El sonido del despertador rompió el silencio de la habitación.
Valeria abrió lentamente los ojos y permaneció unos segundos inmóvil, observando el techo blanco. Todavía había mañanas en las que olvidaba dónde estaba. Solo cuando giraba la cabeza y veía la elegante decoración de aquella enorme habitación recordaba que ya no vivía en el pequeño apartamento junto a su madre.
Vivía en la mansión Morelli.
Respiró profundamente antes de levantarse.
Se dirigió al baño, se arregló con rapidez y el