La luz del sótano era una rendija débil que aparecía cada dos días, un pequeño respiro de claridad que se apagaba rápido. Rebeca había aprendido a medir el tiempo por ese ciclo… siete meses… doscientos cuarenta días de una vida reducida a cuatro paredes de cemento, a la cuerda que le apretaba las muñecas, al dolor que ahora era su estado normal.
Martín bajaba las escaleras con un paso lento, como si fuera una rutina… al final el cuerpo débil de Rebeca ,ya no era una persona completa, sino un es