Hasta que el contrato nos separe: casada con el enemigo

Hasta que el contrato nos separe: casada con el enemigo ES

Romance
Última actualización: 2026-02-28
Ro Mariam  En proceso
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Resumen
Índice

Cuando el jefe de la familia Blackwell fallece, todo cambia para Sebastián. Para poder heredar el control absoluto de la empresa familiar, su abuelo dejó una cláusula inesperada en el testamento: debe casarse con Isabella y tiene seis meses para lograrlo. Isabella Hayes es una mujer que llego a familia Blackwell solo para causar problemas y que de un día para otro simplemente desapareció, o eso piensa Sebastián. Ahora, con el tiempo en contra Sebastián emprende una búsqueda por Isabella. Ella será su esposa. Quiera o no.

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Capítulo 1

El testamento

POV Sebastián

En silencio espero a que el abogado empiece la lectura del testamento de mi abuelo.

A mi alrededor todos están en silencio, algunos tristes, otros resignados.

- A continuación procederé con la lectura del testamento del señor Julián Blackwell – dice el abogado de mi abuelo con voz plana, neutra – el testamento se encuentra debidamente firmado y notariado como la ley lo específica.

Escucho como lee las primeras páginas. Nada me sorprende.

Las propiedades, las acciones, las cuentas, inclusive las donaciones. Todo es como pensé, mi abuelo era muy predecible.

Hasta que llega a la última página.

- En cuanto al control absoluto del grupo empresarial – se aclara la garganta – el heredero establecido por el señor Julián Blackwell – hace una ligera pausa y yo me pongo de pie – Sebastián Blackwell – lo sabía – deberá cumplir con la siguiente cláusula obligatoria.

¿Cláusula?

A mí alrededor todos levantan la mirada con interés.

- ¿Qué cláusula? – pregunto con impaciencia. El hombre que no ha dejado de leer desde que llegó de pronto se queda en silencio y eso me irrita.

El control de la empresa familiar es mío, no dejaré que ninguna cláusula impuesta por mi abuelo me lo arrebate.

El abogado, quien es un viejo amigo de mi abuelo no se deja intimidar y continúa con la vista en la pila de hojas que componen el testamento del viejo.

- Continuo – se aclara la garganta – para asumir el control de las acciones establecidas y el poder de la junta directiva deberá contraer matrimonio civil con la señorita…

¡¿Qué?!

¿Qué disparate es este?

¿Cómo se atrevió a…?

A mí alrededor todo se vuelve un caos.

Mi madre se pone de pie y empiezan a exigir explicaciones pero yo solo puedo pensar en ese nombre.

Yo…

¿Casándome con ella?

- ¡Silencio! ¡Silencio! – pide el abogado molesto por la interrupción – tendrá que mantener la calma o tendré que volver otro día – amenaza.

Todos sabemos que él es capaz de hacerlo y a regaña dientes mi madre se detiene.

- Continúa – pido con fingida calma volviendo a sentarme en mi asiento.

Nada que tenga que ver con esa mujer resulta en algo bueno.

- Para asumir el control de las acciones establecidas y el poder de la junta directiva deberá contraer matrimonio civil con la señorita Isabella Hayes – repite sin ningún tipo de sorpresa. El abogado sabía muy bien que se tramaba el viejo.

Esto es una locura.

Si cualquiera de nosotros hubiese sabido que mi abuelo estaba planeando esto lo hubiésemos detenido.

- Dicho matrimonio deberá mantenerse vigente por un periodo no menor a un año completo. El incumplimiento de esta cláusula invalidará la transferencia total del control corporativo.

En silencio observo al abogado que ahora también me observa a mí.

¿Un año?

¿Tengo que casarme con Isabella y estar con ella un año entero?

Incrédulo suelto una risa seca.

El viejo se volvió loco.

Además…

- ¿Hay más? – pregunto sin ocultar mi irritación.

Incómodo me suelto un poco la corbata.

Siento que está apretando demasiado.

- Dicho matrimonio tendrá que llevarse a cabo dentro de un periodo no mayor a seis meses desde la lectura del testamento.

¿Seis meses?

¿Tengo seis meses para casarme con esta mujer?

- Pero… pero no sabemos dónde está – escucho como mi madre se queja.

El abogado parece no escucharla y solo me observa a mí.

- De no ser cumplido lo establecido en la cláusula tú participación en la junta directiva se reducirá a solo un accionista minoritario sin poder ejecutivo con un total de… - ¡Esto es ridículo!

Incrédulo escucho las condiciones.

Para cuando el abogado termina todo es un caos a mi alrededor.

- ¡Podemos impugnar! – escucho a mi madre gritar – diremos que mi padre estaba senil. Si, eso diremos.

Aunque mi madre parece creer que es una buena idea yo sé que eso no funcionará.

Julián Blackwell era un hombre terco y muy inteligente.

- Seis meses – masculló en voz baja.

Mi abuelo, quien falleció hace una semana ha dispuesto que yo me casé con esa mujer, no que tenga que mantener una relación cordial con ella.

Sin perder tiempo salgo del despacho de mi abuelo.

El griterío es insoportable. Todos parecen animales.

Una vez afuera no pierdo más tiempo.

- ¿Señor Blackwell? – dice mi asistente al segundo tono.

- Necesito que la ubiques.

- ¿A quien señor?

- Isabella Hayes – digo su nombre con desprecio – ubica a Isabella Hayes, quiero saber dónde está. Tienes una semana.

- Entiendo señor Blackwell, ¿Algo más que…?

A pesar de que contratamos a los mejores detectives privados del país nos tomó cinco meses enteros ubicar a Isabella.

Cinco meses.

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