El automóvil se detuvo frente a la entrada principal de la mansión cuando el reloj marcaba las cinco y media de la tarde.
Valeria respiró profundamente antes de bajar. Había sido un día agotador entre clases, proyectos y una larga conversación con Camila, quien insistía en que debía dejar de preocuparse tanto por el futuro.
Era más fácil decirlo que hacerlo.
Desde que había firmado aquel contrato, su vida parecía avanzar a una velocidad que apenas podía seguir.
Apenas cruzó la puerta, Clara apa