Capítulo:8

El salón quedó envuelto en un silencio incómodo.

Los ojos de Victoria De Luca permanecían fijos en Valeria, mientras la copa de vino rota a sus pies era retirada discretamente por uno de los meseros.

Su elegante sonrisa regresó a su rostro como si nada hubiera ocurrido.Con pasos lentos y seguros, caminó hacia ellos.

—Sebastián... —saludó con una naturalidad que sorprendió a Valeria—. Hace tiempo que no nos veíamos.

Él respondió con la misma serenidad.

—Victoria.

Ella desvió la mirada hacia Valeria.

La observó de arriba abajo con discreción, aunque sin ocultar el juicio en sus ojos..

—No sabía que te habías casado.

—Fue una decisión personal —contestó Sebastián.

Victoria sonrió.

—Veo que sí.

Valeria sintió un ligero nudo en el estómago. No conocía a aquella mujer, pero había algo en su forma de hablar que la hacía sentir fuera de lugar.

Antes de que pudiera decir algo, un hombre de cabello gris y porte elegante se acercó al grupo.

—Sebastián.

El empresario giró de inmediato.

—Padre.

Valeria entendió enseguida quién era.

Sebastián dio un paso hacia ellla

—Valeria, quiero presentarte a mi padre.

Alessandro Morelli.

Ella extendió la mano con respeto.

—Es un gusto conocerlo, señor Morelli.

Alessandro estrechó su mano con firmeza.

Durante unos segundos la observó en silencio.

Valeria sintió que aquel hombre parecía capaz de leer a las personas con una sola mirada.

Finalmente, él habló.

—Bienvenida a la familia.

Aquellas palabras la sorprendieron.

No esperaba una bienvenida tan directa.

—Gracias.

Victoria apretó la mandíbula con discreción.

Aquella escena no estaba saliendo como había imaginado.

Durante años había acompañado a Alessandro en reuniones familiares y eventos importantes. Siempre creyó que, tarde o temprano, él la aceptaría como la esposa de Sebastián.

Ahora otra mujer ocupaba ese lugar.

Y nadie parecía cuestionarlo.

Minutos después, la cena continuó entre conversaciones de negocios y obras benéficas.

Valeria permanecía sentada junto a Sebastián, intentando seguir el protocolo sin llamar demasiado la atención.

De vez en cuando él se inclinaba ligeramente para explicarle quién era alguna de las personas que se acercaban a saludarlos.

—El señor Gutiérrez. Constructor.

—La señora Bianchi. Presidenta de una fundación.

—Ellos son socios de la empresa.

Valeria escuchaba con atención.

Todo aquel mundo era completamente nuevo para ella.

En un momento, mientras Sebastián conversaba con un empresario, Victoria aprovechó para acercarse.

—¿Cómo se conocieron? —preguntó con aparente curiosidad.

Valeria sonrió con educación.

—Fue...

Recordó inmediatamente la cláusula de confidencialidad.

—...una historia inesperada.

Victoria soltó una leve risa.

—Supongo que sí. Sebastián nunca fue un hombre impulsivo.

Antes de que Valeria pudiera responder, Sebastián regresó a su lado.

—¿Todo bien?

—Perfectamente —respondió Victoria sin perder la sonrisa—. Solo estaba conociendo un poco mejor a tu esposa.

—Ya habrá tiempo para eso.

El tono de Sebastián seguía siendo educado, pero dejaba claro que la conversación había terminado.

Victoria entendió el mensaje.

Tomó una copa de champán de la bandeja de un mesero y se alejó.

Sin embargo, antes de desaparecer entre los invitados, volvió la vista hacia Valeria.

Aquella mirada no era de simple curiosidad.

Era una promesa silenciosa.

La gala terminó cerca de la medianoche.

Cuando el automóvil abandonó el hotel, Valeria rompió el silencio.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Sebastián seguía mirando por la ventana.

—Sí.

—¿Quién es Victoria?

Él tardó unos segundos en responder.

—Alguien que conoce a mi familia desde hace muchos años.

—Parecía molesta.

—No le agradan los cambios.

Valeria frunció ligeramente el ceño.

Sentía que había algo más.

Pero comprendió que insistir no serviría de nada.

Sebastián era un hombre que hablaba poco... y ocultaba mucho.

A varios kilómetros de allí, Victoria entró en su lujoso apartamento sin siquiera encender las luces.

Se quitó los tacones con impaciencia y dejó el bolso sobre el sofá.

Tomó su teléfono.

—Necesito un favor.

La voz al otro lado respondió de inmediato.

—Dígame, señorita De Luca.

Victoria caminó hasta el ventanal que daba a la ciudad.

—Quiero un informe completo sobre una mujer.

—Nombre.

Victoria apretó el teléfono con fuerza.

—Valeria Montes.

Hizo una breve pausa antes de añadir:

—Quiero saber quién es... de dónde viene... quién es su familia... qué estudia... cuáles son sus debilidades.

Porque si esa mujer había conseguido entrar en la vida de Sebastián Morelli...

La encontraría la forma de sacarla.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App