Mundo ficciónIniciar sesiónElla solo pretendía olvidar su dolor por una noche. Él nunca tuvo la intención de enamorarse de un desconocido. Pero una noche imprudente en la suite de un hotel lo cambió todo. Juniper Blake era una don nadie: una diseñadora de interiores de la nada, con el corazón roto y un pasado aún más roto. Pero cuando conoció a Callum Dane, el despiadado multimillonario hotelero con ojos como tormentas y manos que la hacían sentir venerada, una noche no fue suficiente. Ni para él. Ni para ella. Pero a la mañana siguiente, ella ya no estaba. Embarazada. Sola. Dos años después, Callum regresa a su vida. Esta vez, ve al bebé: los mismos ojos verdes profundos. Los suyos. Pero Juniper guarda secretos. Unos que podrían arruinarlo. ¿Y Callum? Él no es el hombre que ella creía. Es peligroso. Posesivo. Y no piensa dejarla ir otra vez, ni siquiera si eso significa destruir el mundo entero para retenerla. Una historia de obsesión, bebés secretos, traición, juegos de poder y un amor tan crudo que deja cicatrices.
Leer másLa palabra: ¡Positivo!
Deslumbró la mirada de Abigaíl Hamilton, una amplia sonrisa apareció en sus labios.
—Las cosas van a cambiar con tu papá, estoy segura de que se va a derretir contigo —susurró y acarició cautelosamente su vientre.
La hermosa e inocente Abigaíl lleva casada con el amor de toda su vida: Aitor Roig alrededor de tres meses, pero su marido, se volvió extremadamente frío con ella desde aquella noche de pasión, en la que ella se entregó a él, sin ninguna reserva.
Siempre se había preguntado los motivos de aquella extraña actitud, por qué Aitor había cambiado tanto con ella, se conocían desde niños, eran los mejores amigos. Aunque era cierto que tenían recuerdos desagradables, por muy feos que fueran, ya pasaron, al fin y al cabo, estaban casados.
Después de la boda no habían vuelto a hacer el amor, las cosas entre ellos estaban muy tensas, tanto que ella temía un divorcio, y ser la comidilla de la gente como siempre, porque ella era la futura heredera de la familia Hamilton, y él, su esposo, Aitor Roig, simplemente el hijo del amigo de su padre.
Sacudió su cabeza para desechar aquellas ideas.
Guardó muy bien el sobre, y decidió no decir nada, en ese momento, y darle la noticia esa noche que era el cumpleaños de él.
Enseguida Abigaíl salió de la clínica, subió a su Lexus y condujo hasta una tienda de bebés, ansiaba poner el sobre y un par de escarpines blancos en una cajita, y entregarle a su esposo como regalo.
****
Horas después.
Aitor el esposo de Abigaíl se alistaba en el baño de su dormitorio para ir a la fiesta que organizaba su esposa. Mojó su rostro varias veces con agua fría, percibía aquella sudoración, síntoma de…
La voz de su esposa Aby se escuchó al otro lado de la puerta.
—¿Todo en orden Aitor? ¿Estás bien?
Aitor enfocó su azulada mirada en el espejo, se notó que tenía la cara un poco pálida, señal de enfermedad, pero siguió intentando ignorar el asunto, secó su rostro con una toalla, resopló, luego, se volvió a enderezar el cuello y entró en la habitación.
—¿Te volviste a sentir mal? no creo que sea solo cansancio, debes ir...
—¡Ya te dije que no es necesario! —interrumpió él a la defensiva, enfocó su azulada mirada en ella, mientras apretaba sus puños.
«¿Joder, por qué tienes que ser tan hermosa y dulce a la vez?». Notó la belleza de su mujer, era justo lo que estaba evitando durante esos tres meses, siempre se excusaba de no quedarse a solas con ella, decía que tenía mucho trabajo, y estaba cansado.
Pero ahora no podía ocultarlo, era su onomástico, el cumpleaños del único yerno del viejo Hamilton, pero odiaba el título, le resultaba humillante.
Su familia ha dependido durante mucho tiempo de Robert Hamilton, el padre de Aby, para ganarse la vida desde cuando era pequeño.
Pero el anciano era muy avaro, siempre exigía que se le devuelva el dinero rápidamente y nunca retrasaba el tiempo de pago debido a su relación.
Aitor aún no estaba en la capacidad de devolver todo el dinero ,pero nunca se dio por vencido en pagarle a Robert Hamilton cada centavo.
