozada por el pánico—. ¡Mi nombre es Rebeca! ¡Rebeca! ¡Él es mi esposo! ¡Melanie está muerta! ¡Está muerta! ¿No lo entienden?Pero los hombres del sanatorio solo veían a una mujer desquiciada, con la ropa hecha trizas, las marcas en el cuello gritando una historia de violencia reciente.La imagen perfecta de una paciente en crisis.El del expediente asintió con frialdad.—Señorita Robles, por favor, no lo haga más difícil. Venga con nosotros ,es por su propio bien.—¡NO! ¡No soy Melanie! ¡Martín! ¡Por Dios, dil
Martín apretó la tablet con fuerza. El último video había terminado, pero las imágenes seguían en su mente.El video mostraba el dormitorio, con una luz tenue. Melanie estaba arrodillada, llorando. Su ropa estaba rota en un hombro. Martín, en la pantalla, parecía un extraño, enfadado y con los puños apretados.—¿Dónde está el collar de mi madre? —gritó su voz en el video.—No lo tomé, te lo juro —respondió Melanie, llorando—. Revisa otra vez, por favor.—¡Mientes! —dijo él—. Rebeca dijo que lo escondiste en tu joyero.En una esquina, Rebeca miraba, con una sonrisa pequeña y cruel. Cerca estaban los niños, mirando , como si fuera un show.—Papá va a enseñarle a mamá a no robar —les había dicho Rebeca.Martín, en el video, seguía preguntando por el collar. Melanie negaba con la cabeza, llorando.Entonces Rebeca hizo un movimiento rápido y mostró el collar escondido detrás del armario. Martín no lo vio en ese momento, cegado por su ira.—¿Ves? —gritó—. ¡Eres una vergüenza!Después, Martí
El hombre volcó el líquido sobre la otra pierna y el efecto fue inmediato, demasiado, el grito que salió era puro dolor ,imposible de contener—¡PAREN! ¡POR FAVOR! —gritó Yolanda el cuerpo temblándole sin control — ¡solo obedecí…… solo hice lo que me dijeron!Los hombres se detuvieron y miraron a MartínÉl hizo un gesto simple , cansado , como si todo le aburriera y les indicó que se apartaranSe acercó a Yolanda, ella apenas podía respirar , al borde de perder el sentido y las lágrimas cayendo sin fuerzaMartín miró la colilla encendida de su cigarrillo…… un segundo…… nada más……Luego la dejó caer sobre su pierna……Yolanda lanzó un quejido profundo, un sonido de dolor totalMartín, frío y seco, le agarró el mentón con fuerza y la obligó a mirarlo—¿Quién te dio la orden?Yolanda tragó saliva, la respiración le salía débil, el mundo a su alrededor se volvía borroso, el dolor lo era todo—Por…… favor……Martín la soltó con rabia, tomó la botella que estaba cerca y sin dudar volcó el lí
La voz del otro lado del teléfono fue directa y sin rodeos y el silencio que vino después de la noticia fue peor que cualquier grito.La mansion donde vivian Martin y Melanie se había incendiado y dentro había quedado atrapada una joven que coincidía con la descripción de Melanie. Para ellos no hubo lugar para la esperanza. Lo entendieron al instante. El golpe fue seco, total, y quebró algo profundo en la familia.Camila se dejó caer contra la pared llorando sin control. Sus padres seguían sentados a la mesa, mirándose sin saber qué decir. En sus ojos solo habia un vacío enorme. Melanie era la sobrina que había crecido en esa casa ,pensar que la habían perdido era un dolor que partía el alma.Y en medio de ese dolor apareció otra certeza, dura y clara…. los Robles habían ido directo a matarla ,habían cruzado un límite que nunca se había cruzado antes. El mensaje era simple y claro….. ya no había reglas.El duelo fue corto y oscuroCamila dejó de llorar, no porque el dolor se fuer
Último capítulo