Mundo de ficçãoIniciar sessãoMe encuentro al lado de un hombre inerte, en estado de coma, el heredero de la fortuna Ferbuson, Steve, y que desde el día de hoy será mi esposo. Este lugar era para mí hermana Daniela, pero nunca dejaré que ella sufra, y decidí sacrificarme por amor a ella. Desde ahora paso a ser parte de la familia Ferbuson, un nido de víboras, y estoy segura que uno de ellos es el responsable del atentado que dejó a Steve en estado de coma ¿Pero quién de ellos?
Ler maisCAPÍTULO 1
Narra Catalina Vengo de una familia de élite. Mi padre, Ignacio López, es uno de los empresarios más reconocidos del país. Mi madre, Cecilia, siempre fue la imagen perfecta de una esposa elegante, y mi hermana Daniela y yo crecimos rodeadas de lujos, comodidades y una educación estricta. Aun así, estábamos lejos de ser una familia perfecta. Yo los amaba, y ellos me amaban a su manera. Esa noche estaba en el departamento de Ricardo. Llevábamos años juntos. Siempre había sido paciente conmigo. Yo seguía siendo virgen y, aunque suene anticuado, quería llegar virgen al matrimonio. Sin embargo, últimamente él estaba más insistente. Estábamos sentados en el sillón, besándonos, cuando todo se volvió más intenso. Sus manos recorrían mi cuerpo y su respiración se volvió pesada junto a mi oído. Yo también me sentía bien con sus caricias, lo sabía, pero también veía claramente su excitación, en su mirada y debajo de su pantalón. —Quiero tenerte —me dijo, besándome el rostro con suavidad—. No quiero seguir esperando. Te necesito, mi amor. Me aparté con cuidado y apoyé las manos en su pecho. —Ricardo, ya te lo expliqué… quiero que sea cuando estemos casados. Sé que es anticuado, pero para mí significa entregarme por completo, en cuerpo, mente y alma. Él resopló, molesto. Se levantó del sillón y se abotonó la camisa sin mirarme. —No eres una niña, Catalina. Me haces sentir que no te importo. —Claro que me importas —respondí, con la voz temblorosa—. Pero no estoy lista. No dijo nada más. Me acompañó hasta la puerta sin besarme. Su silencio me dolió más que cualquier discusión. Sentí que lo estaba perdiendo. Salí del edificio y comencé a caminar hacia mi casa. Era tarde, las calles estaban casi vacías y mi mente no dejaba de dar vueltas. Me sentía culpable, confundida, triste. Pensaba en Ricardo, en si había hecho lo correcto, cuando escuché un ruido fuerte, seco, seguido de un grito. Me giré y vi un auto detenido a unos metros. Un hombre yacía en el suelo, cerca de la acera. Corrí hacia el hombre sin pensarlo. Estaba consciente, pero sangraba y respiraba con dificultad. —Tranquilo, ya lo ayudo —le dije, aunque por dentro estaba aterrada. No tenía experiencia, solo instinto, El hombre se quejaba de dolor, decía que no sentía bien una pierna. —Voy a llevarlo al hospital Durante el trayecto, yo sostenía su mano, tratando de mantenerlo despierto, hablándole para que no se desmayara. Cuando llegamos al hospital, grité pidiendo ayuda. Los médicos lo sacaron en una camilla apenas lo vieron. —¿Es familiar? —me preguntó una enfermera. —No —respondí—. Solo… solo lo encontré. —Necesito un nombre para registrarlo. Dudé un segundo. —López —dije—. Mi apellido es López. Asintió y se lo llevaron. Me quedé sentada, con las manos manchadas de sangre, sin saber qué hacer. Pasaron varios minutos hasta que un médico se acercó. —Hicimos todo lo posible —me dijo con tono profesional—. Ahora está estable, pero usted ya no puede hacer nada más aquí. Necesitamos que se retire. —¿Va a estar bien? —pregunté, con la voz quebrada. —Eso lo sabremos con el tiempo —respondió—. Puede irse. Salí del hospital sintiéndome vacía. Había hecho todo lo que estaba en mis manos, y aun así, no había sido suficiente. Muy temprano en la mañana, me crucé con Daniela saliendo de su habitación. Estaba nerviosa, más