Seguía ampliando su negocio, ansiaba que algún día ya no dependiera de su suegro, que también era su padrino. Y estas cosas sobre la situación financiera de él no estaban claras para Aby.
—Es hora de que nos vayamos. —La voz nítida de la mujer interrumpió los pensamientos de Aitor.
El hombre miró a su hermosa esposa frente a él, no había contemplado a su mujer de cerca detenidamente después de la boda tres meses atrás.
Observaba a Aby enfundada en un vestido largo de seda azul, que se amoldaba a su esbelta figura, y el tono hacía contraste con su tersa piel trigueña; su cabello castaño oscuro le caía en ondas por la espalda, y enmarcaba su dulce rostro, sus tentadores labios estaban maquillados en tono rosa, y sus ojos color esmeralda poseían un brillo especial esa noche.
Sintió calor en la frente, supuso que era uno de esos síntomas, una fiebre debido a la enfermedad.
Su mente empezó a estar mal debido a la fiebre y parecía un poco confuso entre la realidad y la fantasía.
«Si pudiera volver al pasado, creo que te amaría sin reservas, pero eres una niña malcriada, me rompiste el corazón cuando provocaste… Además, el médico dijo que mi estado no era nada bueno, no tengo mucho que darte Abigaíl» pensó.
Ansiaba besar a su mujer, quien fue el amor de su vida una vez, pero intentaba desesperadamente reprimir sus emociones en la vida real, no solo por la presión de la realidad, sino también porque creía que Aby le había ocultado algo, lo que provocaba en él, rechazo hacia ella; sin embargo, Aitor por unos instantes desconectó su corazón de su mente, y se dejó llevar por lo que Abigaíl siempre despertó en él, la tomó de la cintura, la pegó a su cuerpo.
—Estás hermosa —olió la fragancia de su esposa, susurró cerca de los labios de ella.
Abigaíl se quedó sin aliento, un corrientazo le recorrió el cuerpo.
«¿Me ves hermosa?» Sus mejillas se ruborizaron. Era la primera vez en esos tres meses de casados que él tenía esa muestra de cariño.
—También te ves muy atractivo —siseó ella.
Y antes de que ella pudiera decir más los labios de Aitor tomaron los suyos, la besó, la agarró de la cintura, la pegó más a su cuerpo.
Aby jadeó en la boca de él, la lengua de Aitor jugueteaba a cada instante con la de ella.
Aitor la llevó hasta la cama, la depositó en el lecho, siguió besándola, acariciando la esbelta figura de su mujer.
—Aitor —gimió bajito.
Escuchar su nombre en los labios de ella, le nubló el pensamiento, le alzó la falda del vestido sus manos acariciaron los firmes muslos de ella, sus dedos rozaron su centro, entonces la escuchó gemir, y él estiró su brazo para buscar protección, entonces en ese instante las palabras del médico lo hicieron reaccionar
«Aitor es posible que, como consecuencia de la enfermedad no te quede mucho tiempo de vida, ni hablar de tener hijos» La voz de aquel médico hizo eco en la mente del hombre.
«No, no puedo hacerlo, si muero, vas a sufrir mucho, más vale que no sientas amor por mí» Se repitió Aitor en el cerebro, entonces reaccionó, se alejó de ella de forma intempestiva, jadeante se puso de pie.
Aby gimió sorprendida, se sintió herida por el rechazo de su marido. Sintió que su marido le demostraba amor, pero de pronto era como si recapacitara y dejara de hacerlo.
—Es tarde, no podemos perder el tiempo en tonterías, la familia nos está esperando —musitó con voz fría, no la miró a los ojos, se arregló el traje.
Aby inhaló profundo, se incorporó, asintió, por más que trataba de comprender el extraño comportamiento de su marido, había ocasiones en las cuales no lo entendía, lo vio salir de la alcoba, ella se puso de pie, arregló su vestido, su cabello, volvió a maquillar sus labios, tomo su cartera tipo sobre, suspiró profundo, sintiendo su corazón achicarse, se percibió incapaz de calentar el frío corazón de su marido, sin embargo, aún tenía una esperanza, y depositó todas sus ilusiones en su embarazo.
—Tú serás el mejor regalo, estoy segura de que las cosas cambiarán —susurró bajito tocando su vientre, pero ella estaba lejos de imaginar lo que aquel anunció desencadenaría.
