La supervisora tragó saliva, miró al médico, después a los guardias que ya se habían acercado, midió en un segundo el lío que tenía encima y de lejos se notaba que esa familia era poderosa
—Está bien… síganme.
Los llevó a la sala de seguridad, el cuarto era chico y frío, el guardia que manejaba las cámaras tenía la mano temblando, cambiaba de imagen rápido, pasillos, entradas, ascensores…
Claudio se quedó atrás, quieto, con la mirada fija en la pantalla, al igual que el resto…
—Habitación 420…