de lo normal. Cuando me vio, frunció el ceño. —Pareces un desastre —dijo—. ¿Qué pasó? Le conté lo de Ricardo, nuestra discusión y cómo se había molestado. —Cata… —dijo negando con la cabeza—. Ricardo es un hombre. Tiene necesidades. No puedes esperar que aguante para siempre. Merece una mujer más completa. Antes de que pudiera responder, un empleado apareció con un enorme ramo de rosas rojas y una tarjeta. “Catalina, perdóname. Eres el amor de mi vida y sin ti no puedo vivir. Ricardo.” —Ricardo… —susurré, aliviada. Pensé que me dejaría, pero Daniela no compartía mi alivio. Estaba tensa. —¿Te mandó flores? ¿Y lo vas a perdonar? —murmuró, molesta. —No lo odies —le pedí—. Fue solo una discusión. Ricardo me ama. Daniela frunció el ceño. —Haz lo que quieras. No me importa. Pasaron un par de semanas Esa noche era mi fiesta de cumpleaños número veintitrés. Esa noche era mi fiesta de cumpleaños número 23. Me puse un vestido rojo que mamá había elegido conmigo. El tipo de vestido que hacía que todos te miraran apenas entrabas. Bajé las escaleras y los invitados empezaron a aplaudir. Todos sonreían, pero yo solo buscaba una cara. —¿Dónde está papá? —pregunté. —En el estudio —respondió mamá—. Está… alterado, ve a hablar con el. Entré y lo vi con una botella casi vacía. Temblaba de rabia. —Papá… ¿qué pasó? —Los Ferbuson —dijo muy molesto—. Se adueñaron de mis acciones. Nos tienen en sus manos. Y quieren algo a cambio, que una de mis hijas se case con el heredero de su familia. No entendía nada, ¿En qué momento había pasado esto? —¿Qué… qué debemos hacer? —pregunté nerviosa imaginando el peor escenario. Papá apoyó las manos en el escritorio. —Ya lo hice, Acepté el compromiso. Sentí un vacío en el pecho. —¿El compromiso? ¿Con los Ferbuson? —Sí —respondió sin mirarme—. Y Daniela será quien haga ese sacrificio. —¿Daniela? —dije casi gritando—. ¡Papá, eso no puede ser! El heredero Ferbuson tiene una pésima reputación. Todo el mundo habla de cómo trata a las mujeres. No puedes obligarla a casarse con él. —No tengo opción —respondió con un tono duro como nunca le escuché—. La familia depende de esto. Ustedes dependen de esto. Si no acepto, lo perdemos todo. En ese momento Daniela entró al estudio con mamá. Venía arreglada para la fiesta, pero apenas vio la escena, su sonrisa desapareció. —¿Qué está pasando? —preguntó. Papá le hizo una señal para que se acercara. —Daniela, necesitamos que escuches, lo que voy a decirte es serio. Ella se sentó frente a él, nerviosa. —Dime. Papá respiró profundo para darse valor —Aceptarás casarte con el heredero de los Ferbuson. Es la única forma de proteger a nuestra familia. Daniela se levantó muy alterada. —¿Qué? ¡No! ¡No me voy a casar con él! Papá golpeó la mesa. —¡Daniela, compórtate! No entiendes lo que está en juego. —No me importa —gritó ella con los ojos llenos de lágrimas—. ¡No voy a casarme! ¡Yo… yo amo a otra persona! Mamá se acercó a ella con el ceño fruncido. —¿A quién? ¿Qué está pasando contigo? Daniela, habla, ¿Quien es ese hombre? Daniela negó, desesperada. —No quiero hablar de eso. No puedo. Me siento mal… no puedo respirar… Papá se acercó preocupado, y mamá corrió por un vaso de agua. Daniela temblaba mientras sujetaba su pecho. Yo me acerqué y la tomé de los hombros. —Dani, cálmate. Respira conmigo. Yo voy a arreglar esto —le aseguré—. No te van a obligar. Déjame pensar, ¿sí? Solo espera un poco. Ella asintió, pero seguía llorando. Mamá, intentando mantener la imagen perfecta que siempre cuidaba, nos miró a las dos con esa expresión seria que ponía cuando algo amenazaba la reputación familiar. —Las dos deben salir a la fiesta ahora mismo —ordenó—. No podemos dar un espectáculo, Controlen sus emociones, hablaremos de esto después. Daniela negó con la cabeza. —No puedo… —Puedes —respondió mamá, firme—. Y