Mundo ficciónIniciar sesiónValeria Montes pensaba que ya había tocado fondo. Con las deudas consumiéndola, una universidad a punto de expulsarla y una madre cuya vida depende de un costoso tratamiento, aceptar aquella misteriosa reunión parecía un error desesperado… hasta que conoció a Sebastián Morelli. Frío. Poderoso. Inalcanzable. El hombre más temido del mundo empresarial le ofrece algo que parece imposible: dinero suficiente para salvar a su madre y cambiar su vida a cambio de convertirse en su esposa durante un año. No habrá amor. No habrá promesas. Solo un contrato con reglas estrictas que ninguno de los dos deberá romper. Pero detrás de la mirada calculadora de Sebastián se esconden secretos capaces de destruirlo todo, y mientras Valeria intenta no perderse en un mundo de lujo, mentiras y apariencias, descubre que el mayor peligro no es el contrato… sino enamorarse del hombre que juró jamás entregar su corazón. Porque una simple firma puede cambiar una vida… pero el amor puede cambiar el destino.
Leer másEl despertador sonó por tercera vez, pero Valeria ya estaba despierta, no había dormido bien.
-Un día mas-susurro para sí misma. Pero no era un día más, era un día en el que todo podría cambiar. En la mesa de la cocina había tres sobres abiertos, uno de la universidad uno del banco y uno del hospital. -No puedo seguir asi-susurro. Su teléfono vibró, era un mensaje de la universidad.Cerró los ojos. -Necesito trabajo...o algo-Penso. Pero ya trabajaba y lo que ganaba no le alcanzaba para nada. Su teléfono volvió a sonar(número desconocido) -¿Si?-Respondio. -Señorita Montes-Una voz masculina-Necesito verla hoy -¿Quién es? -Alguien que puede resolver sus problemas,si usted está dispuesta. Fruncio el seño. -No tengo tiempo para bromas. -No es una broma, café aurora 4pm,sea puntual. Y colgaron. La lluvia caía con fuerza sobre la ciudad, golpeando los techos como si el cielo estuviera advirtiendo algo. Apretó la correa de su bolso mientras miraba el café frente a ella sus manos estaban frías,pero no por el clima, era por los nervios. El café estaba vacío,Valeria llegó 10 minutos antes.El ambiente era elegante, demasiado elegante para ella. -No debería estar aquí. La universidad estaba a punto de despedirla,las facturas se acumulaban y su madre necesitaba tratamiento urgente, aún así había aceptado venir. El sonido de la campanilla de la puerta la hizo levantar la mirada. El entró. No caminaba como las demás personas,dominaba el lugar sin esfuerzo. Traje negro, perfectamente ajustado, zapatos impecables,mirada fría y calculadora. Sebastián Morelli, el hombre del que todos hablaban en los negocios pero nadie lo conocía de realmente. Se sentó frente a ella sin pedir permiso. -Valeria Montes-dijo el como si ya la hubiera estudiado antes. Ella trago saliva. -Usted... dijo que era urgente. -Lo es. Él coloco una carpeta negra sobre la mesa. Ella no lo toco. -No entiendo por qué estoy aqui. Sebastián la observó, no era una mirada curiosa... era una evaluación. -Porque necesito una esposa. -¿Perdon?-parpadea confundida. -No amor, no romance,no sentimientos- aclaró- un contrato. -¿Está hablando en serio? Apenas nos conocemos-solto una risa nerviosa. -No necesito conocerte, necesito tu perfil. -¿Mi perfil? El abrió la carpeta. -Tuu situación económica, tu historia tu entorno familiar, eres perfecta. -Eso suena invasivo. -Es eficiente. -¿Yqué gano yo con esto? Sebastián a miró directamente por primera vez. -Dinero, seguridad y solución a tus problemas. -¿Y usted?. Sebastián la sostuvo con la mirada unos segundos antes de responder. —Estabilidad. Una esposa ante el mundo. Una imagen impecable para mi empresa... y que todos dejen de hacer preguntas sobre mi vida privada. -¿Estás loco? -No. -Esto no es normal-dijo ella. Sebastián apoyó las manos sobre la mesa y deslizó el documento hacia ella,sus dedos temblaban. Si lo rechazaba todo se venía abajo y si lo aceptaba no sabía en que se estaba metiendo . -¿Por qué yo?. -Porque no estás aquí por interés estás por necesidad. Valeria quedó en silencio. Bajó la mirada hacia el contrato y comenzó a leer. Duración: Un año. Condición: Convivencia pública. Acuerdo: Confidencial. Frunció el ceño. ¿Y al final de esto que pasará? -Se termina. Todo quedó en silencio. -Esto es una locura. Y firmó. El se levantó. -No,es un comienzo. Valeria se quedó sola en la mesa y por primera vez sintió miedo real porque algo en su interior decía que no había regreso.El automóvil se detuvo frente a la entrada principal de la mansión Morelli. Apenas el motor se apagó, Valeria descendió con rapidez y rodeó el vehículo para ayudar a su madre. Aunque Elena ya había recibido el alta médica, todavía debía evitar esfuerzos.