Más tarde: Aitor y Abigaíl llegaron al elegante salón de recepciones donde se iba a celebrar el cumpleaños de él. Aby como buena esposa, había contratado una organizadora de eventos, a pesar de que ella era excelente como anfitriona había delegado esa responsabilidad en alguien más para no cometer errores.
Cuando entraron al salón, él ni siquiera la agarró de la mano, miró a su madre, y se acercó a ellos, para recibir sus saludos y felicitaciones.
Abigaíl suspiró profundo, y caminó en dirección a la mesa en la cual se hallaba su tía, y prima, las saludó y se sentó ahí, entonces desde ese lugar miraba a su esposo compartir con los invitados, lo veía sonreír.
Al dar la medianoche, el momento del pastel llegó, Aitor se acercó a la mesa, y sopló las velas de su cumpleaños número veinte y cinco.
Abigaíl sentía un revoltijo de emociones en su estómago, el momento de darle su ansiado regalo, había llegado, las manos le temblaban, el corazón le latía acelerado.
—Amor, tengo un regalo para ti —musitó, y le entregó la caja.
Aitor no podía hacerle un desplante delante de tanta gente, tomó el obsequio, fingió una sonrisa, cuando abrió, palideció por completo, la expresión de su rostro fue de desconcierto, la respiración se le volvió irregular, sus músculos se tensaron.
«¡No puede ser posible, el médico dijo que yo…!»
—¿Estás embarazada? —preguntó a su esposa, dubitativo.
Un profundo silencio se hizo en el salón ante aquel cuestionamiento.
Abigaíl mordió su labio inferior, colocó sus manos en su vientre, asintió, y de pronto un hombre alto, de piel bronceada, cabello oscuro, interrumpió.
—¡Esa mujer miente, se acostó conmigo antes de casarse contigo! —aseguró a gritos mirando a Aitor a los ojos. —¡Así que ese bebé no es tuyo!
Abigaíl arrugó el ceño, miró a ese hombre con los ojos bien abiertos, lo que decía era una falsedad.
—Yo no te conozco, ¿por qué dices eso? —indagó la chica con la voz temblorosa.
—No te hagas la mosca muerta Abigaíl Hamilton, tú lo planeaste todo, drogaste a Aitor para que esa noche se acostara contigo, o ¿me equivoco?
"Mamá", rió la bebé, y sus manitas se extendieron para tocar el rostro de su madre.La sonrisa de Juniper se ensanchó al agacharse y besar a la pequeña en la frente. "He extrañado esto", dijo con la voz cargada de tristeza. La guerra fue dura, pero momentos como este —tranquilos, serenos y llenos de amor— se sentían como lo mejor del mundo.Callum se sentó en el césped detrás de ellos, observando en silencio a las dos personas más importantes de su vida. Miró a Juniper un buen rato mientras ella acunaba a su bebé. Ella era el ancla que lo mantenía firme, y aunque había temido perderla en sus peores días, ahora estaban unidos y en paz.Callum se levantó lentamente y se acercó a ella. Se inclinó y le apartó el pelo de la cara, con cuidado de colocarlo detrás de la oreja."Míranos", dijo en voz baja. "Hemos luchado tanto". "Seguimos vivos". Juniper se inclinó ante su toque y su corazón se llenó de una mezcla de consuelo y agradecimiento. Pero al mirarlo, el peso del globo terráqueo que h
"Cuéntame otra vez sobre los leones, papá", murmuró su hijo con una voz tranquila y llena de asombro.Callum rió y cambió de postura al sostener al bebé. "Al igual que tú, los leones son valientes". Luchan por lo que importa. "Hacen todo lo posible para mantener su manada a salvo".El niño sonrió y estrechó los dedos de Callum con sus pequeñas manos. "Quiero ser tan valiente como ellos".Juniper trajo una bandeja de té a la habitación. Su mirada se suavizó al ver lo unidos que estaban Callum y su hijo. Dejó la bandeja sobre la mesa y luego se apoyó en ella con los brazos cruzados. "Le estás enseñando bien", dijo con una voz llena de amor.Callum levantó la vista y los vio. Sus ojos decían todo lo que necesitaban decir. Con los años, el amor, el trabajo y el sacrificio habían fortalecido su vínculo. Se habían esforzado mucho para llegar a este punto, y ahora todos estaban allí.Pero justo cuando Callum estaba a punto de decir algo, la habitación cambió. Empezó a sentir aprensión y entr