lo harás. La gente nos espera. Sabía que discutir con ella no servía de nada. Miré a Daniela y le apreté la mano. —Vamos juntas. Cuando regresamos al salón, los invitados seguían riendo y conversando sin idea de lo que estaba pasando. Todo parecía normal, la fiesta perfecta de mamá, aunque todo era un caos en nuestra familia. Ricardo se acercó enseguida, Me tomó de la cintura y me dio un beso en la mejilla. —Te ves preciosa —susurró—. Te amo, Catalina. Eres lo más importante de mi vida. Me aferré a su mano, el era todo para mí, lo amaba. —Yo también te amo —respondí. Entonces Ricardo me llevó a la tarima. Los músicos bajaron el volumen y los invitados nos miraron curiosos. Mi corazón se empezó a acelerar, quizás ya había llegado el momento. Ricardo respiró, se notaba nerviosa , lo sé porque empezó a sudar mucho y, frente a todos, tomó el micrófono. —Esta noche quiero hacer algo especial —dijo con una sonrisa—. Catalina… tú eres mi vida y no puedo vivir sin ti, Quiero compartir mi vida contigo ¿Quieres casarte conmigo? Me quedé paralizada, No esperaba esa propuesta aunque la habia deseado desde hace tiempo, escuché a la gente murmurar, emocionada. Mi madre sonreía, orgullosa. Mi padre apareció en el fondo del salón, tambaleando un poco, pero parecía aprobarlo. Miré a Ricardo. Él estaba feliz. De verdad se veía sincero, con su amor y sus sentimientos. Di un paso adelante y lo abracé fuerte. —Sí —susurré—. Sí quiero. Los invitados aplaudieron. Ricardo me besó emocionado. Sentí que todo era perfecto por unos segundos. Hasta que escuché un grito. —¡No! ¡No puedes casarte con él!Capítulo 75Narra Steve—No me digas mentiras —le dije a Ricardo, perdiendo la paciencia—. ¿Dónde está? Sé perfectamente que quieres conquistar a mi esposa pero tienes que meterte en la cabeza que ella ya no te quiere.—No lo sé —repitió—. Te juro que no llegó, pensé que estaba hablando contigo y no tengo por qué mentirte, para serte honesto me dejas preocupado porque como lo acabas de decir La amo y lo último que quiero es que le pase algo malo.Lo miré fijamente. Quería encontrar algo en su cara que me dijera que estaba mintiendo. Cualquier cosa pero no había nada, Ricardo estaba igual de sorprendido porque ella no había aparecido en la ceremonia de su padre. Incluso decidimos subir a su habitación para ver si él no lo había visto llegar, pero no estaba allí sencillamente Catalina no había llegado a la casa de sus padres ¿Entonces dónde estabas?Sentí un frío horrible recorriéndome la espalda Pensé en Larios, quizás se había aprovechado de la situación, me tenía vigilado y se dio c
Capítulo 72 Narra Steve—¿Qué está pasando? —preguntó Catalina sin dejar de mirarme, pude ver como sus ojos se iban llenando de lágrimas mientras miraba con los ojos abiertos a Renata.Renata reaccionó de inmediato. Agarra una bata de seda que había en el suelo y se la colocó para cubrir su desnudez, estaba tan nerviosa como yo.—Les daré un momento —dijo en voz baja antes de salir —Yo lo siento La puerta se cerró detrás de ella, y nos dejó a los dos en la habitación, no sabía cómo empezar a explicarle porque ni siquiera sabía que podía decirle para que me perdonara.—Esto tiene una explicación —le dije acercándome—. Catalina, yo…Necesito que me escuches.—Sí, Por supuesto que toda nuestra situación ahora tiene una explicación —me interrumpió—. Ahora entiendo lo del divorcio, si querías estar con otra mujer solamente tenías que pedírmelo y yo con gusto te hubiera firmado los papeles que necesitabas.Su voz no era fuerte, era peor Sonaba decepcionada, nunca me había mirado con esa f