—Con cuidado, mamá.—Hija, si sigues tratándome así, voy a terminar creyendo que soy una anciana —bromeó Elena con una sonrisa.—El médico fue muy claro. Necesitas descansar y dejar que tu cuerpo termine de recuperarse.Elena no discutió. Aceptó el brazo de su hija y juntas caminaron hacia la puerta principal.Antes de que pudieran tocar el timbre, la puerta se abrió.Clara, el ama de llaves, las recibió con la misma serenidad y amabilidad de siempre.—Señora Valeria, bienvenida. Qué alegría volver a verla.Valeria respondió con una cálida sonrisa.—Gracias, Clara.La mujer dirigió entonces su atención a Elena.—Usted debe ser la señora Elena Montes. Es un verdadero gusto conocerla. Espero que se sienta muy cómoda en esta casa.Elena
El automóvil se detuvo frente a la entrada principal de la mansión cuando el reloj marcaba las cinco y media de la tarde.Valeria respiró profundamente antes de bajar. Había sido un día agotador entre clases, proyectos y una larga conversación con Camila, quien insistía en que debía dejar de preocuparse tanto por el futuro.Era más fácil decirlo que hacerlo.Desde que había firmado aquel contrato, su vida parecía avanzar a una velocidad que apenas podía seguir.Apenas cruzó la puerta, Clara apareció con su habitual sonrisa.—Buenas tardes, señora Valeria.—Buenas tardes, Clara.—¿Cómo estuvo la universidad?—Muy bien. Ya empezaron a dejarnos trabajos y proyectos.—Eso significa que volverá a desvelarse estudiando.Valeria soltó una pequeña risa.—Creo que eso nunca cambiará.Mientras hablaban, el sonido de otro automóvil llamó su atención.Instantes después, Sebastián entró en la casa.Llevaba la chaqueta doblada sobre un brazo y aflojaba el nudo de la corbata con la otra mano. Su exp
El sonido del despertador rompió el silencio de la habitación. Valeria abrió lentamente los ojos y permaneció unos segundos inmóvil, observando el techo blanco. Todavía había mañanas en las que olvidaba dónde estaba. Solo cuando giraba la cabeza y veía la elegante decoración de aquella enorme habitación recordaba que ya no vivía en el pequeño apartamento junto a su madre. Vivía en la mansión Morelli. Respiró profundamente antes de levantarse. Se dirigió al baño, se arregló con rapidez y eligió un conjunto sencillo: un pantalón beige, una blusa blanca de mangas largas y unos zapatos bajos. Aunque ahora podía vestir ropa mucho más costosa, seguía sintiéndose cómoda con la sencillez. Cuando bajó las escaleras, el aroma del café recién preparado inundaba el comedor. Clara terminaba de organizar la mesa. Al verla aparecer, sonrió con la misma calidez de siempre. —Buenos días, señora Valeria. Aquella forma de llamarla seguía haciéndola sentir extraña. —Buenos días, Clara. —Le pr
El sonido tenue de la lluvia golpeando los ventanales despertó a Valeria antes de que sonara la alarma. Abrió los ojos lentamente y permaneció inmóvil unos segundos, intentando recordar dónde estaba.La enorme habitación, decorada con tonos claros y muebles de madera fina, seguía pareciéndole la habitación de otra persona. Solo cuando giró la cabeza hacia el reloj sobre la mesa de noche comprendió que no estaba soñando. La mansión Morelli.Su nuevo hogar... al menos durante un año. Se incorporó despacio y miró instintivamente hacia el otro extremo de la habitación. La otra cama estaba perfectamente tendida. Sebastián ya no estaba.Aquello la tranquilizó más de lo que estaba dispuesta a admitir. Desde el primer día él había cumplido cada una de las cláusulas del contrato. Nunca había invadido su espacio, nunca había intentado acercarse más de lo debido y jamás había hecho un comentario que pudiera incomodarla.Era extraño.Antes de conocerlo, estaba convencida de que un hombre c





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