Mundo ficciónIniciar sesiónÁngela nunca ha sido una chica que llame la atención. Silenciosa, tímida y amante de los libros, lleva una vida tranquila entre sus estudios y sus pensamientos. Pero todo cambia la noche en que sus ojos se cruzan con los de Lucien Ravenmort, un hombre de mirada impasible, tan atractivo como inquietante, que parece sacado de otra época… y de sus peores —o mejores— pesadillas. Lucien ha vivido siglos alimentándose del deseo y la sangre de los humanos. Jamás ha dudado, jamás ha sentido culpa. Hasta que la conoce a ella. Por alguna razón que no puede entender, Ángela despierta en él algo que no es hambre, sino necesidad. Y por primera vez, el cazador no quiere morder… quiere descubrir sus más profundos secretos. Pero para un vampiro, amar a otro ser que no sea de los suyos es casi como un delito. Convertir a una humana, un sacrilegio. Pero resistirse a su sed, es una condena lenta y dolorosa. Cuando Lucien descubre que su deseo por Ángela puede aplacarse no con sangre, sino con un tipo diferente de vínculo —uno que roza lo prohibido y lo carnal—, se desata un deseo peligroso que los arrastrará a ambos a un mundo de secretos, clanes en guerra, y pasiones que podrían ser su salvación… o su perdición.
Leer másMi madre asintió con la cabeza, con un gesto de tristeza. —Creí que había peligro —dijo—. El resto lo fui llenando yo sola con suposiciones. —Se frotó las manos sobre la mesa, un gesto involuntario—. Esa fue la primera mudanza. Dejamos el departamento. Nos fuimos a otra ciudad. Noem eligió el lugar, eligió el apartamento, eligió la ruta. Todo muy eficiente. Todo muy calculado. Y yo lo seguí porque lo amaba y porque tenía miedo y porque en ese momento no tenía ninguna razón concreta para no hacerlo. —¿Cuántas veces se mudaron? —Tres, en menos de un año. —Lo dijo con el cansancio de quien lo recuerda físicamente—. Y cada vez la explicación era la misma: alguien lo buscaba. Había que moverse. Había que no dejar rastro. —Levantó la vista—. Pero nunca quién. Nunca por qué. Nunca la verdad completa. —Una noche me levanté y no pude dormir —dijo—. Llevabas pocos meses en mi vientre pero ya eras suficientemente real como para que todo lo que hacía lo hiciera pensando en ti. Y el miedo q
—No sé explicar bien lo que fue ese primer momento —continuó mi madre, con la voz más suave—. No fue como si me enamorara al instante. Se sintió como… reconocer a alguien que no sabías que estabas buscando. Una sensación extraña, incómoda, como cuando tienes una palabra en la punta de la lengua y de repente aparece. —¿Y qué era lo que buscaba él, exactamente? —pregunté. Shannia tomó la taza entre sus manos. —Eso tardé en entenderlo —dijo—. Al principio no me lo dijo. Me dio una versión vaga, algo sobre investigación histórica independiente, que resultó suficiente para que no lo echara del sitio, porque su conocimiento de los símbolos era genuino. No era un curioso ni un saqueador. Sabía cosas que ningún académico convencional sabría. —Porque no era un académico convencional. —No. Pero eso lo descubrí después. —Apoyó la taza—. En esos primeros días simplemente lo dejé quedarse. Porque resultaba útil. Porque identificó tres símbolos que yo no había podido descifrar en meses. Y porq
La luz de la cocina seguía encendida.La vi desde la calle, antes de siquiera abrir la puerta. Ese rectángulo amarillo en la ventana, recortado, que significaba que mi madre estaba despierta. Esperando.Entré despacio.Shannia estaba sentada a la mesa de la cocina, con las manos alrededor de una taza que ya debía estar fría. No estaba leyendo. No estaba haciendo nada. Solo estaba sentada, con la postura de alguien que lleva horas diciéndose que debería moverse y no puede.Cuando escuchó mis pasos, levantó la vista.—¿Cómo estuvo? —preguntó, con una voz que intentaba sonar tranquila y no lo lograba del todo.—Largo —dije.Me senté frente a ella. Orión apareció de la nada, como siempre, y saltó a la silla de al lado. Se enroscó, me miró una vez, y cerró los ojos. Como si dijera: ya sé todo lo que pasó. No necesito el resumen.Mi madre y yo nos miramos durante un momento sin decir nada.—Lo siento —dijo ella, finalmente.No era una disculpa genérica. Lo dijo con el tono de quien lleva mu
—Lucien es mi nieto —dijo, y por primera vez desde que había llegado, algo en su voz se quebró levemente—. Ese joven tenía talento natural. Una combinación de frialdad y precisión que lo hacía peligroso desde el principio. Ferelis lo vio y lo adoptó, no solo como pupilo sino como lo más cercano a un hijo que un vampiro como él podía tener. Le enseñó todo lo que sabía. Le transmitió no solo las técnicas sino la convicción. El propósito. Tomó el té, aunque ya debía estar frío. —Entonces Vael apareció. Habían pasado décadas desde que los Fatuum Noctis comenzaron a operar —continuó Elyon—. Habían eliminado a casi todos los Ysan conocidos. Solo quedaba Noem, quien se había ocultado con una habilidad extraordinaria. Pero ambos Vael y Nyxthelia que llevaban siglos escondidos juntos, decidieron salir a buscarlo. —¿Para protegerlo? —No lo sé. Nunca supe con certeza qué quería Vael. Quizás protegerlo. Quizás simplemente verlo. —Hizo una pausa—. El caso es que su aparición alertó a todos los
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