Juniper entró en la habitación; sus pasos ligeros, pero su presencia inconfundible. Se quedó de pie junto a él y contempló el paisaje lejano. "Tranquilo", susurró en voz baja, poniéndole la mano en el brazo."He estado pensando", dijo Callum con voz distante, como si las palabras surgieran de un profundo pozo de pensamientos pesados. "Es hora".Juniper ladeó la cabeza, sintiendo la pesadez de lo que decía. "¿Hora de qué?"Dejó escapar un profundo y cansado suspiro que parecía transmitir todos los años de lucha. "Pasar la antorcha". Elias... está listo. Y yo no.Los dedos de Juniper lo agarraron del brazo. "Nos has hecho pasar por el infierno. Eres más fuerte que nadie".Pero Callum negó con la cabeza. Una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios, pero no en sus ojos. "Ser fuerte ya no es suficiente. No puedo llevar este imperio al futuro. No es el camino correcto". He perdido demasiado. Y no puedo permitirme perder más.A Juniper le dolía el corazón. Sabía cuánto le dolía esta decisión
"Juniper." Sophie la devolvió a la vida. Juniper se giró mientras Sophie sostenía a su bebé. Estaba emocionada, pero también cansada. La mano de Sophie se enroscó alrededor de los deditos de la bebé, simbolizando que aún había esperanza y un nuevo comienzo.Mientras Juniper se acercaba a su amiga, sonrió. "Es perfecta", pensó mientras miraba a la niña en brazos de Sophie."Sophie comentó con lágrimas en la voz: "Ella es nuestro futuro". "Quiero que sepa por lo que pasamos y cuánto luchamos. Quiero que se dé cuenta de que el amor siempre triunfa".El corazón de Juniper se aceleró al mirar a la pequeña, que era un símbolo de su fuerza compartida. Pero había otra razón por la que su corazón latía con fuerza. Entonces, Sophie dijo algo que la hizo detenerse en seco."Quiero ponerle tu nombre", le comentó Sophie a Juniper. "Para recordar todo lo que hemos pasado". Todo lo que hemos construido.Juniper tenía un nudo en la garganta. No creía que esto pasara. "¿Yo?", respondió en voz baja. "N
"Buenos días", la voz de Juniper era un suave murmullo, y su mano rozó la de él.Callum giró la cabeza y la vio sentada a su lado, con la mirada firme y llena de una dulzura que nunca antes había visto. Todo parecía desaparecer cuando ella estaba allí. El mundo era un caos, y su lucha, intensa. "¿Cuánto tiempo?", preguntó con voz áspera."Horas", respondió ella con una sonrisa amable, pero sus ojos denotaban tristeza. "Llevas casi un día durmiendo".Hizo una mueca al intentar incorporarse, ya que era demasiado para su cuerpo débil. "¿Ya terminó la lucha?"Juniper asintió, con aspecto aliviado y preocupado a la vez. "Se acabó". Por ahora.La mirada de Callum se suavizó al ver cómo lo miraba. Podía ver la preocupación en sus ojos, pero también percibía algo más: poder. "Te quedaste a mi lado", continuó, y sonó como una promesa. Ella asintió y le apartó suavemente el pelo de la frente. "¿Dónde más estaría?"Respiró hondo para tranquilizarse y cerró los ojos un momento. El sol anunciaba e
"Ahora", dijo con voz temblorosa pero firme. "Hoy es el último día".Juniper asintió. Tenía el rostro sucio y sudoroso, pero sus ojos eran tan feroces como los de él. Avanzaron juntos, abriéndose paso a través de las últimas líneas enemigas con una precisión letal. Pero Rhett, su verdadero objetivo, seguía ahí fuera.Callum vio algo moverse por el rabillo del ojo. Rhett. Al otro lado del campo de batalla, rodeado de sus leales seguidores. Cuando los dos hombres se miraron, el aire pareció espesarse por la tensión.¡Juniper!, gritó Callum, y su voz se elevó por encima del ruido. "¡Es mío!".¡Callum, no!, gritó con una mezcla de miedo y autoridad. "¡Es demasiado arriesgado!".Pero Callum ya corría hacia Rhett. Al acercarse, sintió la familiar descarga de adrenalina y se olvidó de sus heridas por un momento. Incluso desde la distancia, la mueca de Rhett era evidente mientras alzaba su espada y se preparaba para la última pelea."Callum, he estado esperando esto", dijo Rhett con el ceño f










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