Corrí a buscar a Lucien. Lo necesitaba. Por más que quisiera mantenerlo lejos, era el único que podía ayudarme.
Y lo hizo.
Aún no sé si por mí, o por lo que soy.
Pero entonces llegó.
—¿Hacia dónde se fueron? —preguntó mientras sus ojos se encendían en un rojo incandescente.
Le señalé la ruta mientras subíamos a su auto.
En un callejón, el gritó de Andy retumbaba en mis oídos cuando la sombra del primer Heka saltó sobre Lucien con una velocidad abismal. No era un movimiento humano, era una