Capítulo 73Narra SteveEsperé todo el día a que Renata volviera con noticias. Me lo prometí a mí mismo: aguantaría, haría lo que tuviera que hacer, pero no me iba a quebrar. No iba a perder a Catalina.Esperaba que si ella le explicara las razones por las que yo había pedido el divorcio, ella lo entendiera, ya habíamos pasado por una situación similar en el pasado y las cosas estaban bien entre nosotros.Cuando Renata por fin apareció, yo daba vueltas por el cuarto como un animal encerrado.—¿Y? —pregunté apenas la vi entrar—. ¿Qué dijo? ¿La viste?Renata dejó su bolso en la silla y cruzó los brazos.—La vi —respondió—. Y te voy a decir algo que no te va a gustar.Mi pecho se apretó.—Dímelo.—Catalina no entiende lo que pasó. Está en shock. —Me miró directo—. Lo mejor es que le des espacio. No te va a escuchar ahora. Está pasando por mucho, el divorcio, la muerte de su hermana, lo de Larios, la cárcel, su familia… no puede procesarlo todo al mismo tiempo.—No puedo darle “espacio” —
Capítulo 72Narra Steve—Nunca haría eso —le dije sin dejar de mirarlo seguro de mi decisión—. Nunca me divorciaría de ella. Voy a estar con Catalina contra todo. No me importa nada más y sé que los dos vamos a lograr vencer tu maldad.Larios sonrió, yo era un hombre de negocios y sabía que cuando un hombre tenía esa sonrisa era porque ya tenía todo perfectamente calculado, él sabía que tarde o temprano yo iba a terminar cediendo a sus disposiciones.—Solo necesito que hagas una llamada — me dijo mientras se acercaba cada vez más a mí —. En cuanto tenga la confirmación de que la demanda de divorcio está puesta, enviaré un video donde dejaría todos muy claro que ella sí nos sentí que deben dejarla libre, mueves tus influencias y lo envías a los medios y te juro que la policía no se volverá a meter con Catalina.Sentí rabia, asco de mi propia sangre, no podías creer que se sintiera tanto a pesar de que decía amarla con locura.—Estás enfermo, Aunque hagas todo esto nunca vas a tener el
Capítulo 71Narra SteveLlegué a casa desesperado, tenía que ayudarlo porque sabía que era una injusticia, Catalina tenía una moralidad muy alta como para meterse con un narcotraficante y sabía que si lo había hecho era solamente por defender a su padre que la había metido en este problema solamente por dinero.—¡Busca a los mejores abogados! —le grité a Diego apenas entré a casa —. No me importa cuánto cuesten. Quiero que la saquen de ahí, mi esposa está libre y no voy a permitir que pase tiempo en la cárcel cuando es inocente.Diego intentaba decir algo, pero yo no lo dejaba hablar, caminaba de lado a lado en medio de un ataque de ansiedad pensando en la manera de cómo podía ayudarla.—No puede quedarse en ese lugar ni un día más. ¿Entiendes? Ni un día.—Ya estoy moviendo todo, Necesito que te tranquilices y confíes en mí, Pero si te soy sincero todos los abogados de la ciudad están rechazando este caso —respondió—. La están señalando directamente, la policía quiere resultados sin n
Capítulo 70 No era verdad, no podía serlo, era una pésima broma o un intento absurdo de manipulación que no pensaba tolerar.—Eso es mentira —dije de inmediato—. No puede ser verdad. Steve no me pediría el divorcio, él me ama y sé que me va a apoyar en todo este proceso.Ricardo no discutió. No levantó la voz, y eso me asustó porque solamente cuando se portaba solemne era porque tenía la razón. Solo abrió la carpeta que llevaba y sacó unos papeles. Los puso frente a mí con cuidado, casi haciendo un espectáculo para demostrar que tenía la razón.—Diego me buscó esta mañana para empezar el trámite —explicó—. Esta es la demanda de divorcio, Steve está dispuesto a darte la mitad de su fortuna Pero quiere que firmes.Miré las hojas sin entender nada lo que estaba pasando. Luego empecé a reconocer su firma, entender que en aquella demanda estaba mi nombre. El de Steve. La palabra “divorcio” repetida varias veces. Sentí que algo se rompía dentro de mí.—No… —susurré negando con la cabeza m
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