Algo que nos separó totalmente.
Algo que rompió lo que éramos.
Algo que me obligó a irme.
A desaparecer.
A cortar todo lazo.
A dejarle la herencia a Melanie y renunciar a mi apellido.
Ese algo…esa herida…sigue enterrada entre nosotras. Y yo… no pienso abrirla todavía.
Papá siempre había confiado en mí para dirigir la empresa. Decía que yo tenía su carácter: firme, fuerte, imparable. Que nadie me manipularía. Que yo llevaría la compañía a lo más alto.
Melanie, en cambio, era lo contrario: dulce,