Mundo de ficçãoIniciar sessãoEn la lujosa fiesta de cumpleaños de su hermana, Olivia, una Omega de clase alta, queda flechada al conocer a Alejandro, un apuesto Alfa que trabaja como mesero en el hotel de sus padres. Alejandro, sin poder distinguir la verdadera identidad de Olivia, la trata como a una empleada más. Intrigada por el carisma y la sinceridad de Alejandro, Olivia decide seguirle la corriente, deseando conocer más sobre él. Sin embargo, su ilusión se desmorona cuando descubre que Alejandro guarda un profundo resentimiento hacia las personas adineradas. Este odio, nacido de experiencias dolorosas, hace que Alejandro desprecie a los ricos con todas sus fuerzas. Temiendo perder la oportunidad de estar con él, Olivia opta por ocultar su verdadera identidad y comienzan una relación. A medida que su amor florece, Olivia se enfrenta a un dilema cada vez más complicado. La razón detrás del odio de Alejandro se revela, haciendo aún más difícil para Olivia confesarle que ella pertenece a la clase social que él tanto desprecia. Con su corazón dividido entre el amor y la verdad, Olivia debe decidir si revelará su secreto, arriesgando su relación, o continuará viviendo en la sombra de una mentira que amenaza con destruirlo todo.
Ler maisLa puerta de la cabaña fue abierta de golpe con gran entusiasmo. Un pequeño cachorro rubio de dos años entró igual que un tornado, con la misma energía y velocidad.—¡Abuelita Jones! —El pequeño Dylan no pudo contenerse y se dejó llevar por sus pequeños pies hacia la cocina.— ¡Vine por todos tus postrecitos! ¡Abuelitaaaaa!El cachorro desapareció en la cocina mientras sus padres iban entrando con más calma.—Creo que está feliz.—Al menos uno de mis bebés la pasa bien aquí. —Alejandro rodeó la cintura de su omega y le dio un beso al sentir que estaba tensa.— Te amo.—No empieces, Alejandro.—¿Yo qué estoy haciendo?—Esa es tu cara de "por favor, no digas nada cuando los abuelos lo consientan". —Olivia lo miró con acusación. —Te conozco.—En primer lugar, no sabía que tenía una expresión para eso. —Alejandro le dio un toquecito en la nariz. —Y en segundo, mis padres aman a Dylan y ese es el rol de los abuelos, consentir. No podemos hacer nada al respecto.—Dylan tiene una rutina en cas
Algún día en el futuro...Un alfa bastante molesto miró con seriedad al pequeño cachorro rubio de cinco años frente a él.—No lo volveré a decir, es hora de tus lecciones. Obedece.El cachorro hizo un puchero y empezó a pisotear el suelo con sus piecitos enfundados en zapatos a la medida que el abuelo Moor le había mandado a hacer.—¿Por qué tengo que aprender a rastrear conejitos en el bosque, Papá? ¡No somos salvajes! ¡Además, no los voy a matar! ¡Eso es horripiloso, papá! ¿Acaso no sabes lo adorables que son? ¡Ellos son mis amigos!—El pequeño Dylan terminó su discurso con los brazos cruzados, un puchero y el ceño fruncido.Alejandro se agachó y puso su cabeza entre sus manos. Llevaban dos horas con la misma discusión. Frente a él estaba una versión en miniatura de su omega. Vestido con pequeños pantalones negros, una mini chaqueta verde que le quedaba enorme, gafas Gucci y unos adorables zapatitos que el abuelo Moor le había regalado, su hijo era la viva imagen de Olivia. Ambos rub
Algún tiempo en el futuro...Cuando atravesó la puerta de la cafetería e hizo sonar la campanilla, todas las miradas se dirigieron a la apuesto alfa de abrigo negro que había entrado. El cabello castaño y la sonrisa de dientes brillantes hicieron suspirar a más de una omega. Pero solo una era la afortunada que acaparó su atención. El alfa no se molestó en quitarse el abrigo, solo se dirigió emocionado hasta una conocida mesa de la esquina en donde una omega rubia estaba acomodando sus bolsas de compras.—¡Olivia!—El alfa tomó el pequeño rostro de Olivia entre sus manos y le dio un beso ansioso. Suspiró al sentir el sabor dulce de sus labios.—Te extrañé.Olivia se levantó para abrazarlo.—¡Ya estás en casa!—Sí, amor.—Alejandro tuvo cuidado de no presionar mucho la barriguita de su omega.—¿Cómo están? ¿Has tenido molestias?—Nada fuera de lo normal. Náuseas y dolor de cabeza. Pero estaba a punto de desesperarme, anoche casi no pude dormir porque el olor en tu almohada se está desvaneci
Olivia no se perdió la enorme sonrisa de su alfa al ser llamado por el apellido de su padre. Sin lugar a dudas en este lugar estaba en casa. Y minutos después estaban de nuevo aparcando frente a la cabaña de los Jones. Las luces estaban encendidas y la casa tenía ese aire a hogar que Olivia sintió la primera vez que estuvo allí.El corazón se le aceleró cuando vio que la madre de Alejandro abrió la puerta. Seguía siendo una omega hermosa. Su cabello negro enmarcaba sus delicados rasgos y sus delgados brazos se aferraban al chal que tenía puesto.—Todo estará bien.Olivia se dejó besar por su alfa y aspiró su esencia, tranquilizándose.—¿Estás lista, Olivia?—Sí, pero nunca sueltes mi mano.—Eso jamás.Poco a poco, hicieron el recorrido hacia la entrada hasta que estuvieron frente a la puerta. Ahora que estaban tan cerca, Olivia pudo ver que la señora Jones tenía los ojos hinchados y la nariz roja. Pero Olivia no podía decir si había llorado de cólera o por tristeza.El señor Jones apa
—¿Y lograste todo esto en tres años?—Es poco a comparación de todo lo que hace falta. Pero mi gente ya no vivirá aislada de lo que sucede en el mundo, como nos pasó a nosotros.Olivia estiró su mano y acarició la mejilla de su alfa. Otra cosa, entre las muchas que hacían que amara a Alejandro, era que su alfa no era el prototipo de alfa de alta sociedad, aquel que se dedica a cuidar de sus empresas e inversiones para mantener un estatus social. Alejandro era parte de una gran corporación ahora, y en su mente estaba que el dinero no te hace mejor persona, sino lo que haces y a quiénes ayudas con él. Sin lugar a dudas, supo escoger muy bien a su alfa.—¿Alejandro?Alejandro había tomado su mano y depositado un beso en ella.—¿Mmm?—Estoy orgullosa de ti.—Olivia se estiró para darle un beso en la mejilla.— Siempre lo he estado.Detrás de esas palabras había mucho sufrimiento, anhelos y felicidad implícitos. Olivia estaba orgullosa de aquel pequeño alfa que supo cómo ser fuerte y estar j
—¡Espera, aún faltan estas, Alejandro!Olivia venía arrastrando un pequeño bolso y una enorme maleta.—Ya acomodé tres de tus maletas en el auto.—El alfa frunció el ceño.—¿Qué más piensas llevar? Solo estaremos allá tres días. Bueno, cuatro, si cuentas el día en auto.Olivia agrandó los ojos.—¿Cuatro días?—¿Quieres dejar algunas cosas...?—Alejandro fue interrumpido.—¡Por qué no me lo dijiste antes!—Abrió la boca, indignada.—¡Voy a necesitar otra maleta!Alejandro cerró los ojos y se masajeó la sien cuando Olivia subió de nuevo al apartamento en busca de solo la luna sabía qué más.Sí, algunas cosas, nunca cambiarían. Si este viaje se parecía al anterior, sería muuuuuy largo.Olivia bajó media hora después con otra maleta; era más pequeña de lo que el alfa estaba esperando.—¿Olivia?—¿Sí?—Te amo.Olivia sonrió.—Y yo a ti.—Le dio un beso.—Pero apresúrate a acomodar mi maleta, se nos hizo tarde.—Y no imagino por qué.—Murmuró el alfa entre dientes.Olivia se giró en su dirección co
Último capítulo